Antonio Ángel Agudelo

ERuiseñor de  Keats

Antonio Ángel Agudelo

(Villaviciosa, Córdoba, 1968) es poeta, antólogo, ensayista e investigador literario. Estudió en la Universidad Laboral de Córdoba. Cada nuevo libro de este poeta inclasificable que ejerce la poesía como un sacerdocio, retirado en la soledad de los bosques, es todo un acontecimiento. En su obra destacan: “El Sueño de Ibiza”, (1ª y 2ª edición Diputación Provincial de Córdoba, 2008 y 2011),  (3ª Ed. 2012, Ediciones Depapel); la antología “Paisajes Corchúos”, (2009, Diputación Provincial de Córdoba); “Madreagua”, (2012, Ediciones Depapel); “La Central Térmica. Haikús”, (2012, Ediciones Depapel); “El Mundo Líquido”, (2014, Editorial Celya), que viajó hasta la Biblioteca del Congreso de Washington, "El Cielo Ajedrez (2016, Editorial  El sastre de Apollinaire); y la antología bilingüe: "El Cielo Ajedrez. Sky Chess", (2ª edición) traducido al inglés por Claudia Routon (University of North Dakota (EE. UU.), "El Atleta del Abismo", (2018, Editorial Catorcebis); y "El oro de un rayo donde cabe el universo", (2019, Editorial Elvo).

Agudelo ha sido traducido al inglés por Claudia Routon y al portugués por Aurora Cuevas Cerveró. Habitualmente participa en los Ciclos “Citas Literarias”, de la Diputación Provincial de Córdoba, y “Letras Capitales”, del Centro Andaluz de las Letras, y en los programas de la Comunidad de Artistas “Debajo del Sombrero, Punto y Seguido”, de Radio Miami (EE.UU.).

Paralelamente, Agudelo ha cultivado el ensayo en torno a la experiencia poética con "La palabra inicial, teorías del mundo". Ha sido jurado de los prestigiosos premios de poesía Acordes y Vicente Núñez. Ha sido incluido en las  antologías: "En pie de paz" (Javier Fernández, Plurabelle, Córdoba, 2003; “La Luna en  Verso” (Francisco Acuyo, Granada, 2013); "Mapuche", “Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez” (País Vasco, 2014); "Quejío", (Córdoba con Grito de Mujer 2015); y Poesía en la Bodega (Antonio Flores, Ateneo de Córdoba, 2017. Ha participado en las revistas: "Noche Laberinto" (Colombia), "Desván" (Madrid),  "Sopa de Ornitorrinco", "Suspiro de Artemisa" (Córdoba), El vuelo del flamenco (Cartagena) etc. Ha participado en el Festival Internacional "Cosmopoética, Poetas del Mundo en Córdoba (2011 y 20012)"; en "La Noche en Blanco de Granada (2013)"; en el III Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de Úbeda (Jaén, 2016); y en el VIII Encuentro de Poesía Mística en el Monasterio San Miguel de Escalada (León, 2017). Actualmente colabora en la Revista Internacional de Cultura Visítame Magazine, de Nueva York (EE. UU.)

DEDICADO AL GRAN POETA JUAN COBOS WILKINS

Juan Cobos Wilkins, nacido en Riotinto (Huelva), de donde es Hijo Predilecto, ha sido director de la Fundación Juan Ramón Jiménez, de la colección poética que lleva el nombre de este poeta y de la revista de literatura Con Dados de Niebla, también codirigió el Aula de Poesía de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Durante años ha ejercido la crítica literaria y teatral en diversos medios especializados (El País -Babelia- Revista de Libros, Turia, Mercurio...) de los que es habitual colaborador. Traducido a varios idiomas e incluido en numerosas antologías y estudios de literatura contemporánea, ha sido galardonado, entre otros, con los siguientes premios: Premio de la Crítica de Andalucía; Gil de Biedma, de poesía; Ciudad de Torrevieja, de poesía; NH, de relatos; Ciudad de Huelva, de relatos; Instituto de Cinematografía y Artes Visuales, de Guiones Cinematográficos; El Público, de novela; Ciudad de Torrevieja, de novela; Uva Literaria de las 12 Uvas de la Cadena SER, Premio Encuentro Escritores Verdes, Botón de Oro y Nácar de la Cultura. 

