ENTREVISTA A LA SEÑORA MARLENE BESDANSKY

Visítame Magazine, quinta edición

“Mi casa es aún un consulado ambulante”

Conocida en su entorno por una exitosa carrera diplomática, hoy entrevistamos a Doña Marlene Besdansky, ex-cónsul de Costa Rica en el Estado de Nueva York, que ha dedicado gran parte de su vida a la consolidación de la integración de la población latina en los Estados Unidos de América. Su amplia trayectoria está marcada por la solidaridad entre los pueblos y el eminente protagonismo que otorga con su presencia al papel de la mujer costarricense y por extensión a la mujer latina en la cultura anglosajona. Una vida solidaria y una faceta humana generosa y sensible, siempre dispuesta a ayudar a los más desfavorecidos, luchando en pro de su comunidad.

—Señora Besdansky, cuando era niña, ¿se imaginó alguna vez que llegaría a ser diplomática? ¿Se sentía atraída por profesiones altruistas en las que primase la ayuda a otros ciudadanos antes que el éxito propio? 

La carrera diplomática no era algo que contemplase ya desde la infancia, pero el espíritu altruista me lo inculcó mi madre. Soy la hija número 13 de una gran familia hispana. Nací en un pueblo de Costa Rica. Allá la vida es solidaria. Tanía carisma de líder y dirigente incluso ante mis hermanos mayores. Mi padre confiaba en mí y yo participaba en todo lo que podía dentro de mi familia y mi comunidad. Estudié en un colegio de monjas que casi me expulsan por alborotadora. Me gustaba mucho bailar y organizar fiestas. Hacía muchas cosas. Comencé como guía política, acudiendo a reuniones, viendo votaciones y pronto tomé el relevo de mi padre, aunque me daba cuenta de que manteníamos posiciones ideológicas diferentes. Por razones políticas tuvimos que abandonar San José y yo me preguntaba qué ocurría con el partido al que pertenecía mi padre, qué tenía de malo… Nací y crecí oponiéndome al partido de mi padre, era (para su asombro) una opositora. Y en ese partido permanecí hasta hoy. Después continué como estudiante y universitaria hasta que el presidente Daniel me fue conduciendo hacia puestos más altos, de mayor representación y responsabilidad. Fueron años muy interesantes en el Congreso y el Senado de Costa Rica. Había mucho respeto. Y a pesar de ser una mujer joven nunca sufrí ataques de ningún tipo. Hasta que me agotó la política activa y dejé el congreso. Mi primer esposo murió y necesitaba un cambio de aires. Me fui a Nicaragua y allí comenzó mi labor diplomática. Mis hijos eran pequeños y necesitaba otro ritmo y otras metas. Luis Alberto Monje, amigo personal, me tenía un cariño especial. Él me envió como vicecónsul a Nueva York. Así comenzó mi aventura neoyorquina. Joven, viuda y con dos hijos. Óscar Arias me ratificó y ascendió en mi carrera. Pasé de vicecónsul a cónsul. Y tuve una iniciativa novedosa: unir a los cónsules centroamericanos de habla hispana para poder luchar juntos por sus pueblos, por sus problemas de inmigración. Nosotros somos secretarios de nuestra comunidad. Fue un paso muy grande y conseguimos que el alcalde se fijara en nosotros. El diario La Prensa me nombró ‘Mujer del año’. Luchamos mucho por nuestros ciudadanos y se consiguieron grandes logros en materia migratoria y en beneficios para la comunidad centroamericana.

—¿Durante cuántos años ha trabajado como cónsul de su país, Costa Rica, en la ciudad de New York? 

Quince años. Antes Nicaragua, en el 64. Regreso a Costa Rica, muere mi esposo y de ahí a Nueva York, en donde llevo a cabo la labor diplomática más intensa de mi vida.

—¿Qué tipo de problemas o conflictos solucionaba su consulado habitualmente? 

