Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

Lengua de signos

Creo que el ADN  de las especies está conectado y que, mientras no se demuestre otra cosa, todas las especies procedemos de un origen común, llámese cósmico si se quiere. Por otro lado, creo que la experiencia adquirida en la vida individual  y común cada especie y de unas especies junto a otras de alguna manera enlaza con los antepasados, a través de los genes de un recién nacido o de una recién nacida,  y enlaza con la relación con la otredad, obvio, seamos de la especie que seamos. 

Me sorprende siempre la vida gratamente, a pesar de la parte negativa del mundo contemporáneo en el que nos toca vivir. Otras épocas también tuvieron su negatividad e igualmente produjeron grandes avances para la Humanidad que nos han traído mucho bien. 

Creo que hay una parte de nosotros que sobrevive con raíces en los mitos, otra que alimenta el logos y que la libertad, es decir, la responsabilidad,  empezando por nosotros mismos, es el camino que desenreda la Historia, siempre que exista una lucha pacífica para desenredarla, junto a la imaginación mítica y al uso de la razón. Todo esto permite la creatividad y los buenos deseos y acciones humanas.

Creo que de la “Teoría de las inteligencias múltiples” de Howard Gardner se traduce que la sensibilidad las expresa e interpreto que lo que denominamos normalidad, discapacidad o altas capacidades no son más que etiquetas que se clavan  a la gente muchas veces sin justicia.

Creo que hay signos en el cielo y en la Tierra y en posibles planetas habitados y que algunos signos son hermosísimos. ¿Habéis probado a contemplar el firmamento de día percibiendo mensajes  en las formas de las nubes, o sintiendo éxtasis ante los astros nocturnos? Tal vez esas pantallas diáfanas o con estrellas y luna bajo la Vía Láctea nos unen al misterio de la Creación, que no está tatuado bajo ningún determinismo en el universo para la destrucción de este mundo ni de ningún otro, sino para sentirnos inmersos en la belleza de gran magnitud, o mínima y a la vez inmensa magnitud también  que pueda existir en una florecilla, en una gota de agua o en las partículas de un  átomo de oxígeno y, por supuesto,  en todos los seres habidos y por haber.

Creo que la lengua de tales signos la deberíamos aprender en las escuelas desde niños  porque alude a todos los saberes, eso sí, adaptados a las edades de la vida. ¿Por qué los poderosos no quieren que la gente sepa leer esos signos? Pensadlo. Preguntádselo.

Creo que  muchos creemos en Dios, que otros dudan o niegan su existencia o dicen que a Dios lo hemos inventado. Pero también los inventos existen o pueden llegar a existir. A mí personalmente no me quita el sueño que la gente crea lo que quiera o no crea, son mis semejantes y en ellos hay amor como en mí,  porque estimo que Dios no puede ser otra cosa distinta al amor y al  perdón y menos se me pasa por el corazón que a ese Dios  le apetezca negar a sus criaturas. ¿Y por qué no soñar que el mal puede ser pronunciado del revés, “lam”, para combatirlo, para investigarlo, para erradicarlo? Cada cual reflexiona sobre ese “lam” como puede, y hay que respetarlo. Me hago las mismas preguntas que vosotros y vosotras y rezo, es decir, sueño,  a mi manera, también como vosotros y vosotras,  – rezar en mirar alrededor y escuchar, alguien dijo,  y ser hombro o caricia–, rezo en este sentido  para que venga por fin una Tierra nueva, rezo con lo que recibo de bondad de la buena gente que lleva alegría por donde va, con todo lo que nos alumbra, y con lo aprendido de quienes nos precedieron, con la naturaleza, con el infinito que no podemos precisar ni con las  ciencias ni las letras, ni otros estudios o formas de espiritualidad o filosofía, aunque sea la de andar por casa, y espero con paciencia inspiración, con mis manos abiertas y con la mente y el corazón despiertos, como un voto de armonía.

Creo que quiero ser humilde y que me perdono y quiero perdonar  todo y a todos y a mí siempre,  aunque me cueste trabajo. Y disfruto tomando un café con cualquier persona que me encuentro en un barcito con patio de vez en cuando, especialmente con amigos  marginados, y  también disfruto bailando, no sólo en mi cocina, sino en las fiestas del pueblo, abriendo los ojos y a veces a gatas o en pie, o pasito a pasito, como si empezara a caminar, otras veces rotunda como un álamo con solera.

Creo que no necesito una pareja para ser feliz, que primero tengo que ser feliz yo y luego, si surge y la pareja es excelente para mí y soy correspondida de igual manera, a lo mejor lo intentamos, pero no me obsesiona porque ya tengo a los amores de mi vida desde que se gestaron conmigo y con mi familia  aprendo a vivir y a dejar vivir. La vida es un aprendizaje continuo, eso me dijeron muchas veces.

Creo que si llego a los noventa años, si llego,  me encantará llevar conmigo en mi ancianidad a la niña que fui y a mis amores vivos y contentos.  No sueño más grandezas que esto, si acaso que mi lengua de signos personal me permita serle fiel en todo lo que proyecte y realice, y lo mismo deseo para mi familia y para todos vosotros y vosotras.

Creo que en la vida renacemos muchísimas veces, afortunadamente.

Creo que es una sana costumbre comer de todo con moderación y beber mucha agua y hacer ejercicio y también no tener miedo a los abrazos, que nos dan buenas vibraciones y estimulan  el pensamiento, las emociones y los sentimientos. Y que hay que combatir inermes toda hambre de pan y de felicidad.

Creo que para salir de nosotros mismos y estar seguros de que amamos y somos amados primero tenemos que descubrir que el amor nos salva, porque así como nuestros cuerpos están compuestos por muchas partes, entre ellas las células y los elementos biogénicos, por lo que somos unidad y pluralidad, la realidad que nos rodea y los demás seres también son parte de nosotros y nosotros de ellos. Y el amor tiene mucho de arte, mezcla de técnica, trabajo y expresión personal o grupal para salir del egoísmo. Y creo que si no nos amamos tal como somos con misericordia, menos amaremos a los demás seres con esta tolerancia.

Creo que todos hemos nacido por alguna razón y que ya que vivimos, queremos buscar y encontrar nuestro camino o podemos buscarlo pues querer es poder, aunque a veces nos perdamos, porque siempre aparece alguien o algo que nos devuelve a nuestro auténtico ser. Y por eso doy también muchísimas gracias a la vida!!!

Claudia   Lola Alonso

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