El corazón de la Tierra es el título de su primera novela, seguida por millares de lectores, continuamente reeditada y llevada al cine por Antonio Cuadri, en una coproducción internacional que se alzó con el premio a la Mejor Película Latina en el Festival de Los Ángeles y tuvo dos nominaciones a los Goya. Su segunda novela, Mientras tuvimos alas, obtuvo el premio de El Público como mejor novela de 2004, y El mar invisible fue la finalista del Premio Ciudad de Torrevieja en 2007. En 2015 se ha editado su última novela, titulada Pan y cielo. En 2020 La isla de Siltolá reedita El corazón de la Tierra, esta vez enriquecida con prólogo y epílogo del autor.

Cobos Wilkins también ha publicado relatos, recogidos en los volúmenes Siete parejas y un solitario y La soledad del azar, y es autor del libro de investigación La Huelva británica, de la biografía Álbum de Federico García Lorca (edición especial conmemorativa del centenario del poeta), y de piezas teatrales recopiladas en el libro Mysterium. Su obra poética suma, entre otros, los siguientes libros: Llama de clausura, Escritura o Paraíso, Biografía impura, Para qué la poesía, El mundo se derrumba y tú escribes poemas, Matar poetas y las antologías Donde los ángeles se suicidan, La imaginación pervertida, A un dios desconocido y Huella en las hojas.

Tras once años sin publicar poesía, en 2009 se edita su libro Biografía impura, que rápidamente alcanza la segunda edición y que obtiene el Premio de la Crítica de Andalucía. Con poemas de Biografía impura el cantaor Arcángel grabó su disco Quijote de los sueños. Además, poemas suyos han sido musicados por los compositores y pianistas Rafael Prado y José Zárate, cantados por Carita Boronska, e incluidos en el espectáculo Nueva York ego fui. También el grupo Planeta Jondo ha creado el espectáculo Golpea con poemas de sus distintos libros. Juan Cobos Wilkins ha sido distinguido por la ciudad de Huelva con la Medalla de las Letras.

CUANDO FUI EXPULSADO DEL PARAÍSO

              Cuando fui expulsado del Paraíso comencé a escribir sabiendo que escribía. E interrogándome sobre qué escribía. Antes, habitante aún del Jardín, también escribía -¿o quizás sólo hablaba, sólo narraba oralmente?-, pero entonces lo que yo nombraba, lo que yo signaba, tenía un nombre no dado por mí y, por tanto, una vida ajena a la que habría de insuflarle mi verbo.

                       Algo -bastante- de lo que sintetiza y condensa el párrafo anterior vive, palpita, en mi libro de poemas Escritura o Paraíso, publicado en 1998. Y en Mientras tuvimos alas, mi segunda novela. Y desde luego, baña mi escritura que, a su vez, intenta caminar sin hundirse sobre los mares (interiores y externos) que aguardan a quien deja el Edén y ni sabe ni puede hacer otra cosa que crear. Al inicio del siglo XXI, tras no pocos libros de poemas y alguno también de relatos, me aventuré en la novela y ahondé en el cuento, comprendí entonces que más que un camino sin retorno iniciaba la trayectoria del bumerán. A medida que han ido transcurriendo años y sucediéndose títulos de narrativa (El corazón de la tierra, 2001; Mientras tuvimos alas, 2003; Siete parejas y un solitario, 2005; El mar invisible, 2007; La soledad del azar, 2011; Pan y cielo, 2015) se han ido afianzando y confirmando una serie de puntos que me importan. Y aunque, al nombrarlos, tengo fundamentalmente en mi pensamiento la escritura narrativa, bien pueden ser especulares para mi creación poética. Son la médula de la columna que mi escritura desea poner en pie, esqueleto que, luego, con la lectura del lector, es ya cuerpo que camina. Esos puntos, que bien son puntales, podría reunirlos así:      

Rebeldía. Belleza. Libertad.

Este triángulo, si no equilátero sí hermosamente escaleno, es carne de mis personajes, está en la materia con la que se construyen, pugna en los temas elegidos, late en las tramas. E igual que un imán o, por seguir con el símil, como triángulo de las Bermudas, atrae cuanto se aproxima. Esa triple corriente de un mismo venero es agua para la insaciable sed de mi propia escritura. El “Non serviam” que pronuncia el bello Luzbel -antes de ser ángel caído- es, como voz de rebeldía y de libertad, la semilla, la materia y el espíritu del primer libro de poemas que escribí: Espejo de príncipes rebeldes. En él se contienen algunos de los temas que van a desarrollarse en libros posteriores y que me acompañarán a lo largo de mi caminar literario.

Imaginación. Vuelo. Transgresión. Luz abisal.

Me interesa lo hondo (y ahondado) que, tras tocar fondo, rebota y vertiginosamente emerge hasta que, al salir a la superficie, al rozar el aire, se vuelve alado. Lo abisal que, tal los misteriosos peces de las profundidades, genera su propia luz. La transgresión del pez volador. Y gusto de la literatura que estando profundamente enraizada -subterránea incluso- en tiempo y espacio eleva el vuelo a la imaginación, a lo insondable.