Todo ha cambiado mucho. En mi época se ayudaba mucho a la comunidad, se ponían sellos gratuitos. Ahora hay que traspasar muchos más barreras y todo es más caro. Me interesaba mucho la vida de los presos, dependiendo de cada caso, fuera y dentro. Visitaba cárceles, hospitales y escuelas, siempre han sido mi prioridad. La escuela al principio era muy precaria. Hubo que esforzarse por modernizarla. En mi época los sellos y muchos documentos eran gratuitos y se otorgaban con cierta facilidad. No a cualquiera, claro, pero todo era más sencillo. Ahora la burocracia es mucho más compleja y costosa. Tuve especial cuidado con la vida de los presos, dentro y fuera de prisión, eran vidas muy difíciles y tiempos muy complicados.

—A lo largo de su trayectoria diplomática, ¿recuerda algún caso especialmente emotivo en el que la ayuda consular haya resultado decisiva en la vida de algunas personas? 

Una vez me tocó atender a una muchacha muy linda, novia de un personaje importante, miembro de una buena familia costarricense, muy respetable. Acudió a Nueva York para visitar a su novio. Él estaba preso y al acudir a su encuentro la intentaron implicar. Sí recuerdo que fue un caso delicado, hubo que demostrar que era inocente, sacarla de la cárcel, documentarla y traerla a Nueva York, de ahí devolverla a Costa Rica.


Hubo también otro caso muy singular. Un día llegó al aeropuerto un niño negro, perdido, enfermo, al que tuve que proteger y cuidar hasta que se restableciese su salud. Yo al verlo pensaba que era negro, pero al fin se dio un baño el niño era blanco, rosadito… una de las experiencias más tiernas de mi vida. Venía muy malito y se quedó en mi casa hasta que se logró su recuperación. Luego volvió con su familia.

—¿Es muy numerosa la comunidad costarricense en el territorio que atiende su consulado? 

Sí. No somos un país que emigra para quedarse. La gallina de los huevos de oro se acabó. Hay ciudadanos que vienen en verano, trabajan y se van. La mayoría regresan. Por supuesto hay familias establecidas que llevan años en Nueva York, pero los que llegan últimamente sólo trabajan en verano, ganan dinero una temporada y después regresan a su país.

—¿Resulta difícil para una mujer latina alcanzar el éxito en un país anglófono como Estados Unidos? Con el paso de los años, si observa su camino en un espejo, ¿considera que ha sido complicado para usted llegar a la meta o todo lo contrario? 

No hay nada fácil. Pero EE. UU. es un país de oportunidades. Si trabajas duro y logras recorrer el camino adecuadamente consigues tus metas. Yo tuve buenos guías. Me siento orgullosa de representar a la mujer costarricense. Mi papel ha sido destacar los valores de esta mujer: honesta, trabajadora, leal y sensible. No es fácil ni difícil. Mi casa sigue siendo un consulado ambulante. Sigo solucionando muchos problemas habituales, pongo amor a detalles complejos, como la repatriación de cuerpos. Hay circunstancias muy duras en este aspecto. Había que moverse mucho para recaudar dinero y poder enviar los cuerpos de las víctimas íntegros a sus madres. Hay que ser sensibles. La labor de un cónsul entonces era muy satisfactoria. Ahora hay menos humanidad. Pienso que los nuevos diplomáticos deberían realizar cursos que los preparasen para afrontar su tarea de forma más humana, más sensible, porque somos los encargados de servir a nuestra comunidad en situaciones de emergencia.

—La incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha supuesto que muchas de nosotras tengamos que hacer malabarismos para poder conciliar nuestra vida laboral con nuestra faceta familiar. Tendemos a pensar que nos perdemos un tiempo esencial de la existencia de quienes amamos. Usted parece una mujer de raíces, ¿le ha resultado difícil compatibilizar su labor diplomática con su papel de madre, esposa y abuela?

