Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

Nosotros

Hay un joven hermoso que mira despacio al arroyo y luego pregunta interiormente a la veredita de los chopos por su amiga de ojos rizados.  

Los árboles abrieron sus yemas en marzo y ahora innumerables ramas frondosas  son de color verde manzana y verde plata, porque aún la luz de la tarde incrusta espejos en las hojas estivales. El arroyo es un  rebaño mojado de nubecillas blancas y cielo azul con tonos dorados. Su ancho cauce viajará serpenteante hasta el monte y será amigo del río. Muchos pájaros cantan en la chopera. Las coquetas mariposas y las libélulas juegan con rosas, lirios y peonías. Los insectos pasean. Palomas van y vienen. Un grupo de niños aparca sus bicicletas junto a la fuentecilla vertical para beber. Los ancianos juegan a la petanca. Una familia adulta merienda con sus hijos en una mesa de madera.  Las cigüeñas parlotean en el nido cercano. 

¿Vendrás? La espera es como el latido de las criaturas en los vientres de sus madres.  Sol y luna se encuentran en agosto. Los ojos rizados aparecen a lo lejos como visión extraordinaria para la mirada de ámbar del enamorado. Ella, la novia, pinta sus mejillas con clavelitos rojos en la cercanía y él las suyas con azahar. Frente a frente no saben qué decirse. Se miran, se contemplan. Sonríen. Se abrazan tímidamente y se marchan de la mano. 

Como a sus respectivos padres les une una canción. Como sus antepasados, tal vez estrenarán un día una casa familiar. No saben. Los ojos rizados vienen del equilibrio hogareño, los ojos ambarinos de un hogar distinto, desestructurado. Pero el amor es milagroso para ellos,  aunque otros no creen en milagros. Para el joven y la joven vivir y sobrevivir, amar y ser amados son milagros. Ni él ni ella sabían que iban a encontrarse y sentir el mundo al unísono, desde el natural derecho al espacio y al tiempo propio o compartido. 

¿Cuándo regresas?, se preguntaron mutuamente el primer día que se despidieron por motivos de estudios. Y así, con la interrogación en los labios, pasaron la adolescencia, yéndose ambos y volviendo a su arroyo en todas las estaciones.

Es raro, les decían sus amigos y amigas, raro, rarísimo que estéis juntos. Podrían haberse traicionado, sin embargo no lo hicieron. No eran personas que juzgaran a nadie o jugaran a ser quienes no eran, simplemente se querían. 

¿Por qué me amas? ¿Por qué te amo? Reflexionaban a veces, mas sus corazones soportaban las distancias y siempre se entusiasmaban coincidiendo. 

Se prometieron amor en su chopera otro día de verano de mil novecientos y pico…Y me engendraron a mí, me educaron y me quisieron de verdad. Mi descendencia es un nosotros de su estirpe y este otro milagro crea nuestra felicidad. A ellos se lo debemos. 

Claudia   Lola Alonso

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