Misterio. Metamorfosis. Transubstanciación.

Enlaza  directamente este apartado con el anterior. Sin el Misterio, sin que en lo escrito y tras su lectura permanezca ese no se qué que queda balbuciendo, se me alicorta la creación, se me queda falta, parece que caducase antes de fecha. De entre los anillos disponibles, prefiero los de Saturno. Y esto, de forma inherente, engarza con otros dos horizontes en los que se fija mi  interés: la literatura como permanente metamorfosis, la literatura como transubstanciación. Si el verbo se hace carne, no menos la carne se hace verbo.

Poesía Subversívora

En mi libro de poesía Matar poetas creo los términos versívoro y subversívoro. ¿Qué, o mejor dicho, quién es versívoro? El que se alimenta de versos. ¿Y subversívoro? Aquel que además de tener el verso como alimento, a la par, es perturbador, rebelde, reivindicativo, transgresor, heterodoxo, subversivo, indómito, libre. Soy versívoro, soy subversívoro.     

Literatura de invasión.

La conocida y popular literatura de evasión nos saca de nosotros, nos pasea por las afueras, enfoca su linterna a lugares ajenos, alejados, y su espejo no se orienta hacia nosotros ni es nuestro rostro lo que refleja. Como escritor me interesa la que llamo literatura de invasión. Esta nos adentra, nos ensimisma, ahonda en lo insondable, dirige su luz al límite ciego del pensamiento y lo cruza para que alcance el haz las zonas recónditas del alma. El espejo, como un retrovisor -mas con trayectoria de futuro- se dirige directamente al yo. Así, el yo se acompaña del tú y se torna nosotros.      

Conciencia y Emoción.

Junto a la ética estética, que nombró mi paisano Juan Ramón Jiménez, busco una escritura de la emoción consciente y de la conciencia emocionada. No se puede nombrar en vano.   

Particular. Universal. 

Aspiro a observar el mundo a habitarme de él, para después contarlo, recrearlo o inventarlo, con un ojo en el microscopio y el otro en un telescopio. El virus, la estrella. Lo real, lo invisible. La realidad invisible. “Todo lo que nos ama es invisible”, escribí en mi libro Para qué la poesía. La suma de ambos -microscopio, telescopio- crea un hermoso y mágico caleidoscopio, he ahí el ojo del poeta. 

CORTA ATALAYA

          Surge tan real, tan viva en mi pensamiento como si, adolescente, estuviese de nuevo allí, Corta Atalaya. La formidable mina a cielo abierto. Imponente. Amo esa forma de llamar a la tierra traspasada y desnuda: cielo abierto. Cierro los ojos y otra vez me asomo al filo de su vértigo: cráter inmenso -kilómetro y medio de diámetro y quinientos metros de profundidad- excavado por la mano del hombre para saciar su avaricia metálica de brillos. Estoy en el precipicio de la oquedad, inclinado a su vacío: imagino que un ángel, mi propio ángel de la guarda, enloquece y me empuja. Coloca su mano en mi espalda... No: sopla, tan solo eso. Y su soplo me precipita, como un vilano, al vacío. Caigo. Caigo girando y me abismo en este bucle mineral. Corta Atalaya: gigantesco corazón arrancado a la tierra. Su hueco. Su orfandad. Cuando sobrecogido la contemplé por vez primera, creí que un meteorito ardiente, un cometa, una luna fuera de su órbita, se había precipitado furiosa contra la Tierra y el resultado era esta ausencia: la nada de su sombra estrellada aquí: Corta Atalaya. Ojo hueco de 

Polifemo. Seno de amazona vaciado. Vaciado y hundido hasta la luz oscura, hasta lo abisal. Escalera de caracol que desciende y desciende y desciende. Sima. Montaña surcada por vetas minerales en cascada de crueles colores y vuelta luego del revés como un guante lleno de cicatrices. Gran espiral de náusea. Titánico anfiteatro. Escenario natural perfecto para La Divina Comedia de Dante

Círculos del Infierno. Corta Atalaya, el corazón de la tierra.

( De la novela El corazón de la Tierra, Random House Mondadori Plaza & Janés, Barcelona, 2001 / La isla de Siltolá, Sevilla, 2020 )

EL ABRAZO

Sacerdotisa altiva, egipcia fíbula
de esmeraldas profundas. Delgada,
afiladísima, la mantis religiosa
tiñe verde un instante todo su alrededor.

