Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

Mi corazón primavera

Amapolas y flores amarillas y blancas en la hierba y los días celestes de sol y nubecillas de azúcar, ruiseñores, cigüeñas, golondrinas, las contentas ovejas, los arroyos agrestes con libélulas y mariposas puras.

Campos de cereales y aristas de amor en las viviendas. Los árboles con nieve de polen. Las luciérnagas desnudas en  las noches de lunas ambarinas y sonrisas de estrellas y atmósferas simientes para respirar aires de dulzura.

Primaveras abiertas y sencillas de la niñez, que eran como un atlas ingente donde soñar la vida diminuta de las gotas de agua en fuentes híbridas, que mezclaban estelas del manantial y el zéjel de toda sed saciada en la hermosura.

Rosales ignorando las espinas, cuadernos con muñecas y dibujos alegres. Cancioncillas. La más cálida lluvia estacional como hebras de islas. Dignamente la escuela. La familia inocente. Amigos semejantes sin penumbras.

Dentro de mí también esa caricia de un dios de las promesas, no de guerras hirientes, ni de un dios de condenas ni amarguras. Mi novio casto y yo, su bailarina con corazón tangente al orbe o en su centro, siempre en ruta.

Y la pasión por ser, porque creía en el bien de la Tierra a la que vine. Teje mi alma amor con mi cintura, con mis manos, mis pies. Mis ojos brillan y expreso con mi lengua los deseos crecientes de este amor entre mundos de ternura.

¡Qué gentil primavera en mis orillas de lágrimas expertas en dolores silentes o en gozos como llaves de espesuras, gentil constelación del alma viva que no olvida sus huellas y es paz y así se siente al contemplar la flor desde su hondura!

Mi Nárbmah fue mi origen y mi arcilla. El pan halló cosechas en mis padres, pendientes de su casa con hijos y cultura humilde y a la estirpe ofrecida. Los abuelos y abuelas, con sus lumbres y enseres, olían a recuerdos, luz y frutas.

Los nombres de las calles siempre ardían en rostros de frecuencias cotidianas y tenues claroscuros de plazas Y aún zumban las fachadas, los monumentos, rizan las palomas las tejas, los gatos se entretienen. Las primaveras gestarán las uvas.

Claudia   Lola Alonso

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