Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

Ciencia y ficciones

Digo yo que sí, que tres dimensiones son volumen. Otra dimensión, el tiempo. Y así, ¿hasta nueve, once, cuántas? Una nueva: la conciencia, que es un mundo. Ninguna cosa es recta, aunque lo parezca. Y un punto dibujado no es exacto. Los fractales, qué bonitos, y lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. Puede que existan universos paralelos y ya puestos, oblicuos o en cualquier otra posición. Y nos podemos perder en la Astrofísica tanto como en el esfuerzo por desentrañar el cerebro humano y asombrarnos con el porcentaje de ADN que nos hace similares al cerdo o a la mosca. En fin, algo de cierto habrá  en el origen común de las especies. Y seguro que la ecuación de Einstein podrá ser superada. Tal vez tuvieran razón incluso los Pitagóricos con lo de la armonía y el número al pensar sobre el universo. ¿Será seguro el acelerador de partículas?¿Qué esconde el b- o- s- ó- n, deletreado así, castellanizado?¿ A lo mejor la Ciencia y la fe están más unidas de lo que parece? Si hay vida en otros planetas, tal vez sería beneficiosa para el género humano, tal vez no. Las eternas preguntas de quiénes somos, adónde vamos y de dónde venimos serán descifradas, pero no estaría de más repasar nuestra Prehistoria y la Historia y cualquier tipo de saber, por antiguo que sea. Entre tantos interrogantes, el Arte, la Literatura y el Amor…Pienso en esto con mayúsculas.

Llegado a este punto, se hartó de divagaciones. Tenía pendiente una conferencia en el Ateneo y parafraseó mentalmente a Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”. Elucubraciones de una mente de Letras, se dijo, ¡con lo que me ha costado llegar hasta aquí, con mil trabajos y algunos desempleos, con tanta pasión por las palabras y de una manera tan poco reconocida! Y ahora publico un poemario con versos sobre distintas asignaturas para estudiantes y ¡zas!, el éxito. ¡Qué mundo! Aunque me tomen por pretencioso o por extravagante, haré un discurso según mi humilde entendimiento y salga el sol por donde salga.

Al final se decidió por escribir un alocado poema que tituló Ciencia y ficciones, en su línea de siempre. Se inspiró mientras tomaba un café caliente con tres galletas en la mesa de trabajo del salón de su piso, buscó varios vocablos en Internet y algunas rimas asonantes y redactó un folio pintarrajeado que luego pasó al ordenador. ¡Van que chutan! Los expertos que critiquen lo que quieran, que  ya diré yo  lo que tenga que decir y responderé a las preguntas que deba responder al público, que es soberano. Al fin y al cabo, yo también soy público, no me faltará empatía.

Durmió como un bendito aquella noche. Se despertó a las seis. Desayunó y se duchó. Fue a trabajar a la imprenta en el turno de mañana. Luego volvió al piso, comió rápidamente y se echó una siesta de media hora. Habló con sus dos hijos por teléfono, dos cerebritos que estudiaban en la universidad: Nos vemos en el Ateneo, papá. Sí, allí nos vemos. Se bañó, se puso un traje sin corbata, no soportaba apreturas en el cuello, y se echó colonia, atusándose la incipiente melena limpia.

Condujo sin prisas. Entró en el Ateneo, donde fue bien recibido, y, cuando llegó el momento, vio la sala abarrotada, se puso en pie delante de un atril con micrófono y empezó su conferencia.

Después de saludar, recitó con la voz de barítono que le caracterizaba, modulando, sin errores, su poema. Después habló sobre la creatividad en general y particularmente en Literatura, según sabía él por su formación humanista, sus lecturas y la ardua y placentera labor de versificar, aunque eso, naturalmente, no lo dijo, y finalmente, en un ambiente desenfadado, se lo comieron a preguntas los jóvenes, entusiasmados con su libro de asignaturas poetizadas. Como el autor tenía recursos, repartió ingenio, ternura y humor al norte y al sur, al este y al oeste de la sala, al centro y en los campos magnéticos de esos puntos cardinales.

Al día siguiente, las críticas de prensa trataron su conferencia con todos los matices, unos hablando de genio y figura, otros viendo en él a un advenedizo que no sabía nada de Ciencia y que para más inri había jugado con las Letras, como si fuera una partida inverosímil de ajedrez,  otros que si entre dos aguas. Pero al conferenciante le sobraba todo eso, porque sus dos hijos cerebritos y  los amigos y amigas de sus hijos se presentaron luego en el piso con unas pizzas y con  un ramo de flores. Has estado de cine, le felicitaron. Y ese comentario, viniendo de quienes venía, era el mayor halago que el hombre aspiraba a tener. Así que cenaron a la italiana y lo pasaron en grande.

Uno nunca sabe cuándo se abre la puerta de su verdadera proyección profesional, pensó el poeta. Pero a partir de ahora, no voy a dejar la carrera literaria, yo sé que mis musas han escuchado mis canciones, o me las han revelado, que lo mismo da.

Y así fue.

Claudia   Lola Alonso

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