Siento miedo
cuando en el aire alza articulados
sus apéndices -ven, aguardo tu llegada- y rodea
al macho -nadie te ha amado así, cierra
los ojos, déjate
morir flexible entre mi cuerpo- y lo devora
abrazándolo tanto...
                                 El Beso de Rodin. Mientras,
amor mío, la fecunda.

Mientras de la sibila por la boca, amor, amor,
desaparece la cabeza.
                                   Y todavía,
tembloroso el abdomen,
prosigue inseminando -pero di
algo, háblame- sus miembros van
progresivamente siendo desgarrados  y
-calla, calla, te amo- él comido.
                                                   Disuelto
-no basta, acaba, finaliza- entre excitados
jugos gástricos. Amor total.

Hágase igual tu abrazo. Sea ésta mi ternura.

( De El jardín mojado, Dendrónoma, Sevilla, 1981

EL ABRAZO

-fragmento-

Jamás imaginé que en mitad del camino de la vida 
estaría tan solo
y con tantos fantasmas.

En el frío turquesa que recorre los pasillos sin nadie de la casa, es tuya, te decías.
Aun deshabitada es tuya y soy su muerto: eres
los días desangrados cuando la niebla es como un traje de novia en el quirófano,
los horas medievales que se melancolizan en bombones de fruta y chocolate
y llamadas al vacío de un teléfono, esa música
que tanto consuela como duele. Y duele
hasta decir ya basta.

Jamás lo imaginé, pero miro un viejo álbum de cromos
y por segunda vez desde que el niño era sólo su propio asombro veo la lámpara
y a su genio aguardándome en el tiempo de los tres deseos, 
el destierro, la cena
contigo,
y mi nombre. Quien
fundió la llave de esta celda al calor de la llama lo sabe:
como ángel o pastor de barro con su cordero al hombro he seguido las luces       
de la casa: podría
tatuarme la aurora boreal, bordármela cantando en una uña
y aun así, el sol en la cocina, las nubes ardidas hacia un punto de fuga en la terraza,
a cambio del azar como rescate por siempre me retendrán 
cautivo. Y más, enamorado.

Qué tristeza las tardes enamorado y más 
cautivo, enamorado.
Y la llama encendida como un diminuto tigre en mis pupilas,
rehén de la obsesión que incita, funambulista sin red, a caminar
descalzo y con estigmas abiertos igual que ojos abiertos
en la planta de los pies
por el más alto vértigo: columna
del estilita que habla con su voz empañada como la ventanilla del tren  
donde una mano dibujaba y borraba, dibujaba y borraba, corazones
traspasados por flechas. Jamás lo imaginé,
pero yo soy ahora el fantasma que fuiste
y con hilo del laberinto hilvano mis iniciales en la sábana mientras
oigo la llave una, dos, tres veces girando tras la puerta y silencioso, invisible,
me recibo con sombra dorada de mimosas, con cartas inventadas, con un beso
que deja en primavera un rastro frío de hormigas, de grito agudo de vencejos:
metamorfosis en abril de la muerte.

( De Llama de clausura, Visor, Madrid, 1997 )

MATER

Ya sé que no te acuerdas, madre, no te acuerdas.

Bajo el cabello blanco, una goma de borrar -no como aquellas
de infancia que olían a vainilla- hecha de niebla
y humo todo lo difumina, lo desvanece todo. Y sólo deja
tras de sí un hojaldre de escarcha, tan frágiles
esquirlas de cristal que la luz de mis ojos
las rompe si las toca. 
                                Ya sé que no te acuerdas, madre, 
pero yo soy tu hijo.

Tu hijo soy, y como tú a mí cuando era niño, ahora te digo yo:
                                                                                                    eso es azul,
se llama cielo. 

Estoy aquí para ser tu memoria y la mano
que conduce tu índice por la línea del mapa que es un río o el rastro
que deja el hada Campanilla, estoy
para ser la linterna que sin miedo se adentra en saqueadas
galerías oscuras, y su haz no se agota porque es luz sin olvido,
porque es luz de luciérnagas. Estoy   
para decirte, por ejemplo, Matar a un ruiseñor es tu película
favorita y habla de honestidad, de dignidad, de resistencia.
O vi también tus lágrimas cuando en Los puentes de Madison
la Streep roza temblando el pomo de la puerta
mas no la abre, no la abre y no baja del coche, no baja,
no se atreve a la felicidad. 

                                                Y llueve
y el limpiaparabrisas y llueve en el semáforo.

