Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

ºLa mirada rizada

María tenía la mirada rizada de tanto pensar y sentir. Su dulce madre siempre le había contado cuentos mientras cosía, guisaba o planchaba y continuaba haciéndolo muchas noches, porque María no dormía bien, se desvelaba y se dirigía a la habitación de matrimonio, tocaba suavemente el brazo de su madre,  ésta se despertaba y acompañaba a la niña hasta la cocina acristalada del jardín, donde las dos se sentaban en sillas de enea y hablaban sin medir el tiempo que pasaban juntas.

Los hermanitos de María eran bebés gemelos, se llevaban unos años con ella y eran fruto de la segunda boda de su madre, que había sido viuda de un alcohólico de mal beber que no quería curarse. Hasta que la madre de María volvió a casarse con un hombre muy bueno, ella y su hija habían estado en tratamiento psicológico.

  • Madre - dijo María una de aquellas noches de insomnio, mientras ambas conversaban en la cocina junto al fuego encendido de la chimenea, pues era invierno- , me gustaría ser una persona libre cuando crezca más. No quiero repetir tu historia. Ahora somos felices, pero un escalofrío pasa por mi corazón todavía, porque, por una parte, rechazo el alcoholismo agresivo que tenía mi padre y por otra, hay  algo dentro de mí que busca consuelo cuando recuerdo las ocasiones en las que mi padre estaba sobrio y se comportaba como cualquier padre normal. 

  • Yo lo he perdonado todo, hija, respondió la mujer con serenidad.

  • ¡Cuéntame un cuento más, madre! Por el cristal se ve la noche con estrellas y quiero imaginar. 

Pero aquella noche no fue la madre la que narró una historia. La mujer empezó a cantar una canción antigua, madre e hija se quedaron dormidas en sus respectivas sillas y tuvieron un mismo sueño. En aquel sueño, el padre de María entraba en la cocina acristalada con los ojos llorosos, las abrazaba, les pedía perdón y ellas hacían las paces con el arrepentido, a pesar de las viejas heridas y cicatrices.

Amaneció. El segundo esposo de la madre de María  encontró dormidas a su mujer y a la muchacha y las cubrió con dos mantitas. No era la primera vez que lo hacía. Vio el hombre un papel en el suelo, lo recogió y lo leyó. Era un mensaje para él que decía: “No supe ser digno. Ámalas tú como marido y padre, junto a los pequeños. Muchas gracias.”

El fuego de la chimenea aún crepitaba. Después, a la hora del desayuno, toda la familia disfrutaba ante la mesita del comedor. El hombre leyó el mensaje del padre de María y madre e hija se dieron cuenta de que el sueño común había sido real.

Su mundo, efectivamente, había sido rizado, necesitado de cuentos que liberaran los corazones. La vida les había ofrecido una nueva oportunidad. Incluso así, María y su madre sabían que sus experiencias anteriores en casa seguían siendo muy comunes en otras familias. Y las había peores. Pero no había que rendirse ante procurar el respeto a la sagrada libertad de las personas, que todos la merecemos, y era necesario luchar contra toda forma de injusticia que convierte en esclavos a otros seres humanos.

Claudia   Lola Alonso

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