No, la verdad es que no… Yo vine viuda y encontré aquí a mi actual esposo, un judío maravilloso de buen corazón. Él me ayuda cada domingo a preparar café para personas sin hogar. Siempre ha estado de acuerdo en ayudar a los demás y mis hijos han crecido en este ambiente. Yo le debo mi éxito a mi familia. A todos. Si algún miembro no estuviese de acuerdo, la armonía se rompe. Todo lo que he logrado ha sido gracias al apoyo constante de mi familia. Compartimos el mismo sueño y los mismos valores.

—¿Es cierto que usted vivió una especial y profunda amistad con la Madre Teresa de Calcuta? Por favor, si es así, háblenos de ello. 

Fue una de las experiencias más bellas de mi vida. Cuando llegó a Nueva York, no me podía creer que fuera a conocerla. Ella y un grupo de hermanas querían ir a Costa Rica a visitar a una familia. A través de una hermana la conocí, fue en el año 87, cuando me llaman para decirme que la Madre Teresa me invita a desayunar. Me citaron a las 5 de la mañana. Me sorprendió lo temprano, pero acepté encantada. Quise llevarle la flor nacional de Costa Rica, la orquídea morada. Mi marido y yo la buscamos durante horas. Tocar sus manos fue una experiencia muy emocionante, casi mística. Le propuse fundar un convento en Costa Rica y me dijo, ‘si usted me da una casa…’ Busqué un legado. Fue el mismo día que atendió a Lady Di. Nos cruzamos a la salida. La princesa de Gales iba de blanco. De ahí nació una gran amistad y yo seguí ayudándole en su convento del Bronx, donde hay mucha pobreza. Parece mentira en una ciudad como Nueva York, pero así es. Cada dos domingos mi esposo y yo la ayudábamos en el comedor y nuestra amistad duró años. Una vez quise regalarle unas sandalias. Me apenaba que caminase siempre con unas tan viejas. Ella me dijo: “ve y comprueba el precio de las más caras y me las regalas en comida”.  Aún conservo parte de algún rosario que me ha acompañado en momentos difíciles. La recuerdo con inmenso cariño.

—Estados Unidos es un país con un alto nivel de inmigración. Gran parte de esa población extranjera es de habla hispana. ¿La comunidad latina está profundamente integrada o tiende a formar sus propios grupos para mantener a salvo sus costumbres? 

Hay las dos cosas. Dependiendo de la población, unos pesan más que otros. Pero, aunque hay grupos, prevalece la unión, estamos unidos por nuestras raíces y nuestros derechos. Esperamos que no se expulse a muchos ciudadanos que ni siquiera conocen su país. ¡Han nacido aquí! Han crecido en estas calles… Se sienten norteamericanos. Muchos temen ahora ser deportados. La comunidad latina está muy presente y tiene mucho peso.

—Como mujer, ¿qué les aconsejaría a las jóvenes que hoy en día empiezan a luchar por sus sueños? ¿Existe una receta para el éxito?

 Perseverancia, amor propio, dignidad… yo fui siempre de metas, de metas muy rígidas, incluso cuando conocí a mi esposo. Y así fue desde muy pronto. Las mujeres tendemos a dejarnos llevar por el corazón, pero hay que dejar que decida la cabeza. Lograr un equilibrio entre emoción y madurez que nos permita alcanzar nuestros objetivos sin caer en demasiados problemas.

Muchísimas gracias por su tiempo y atención, Doña Marlene, ha sido un placer conocerla más a fondo a través de esta entrevista. Le deseamos una feliz estancia en España.

Marta Muñiz Rueda
Corresponsal en Europa

Marlene Besdansky 

  • Facebook - Black Circle

© 2017 by www.hildafusion.com   

  • Facebook - Grey Circle
  • Instagram - Grey Circle
  • Twitter - Grey Circle
  • YouTube - Grey Circle