Ya sé que no te acuerdas, pero las lilas 
son tus flores, por eso cumples los años en abril, y ves
abejarucos en las multicolores pinzas que sujetan en el cordel
la ropa. Las enmeladas rosas son tu dulce, el rojo tu color, la Historia
tu carrera perdida, y reconócelo, madre, te pierde
un helado de chocolate fundido con naranja.

Ésta es tu voz, escucha
cómo atrae a las olas y ahuyenta la tristeza. Cómo, a pesar de tanto,
aparta de mí la soledad.
                                      Ya sé que no recuerdas
porque un maldito soplo aventa los vilanos y flotan
como pequeñas nubes con su ángeles muertos dentro de la memoria,
pero sí, tú pronuncias palabras que los demás ignoran,
y tú conoces, sí, poemas de Rubén y de Bécquer,
de Machado, de Lorca...
                                     Y me emocionas, madre, me derrumbas,
cuando de pronto,
como un relámpago de alas en la noche, recitas
lejanos versos míos, torpes, de adolescente confundido.
Versos que, tan cabrona la vida, hoy
misteriosamente cumplen el más alto destino: 
                                                                       sirven
para escuchar tu risa,
para que un hijo ría junto a su madre.
Para sanar.
Para vivir.

 ( De Para qué la poesía, Random House Mondadori Plaza & Janés, Barcelona, 2012 )

DE TODO LO VISIBLE

Todo lo que nos ama es invisible

El soplo de la vida sobre el barro,
el beso contenido en la carta,
la esperanza.

Es invisible si nos ama
como el olvido hace con el cuerpo,
como la lámpara hizo con su genio,
como el nadir hiciera con la estrella. 

Como el aire
que al separarse dejan los amantes
transparente y sangrando entre ellos.

Visible.
Como la luz quebrada en la memoria.
Nada en el azar desaparece.

 ( De Para qué la poesía, Random House Mondadori Plaza & Janés, Barcelona, 2012 )

UN POETA DUERME SOBRE LA COLCHA DE BODA

Un poeta duerme sobre la colcha de boda 
de sus padres.
                     Es azul, del azul más hermoso, tiene
el mar en sus hilos, las olas de esa colcha
y sus cuerpos amándose, el cielo
de esa colcha y los abrazos.

Mapa secreto que condujo hasta él,
alfombra voladora que se eleva con él,  
campo de flores llamadas nomeolvides.

Vela de Argos soplada por los dioses.

Bajo su palio
ningún miedo le asalta, 
mal ninguno le acecha, qué fértil  
el insomnio en metáforas, qué benévolo el sueño.
Cendal que le preserva del bífido veneno.
Manto que le protege de todo lo invisible.  

Sobre la colcha de bodas de sus padres
un poeta traza caminos de vuelta al infinito
segundo del big bang, al canto de la alondra
que en el alba se finge ruiseñor de la noche
para no interrumpir a los amantes.

Ríos dibuja que se niegan a morir en la mar

Lágrimas y deseo
se entretejen con la fibra del tacto
en esa seda azul. 
En ese azul de seda
hay suspiros y risas, confidencias bordadas,
biografías tan puras que se sobrevivieron. 

“Antes que el tiempo muera en nuestros brazos”,
escribieron en los pliegues
nupciales para el hijo 
antes que el tiempo muriese entre sus brazos.

Y quien turbado, ahí yace
por amor, 
sobre la colcha de boda de sus padres,
recuerda, por amor, que es poeta,
olvida, por amor, que es mortal.  

( De Biografía impura, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2009 )

EN GRAND CENTRAL STATION

Un asiento vacío,
un banco solitario,
para sentarte y llorar en Grand Central Station.

Estas son las palabras del poema
que vive en el poema
del bolsillo interior de la chaqueta 
para latir más cerca de la roja 
oquedad que un día llamaste corazón. 

Estas son las nubes guardadas en la carta,
las nubes ocultas en el sobre que espera
cerrado en el bolsillo a que la lluvia
resucite las horas que en papel se cuartean. 

Estas son las manos que sostienen
el rostro entre las manos
mientras la luz inunda
como el aire cantado de una blanca ballena,
mientras la luz violenta
como una anunciación sin ángel.

Manos que me sostienen,  
nube, poema, días que no desean,
oquedad, luces, horas que no anhelan,
palabras de quien desea huir, silencios del que anhela
desertar por los rotos bolsillos, manos
que me sostienen el rostro entre las manos,
el rostro entre las manos,
el rostro entre las manos.

No encontrarás un asiento vacío,
no hallarás un banco solitario
para, invisible a los ojos de todos, 
llorar todas las lágrimas en Grand Central Station.

