Ángela Serna

Nació en Salamanca. La emigración de los 70 la llevó al País Vasco, a Vitoria-Gasteiz, donde reside desde entonces, habiendo realizado alguna escala en Valladolid y en Francia. Ella se declara ciudadana del mundo (del grande y del pequeño) pues lo mismo se instala en Chalon-sur-Saône que en la mesa de un Bar o en el rincón de un poema. Publicó su primer libro, Del otro lado del espejo, tras ser finalista de un certamen de poesía en la ciudad de Benicarló. Siguieron Fases de Tumiluna;  Vecindades del aire; Luego será mañana (en otra habitación), reeditado en  euskera-castellano-francés; De eternidad en eternidad; Trampantojo (en colaboración con el artista Juan López de Ael); PASOS- el sueño de la piedra (en euskera y castellano); Definitivamente polvo; La desmesura del círculo (en francés y castellano, en colaboración con el artista plástico Claude Abad y el diseñador José Julio Arregui ; Solitudine; Máscaras para no enloquecer, y algún otro. También, algunos poemarios de poesía visual y el ensayo La poesía no muerde. Entre sus mayores logros está la edición, dirección y diseño de la revista Texturas.- nuevas dimensiones del texto y de la imagen (1989-2005), así como la organización de Congresos y Seminarios sobre Poesía (escritura creativa, lenguajes artísticos intermedios, mujeres poetas...), exposiciones sobre poesía visual, y la “Cita con la poesía” que se celebra desde hace unos 14 años en la Casa de Cultura de Vitoria-Gasteiz.

Ha participado en los prestigiosos festivales Voix de la Métiterrannée (Francia), Festival de poesía del Moncayo (España), Rencontres du Sud (Francia), Voci del Mediterraneo (Italia), Agosto clandestino (España), etc. y sus poemas aparecen en diversas antologías y revistas nacionales e internacionales. Algunos han sido traducidos al francés, al italiano, al rumano y al euskera… Ha sido Jurado de premios como el Ernestina de Champourcin de poesía o el Premio Euskadi de literatura. Actualmente se dedica a llevar la poesía (propia y apropiada) por pueblos y ciudades.

prologo de Angel Guinda, al poemario de Ángela Serna Máscaras para no enloquecer

Nuno Júdice, en Las máscaras del poema, afirma que escribir poesía en el mundo actual es un modo de conservar lo que, día a día, vamos perdiendo: el ser en el tiempo, la identidad del yo en la disolución del sujeto devorado por el movimiento del mundo.

El chispazo de la creación poética es la inspiración. La inspiración se manifiesta gracias a las vivencias y cultura acumuladas. El motor de tal inspiración no es otra cosa que lo referencial temático, estilístico.

Hay quien lee por entretenimiento, de manera superficial: vistazo estéril. Hay quien lee en profundidad, con trascendencia, archivando lo leído: indagación fértil que enriquece al conocimiento, afianza entendimiento, libertad y bondad de quien  leyó.

Ángela Serna, para conmovernos, se mueve “entre un yo, un tú y un nosotros.” Asume visceralmente que escribe como vive, también como lee. No se conforma con que la vida le roce. Ella se deja atravesar por la vida. No lee humo sino fuego. Razones por las que en sus Máscaras para no enloquecer encontramos tanta sustancia, tanto fundamento, tanto saber.

Estavoz distinguida destaca entre el coro de voces convocadas para el diálogo, en un ejercicio ejemplar de intertextualidad.

Éste no es un libro culturalista. Antes bien obra fundacional del yo gracias a los mundos “visitados”, cimentación de una sólida personalidad. 

¡Qué convivencia simbiótica entre lo escrito por otros -inteligente, ecléctica, sensiblemente asimilado por nuestra poeta-  y la escritura de sus propios poemas!

De la gran afluencia de lecturas emergen pensamientos, deseos y sentimientos confluyentes, a veces coincidentes, con los suyos.

Poesía es la sustancia espiritual y material de que está hecho el poema. Y los poemas, aquí, son sustanciosos. 

Tratan de la vida, de la duración y el transcurso (“carruaje del tiempo”), del miedo (“locura y cordura son solo palabras […] con ojos con piel con insomnio y temblores”), de la soledad (“Estás solo en un mundo indiferente”), de la muerte (“Cada día te acercas más / al lugar donde se esconde el sol.”) Pero “la muerte es ilegal”; así que se alza la resistencia en un espacio-tiempo de nihilismo habitable (“escribí la biografía de Nadie.”) 


Las llamas que ven todos son fuego destructor. El poeta que lo es, la poeta que lo es, ven en cada llamarada la llamada interior hecha de luz. Así Ángela Serna. Así su poesía.

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