( De El mundo se derrumba y tú escribes poemas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2016 )

EJE

El eje de la vida inclinándose
como torre de Pisa. 
                               Qué tristeza
esos libros que aguardan desde años
aun sabiendo que nunca los leerás. 
Eres ya uno más de ellos.
                                        Y qué astuto
ventrílocuo el dolor,
mudo ventrílocuo que usurpa
tu voz para saberse, para decirte, para nombrar
negándote el olvido.
                                 Ven,  
mira el eje de la vida inclinado
como un girasol hacia quién, 
como una ingenua frase de castigo
repetida por quién hasta sangrar en la pizarra,
como la ausencia toma el retrato de quién
hasta volverlo obsesivas llamadas 
a un antiguo teléfono, un teléfono negro 
en la mesa posado igual que un cuervo inmóvil,
sin respuesta.
Sin quién.    

No vengas
porque la muerte tiene el blanco rostro de la geisha
con los polvos de arroz y una roja patita de paloma
cosida en lugar de la boca finge ser su sonrisa,
no vengas
porque el más bello nadador del aire
bracea exangüe ya, náufrago
de la luz del mundo, en busca de una nube.  

Sólo ven 
como si no fueras a hacerme el desamor,
como si el cuerpo fuese el libro
que en braille, al fin, vas a leer. 
Despliega tus alas en mi espalda, descifra
el secreto morse de sus lunares, borra,
desnuda, extingue. Extiende
la suavidad de tus heridas
reencantando el amor o su memoria. 

Vuelve
como si el eje de la vida no estuviese inclinado.
Y ven ahora, ven
mientras se besan los adolescentes
como plantas carnívoras. Como plantas carnívoras.  

 ( De El mundo se derrumba y tú escribes poemas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2016 )

EL HIJO

Eres el hijo que deambula por la casa vacía.   
El que nombra una a una las ausencias.
El que oye los ladridos del perro que aún resuenan
persiguiendo la nada en el pasillo, 
el que los imagina como una bienvenida
a su sombra que deambula por la casa vacía.
El que abre los grifos y le salen a chorro mariposas,
el que cree escuchar el eco sonriente de otros pasos.
Eres la sombra que vaga como un hijo por la casa vacía.   
El que extiende el mantel sobre la luna para cenar con nadie,
el que extravía su silencio como un guante impar en el cajón.
Eres el hijo que barre las hojas amarillas de las habitaciones,
el que va abriendo puertas como si hubiera
detrás, como si hubiese.
Eres el hijo con las llaves de la casa vacía.
El que al partir en los peldaños deja
pisadas invisibles que al instante se encienden
como huellas fugaces de luciérnagas que al instante se apagan.
Eres el vacío del hijo con las llaves de la casa vacía.
Eres la sombra del hijo que señala el lugar de la madre
y dice: mágica
igual que una pestaña caída que concede deseos.
Eres la sombra del hijo que señala el ámbito del padre 
y escucha diáfano el futuro que sostuvo, como Atlas, 
él solo en el espacio conquistado al aire.          

El que cierra la puerta de la casa, eres
el hijo sin hijos
que apaga ya la luz de este poema.

( De El mundo se derrumba y tú escribes poemas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla 2016)

INTENTA EXPLICARME MI SUICIDIO

I


Hazlo discretamente, 
sin señales cifradas, sin mensajes ni símbolos.
Sin énfasis. Que el ángel
o Louis Armstrong no toquen la trompeta.
Que el aire que aquí muevas
no sobresalte a la mariposa de Hong Kong. 

II


Tampoco
elijas una ciudad hermosa y literaria.
Ni Trieste ni Macondo.
En tu casa
                 -si es que tienes-, 
tal vez
una tarde suave y elegante igual que un galgo afgano
o un alba inescrutable igual que un galgo afgano.
Quizás tras demorarte en una larga ducha muy caliente
y en el cristal de vaho escribir un secreto 
que ha de borrarse pronto. Acaso
tras caer unas cerezas en tu boca
y recordar
qué misteriosos, mágicos, eran los gusanos de seda. 

III


Evita releer cartas de amor, escuchar
el cuarto movimiento de la Quinta de Mahler, 
ver fotos de familia y amigos.
                                               Sí puedes
resbalar lentamente la yema de tu dedo
por la caligrafía nublada ya, difusa, de tu madre,
y pedir que a la memoria venga
el color indefinible de los hermosos ojos de papá.      

IV


Ponte ese olvidado suéter de cachemir azul, aún te favorece,
y unas gotas de la colonia fresca. 
Y no hay más.
En la nada, esto es todo.
El suicidio como una de las bellas artes. 

 ( De Matar poetas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2019 )

NO INTENTO EXPLICARTE LA AUTOFAGIA

Parásito hermafrodita. Organismo polizoico con poros genitales alternos de forma irregular en cada uno de los segmentos morfológicos en los que se divide su cuerpo (proglótides). El aparato reproductor masculino alcanza su madurez antes que el femenino (protandria), pero en las últimas proglótides los órganos sexuales femeninos están tan desarrollados que el sexo masculino acaba por desaparecer. Su cuerpo, segmentado con múltiples anillos, toma forma de cinta o venda y se muestra recubierto de tegumento. Puede alcanzar una longitud de más de 15 metros. Posee cuatro ventosas y un róstelo que desarrolla una o varias hileras de garfios. Carece de tubo digestivo. Y una vez en el cuerpo humano, puede distribuirse por todo él viajando a través del sistema circulatorio. 

Su nombre es tenia, devora desde dentro. Si la acaricias se llamará melancolía.   

 ( De Matar poetas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2019 )

INTENTA EXPLICARME ESA FOTO
- F.G.L. ABRIL, 1936 -

Hoy me recuerdas a él en esa foto
-abril, 1936, en bata, 
                                 y detrás,
una planta
en maceta de barro
que evidencia aún más el desamparo, que incrementa
el vacío-,
               la foto
en la que está ya con su Muerte retratado.

Misteriosamente
la capturó la cámara apoyada en sus hombros,
velándole los ojos de tristeza infinita.
De no podré seguir. Llegué
hasta aquí, eso es todo.

Tan lejos la mirada. Tan adentro.

¿Qué veía?,              
                   ¿multitudes
que orinan y vomitan?, ¿el cáncer
que a medianoche recorre de puntillas
el infinito pasillo blanco, desinfectado,
del hospital?, ¿al joven
probándose ante la luna del ropero
un evanescente cual neblina, frágil como río escarchado,
largo velo de novia?  

¿Qué escuchaba?,
                            ¿el aplauso
del público a cada latigazo que recibe
con estambres de orquídeas aún sin polinizar?
      
¿Qué sintió?, 
                    ¿aquel ángel
besando la mejilla
del hombre que lloraba en el último banco de la escuela?,
¿el imposible sueño compartido
con ese camarada que abrió el torso desnudo al dolor del leopardo? 

No, 
su mirada más lejos, abismal, 
presentía más hondo.
Y Ella ya estaba allí,
un casi imperceptible escalofrío, 
el roce de sus labios en la nuca.

Y tú estabas también
en esa foto a solas con la Vida: eras
ya este poema que hoy te escribe
y le escribes: 
                     corona
de espinas y luciérnagas hiriendo luminosa tu cabeza.

 ( De Matar poetas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2019 )

INTENTA EXPLICARME CÓMO SOBREVIVIR A LA NOCHE

Cada noche intentas sobrevivir a la noche.
Continuar vivo al alba.  

Es heroico
cuando tantos fantasmas recuestan la cabeza en tu almohada
dispuestos a soñar tu mismo sueño, a entrar sin alma en él.

Resulta amenazante
comprobar cómo tanta quietud, tal inmovilidad, deja
un largo rastro de agonía a su paso
como si la Nada barriese -te barriera- con esa fastuosa
cola de ojos abiertos de los pavos reales.

Cada noche, al entrar en las sábanas, procuras      
no despertar las sombras, no provocar recuerdos a su tacto
vano. De sombra.
                           En postura fetal
buscas permanecer huido y sin memoria.

Ser tan sólo tu propio exoesqueleto.

No es sencillo ahora que libre ya caminas
por un mundo que, asúmelo, 
va a desaparecer sin esperanza, sin ideales, sin un adiós,
sin ti. Contigo.

Sabes que no hay eternidad para quien no fue amado.
Ni habrá inmortalidad para quien sueña solo.

 ( De Matar poetas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2019 )

INTENTA EXPLICARME EL NO A PARÍS

Nadie debe saberlo,
es un secreto:


                     todos conocen París,
yo no.


          No me interesa
si no pude a los veinte.

La luz será
azogue derramado
del ¡ay! herido que danza en sus espejos.
El aire,
la sonrisa más dulce de otro aire
que revive tus eternas esperas, que recuerda
la sorpresa que no llega jamás.
Que tienta con traición
charmante, encantadora.
                                       Será
osadía o no, esa revolución o no,
el no y la resistencia.
                                 El mar
de olas azules bajo los adoquines.

Y por los puentes, 
mon coeur
por los ojos insomnes de los puentes,
mayo respirará tan puro que los besos, los amantes, los besos… 

Yo no viví
aquellos días de victoria, mon coeur, sobre la muerte. 

Yo no tuve veinte años en París.
Yo no quiero ir a París si no es enamorado.

 ( De Matar poetas, Fundación Lara, Vandalia, Sevilla, 2019 )

Enlaces a Críticas del libro: Matar Poetas:

Selección de opiniones de la crítica literaria sobre la obra de Juan Cobos Wilkins

“Belleza de lo maldito o lo perverso. En este escritor hay una constante orgía de sensaciones. Táctiles, olfativas, visuales y hasta gustativas.” Rosario Hiriart (Ínsula) 

“Mientras tuvimos alas es un libro mágico, excelentemente escrito, lleno de referencias culturales que vertebran la educación sentimental de una generación, sobriamente lírico y tiernamente irónico.” Ana María Moix ( El País )

“Poemas en rítmico verso libre, mezclan una muy honda experiencia de la soledad con el verbalismo contenido de la mística sensualizante. Cobos Wilkins llega a la transparencia, casi al temblor solo...” Luis Antonio de Villena ( El Mundo )

“El poeta consigue una voz despejada y precisa en el nombrar y, a la vez, con capacidad de dotar a la evocación de una magia que seduce y emociona. Cobos Wilkins confirma una voz personal, sin relación visible con las corrientes poéticas dominantes.” Manuel Rico ( El País )

“Un canto a la vida de una gran tensión verbal y un alto voltaje emocional. Pero también el fruto de una indagación en los límites y posibilidades de la poesía y el propio lenguaje. De ahí su importante dimensión metapoética.” Luis García Jambrina ( ABC )

“Configura una realidad donde la oscuridad y la luz son como alas dobles de un solo ángel hecho de la misma materia que nuestros sueños... y que mostrarán al lector un universo original y penetrado por el deseo, la destrucción y la muerte...” Joaquín Arnáiz ( La Razón )

“Como decía Breton, el único destino de la belleza es ser convulsa. La que evoca Juan Cobos lo es. Sin duda alguna.” Héctor Márquez ( Mercurio )

“Todo en Juan Cobos Wilkins es una elegancia del espíritu y una escueta finura personal, una delicadeza en la expresión que impregna por igual todos los escritores que hay en él.” Joaquín Pérez Azaustre ( Reloj de Sol )

“Junto al misterio susurrante de una parte de la lírica arabigoandaluza ha colocado la pólvora indiscriminada de la pasión; frente a la savia ardiente de la memoria, la cobra de la muerte, sobre la realidad, el cifrado bosque de la imaginación.” Antonio Lucas  (Revista Atlántica )

“Su secreto es que no ha perdido el asombro del niño. (…) Él ya tiene un mundo propio gestado libro a libro. Un atlas de metáforas para insomnes, de metáforas audaces, de azares inquietantes que surgen en el recodo de la vida cotidiana para quien sepa atraparlos. Eva Díaz Pérez ( El Mundo )

“Uno de los poemarios (Para qué la poesía) más estremecedores y necesarios de los últimos años.” Jesús Aguado ( Mercurio )

“Conviven en su prosa el cuidado del poeta con la eficacia del narrador. La distinción elegante de lo british con el gusto por el preciosismo y la metáfora llameante de lo andaluz. El interés por lo real con el amor por lo fantástico.” Juan Bonilla ( El Mundo )

“El autor avasalla la gramática, remodela las palabras, encadena los pensamientos a sus ideas libres y, con todo ello, va dejando una memoria inteligible del universo lírico.” Manuel Quiroga Clérigo ( El rincón del libro )

“Esta poesía llega al alma de quien la lee. El autor es un excelente poeta con una gran capacidad de creación. Quien lea estos poemas disfrutará visceralmente y se sentirá distinto después de haberlos leído.” Enrique Villagrasa ( Turia )

“Tras la lectura completa (de Biografía Impura) reconozco que es lo mejor de su poesía, este libro es muy difícil de superar, lo tiene todo.” Javier Sánchez Menéndez ( Sin esperanza, con convencimiento )

El mundo de Cobos Wilkins estremece de belleza, sutil, convulso e inquietante como un río cárdeno de órganos orbitando en los anillos de Saturno, y a su vez tierno y delicado como el aroma de las lilas en primavera. Su poesía es un diálogo constante entre ángeles y mantis, un pulso entre la muerte y la vida que desemboca en un lugar sin fronteras donde habita el dolor propio y de los demás. Una autodestructora redención o una continua metamorfosis hacia la luz. Carlos Fernández Martín.

Blog del poeta Antonio Ángel Agudelo: http://aagudelomartinez.blogspot.com.es/

Antonio Ángel Agudelo
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