Entrevista a Berta Pichel

Visítame Magazine, séptima edición.

“En el corazón de todos los seres humanos laten recuerdos que están ligados a la tierra que los vio nacer.”

Berta Pichel nació en El Bierzo en 1951, en el pequeño pueblo de La Portela de Valcarce. A los doce años se trasladó a Barcelona. Estudió en un internado de San Cugat del Vallés, en el que había una extensa biblioteca que fue su refugio durante sus años como estudiante. Desde entonces vive en Cataluña. Se licenció en Geografía e Historia, en las especialidades de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad  Central de Barcelona. Durante más de cuarenta años ha ejercido como profesora de Historia y Literatura en varios centros de Cataluña. Berta afirma que sus alumnos le han ayudado a profundizar en el conocimiento y estudio de los seres humanos, despertando su interés por la Filosofía y la Psicología.

Se estrena en narrativa por la puerta grande, de manos de Ediciones B (Grupo Random House), con su primera novela: “Cicatrices de charol”, que acaba de ver la luz en todas las librerías de España este mes de febrero. Una historia de superación personal en medio de una España convulsa que se adentra en las entrañas de la cruenta Guerra Civil.

—Querida Berta, ¿qué tiene El Bierzo que jamás se olvida? No conozco a narrador berciano que no hable con orgullo de su tierra. ¿Por qué este paisaje marca tanto?

—Yo creo que en el corazón de todos los seres humanos laten recuerdos que están ligados a la tierra que los vio nacer. En mi caso, hay una atracción magnética hacia El Bierzo. Cuando recorro sus montañas, en especial las que circundan La Portela de Valcarce, nuestra cuna familiar, es como una experiencia muy espiritual. Los árboles, el río, el cielo, el aire…son espacios amados por mis antepasados. Hay un cierto sentir panteísta: unión con la naturaleza y con el espíritu de los ancestros.

—Antes de abandonar esta tierra mágica, es justo recordar que en ella han nacido grandes escritores y artistas: Juan Carlos Mestre, Antonio Pereira, Fermín López Costero, Gil y Carrasco, Manuel Cuenya, Carmen Busmayor… Algunos ya se han ido y otros siguen aportando obras muy interesantes. ¿Sigues desde Barcelona la trayectoria de tus paisanos, crees que ellos también forman parte de tu equipaje literario y sentimental?

—Todos ellos son escritores consagrados. Yo soy una escritora nobel, en lo que a publicaciones se refiere.

Siento una gran admiración por Antonio Pereira, de hecho en Cicatrices de charol le rindo un pequeño homenaje. También por Juan Carlos Mestre, por su poesía y por sus grabados; me asombra su gran talento. ¿ Y qué decir del referente de todos los bercianos, Gil y Carrasco? A los diecisiete años disfruté con “El Señor de Bembibre”. Me emocioné con la descripción  del paisaje y de la psicología de los personajes. En aquel momento, fue una obra que caló hondo en mí. También me atraen muchos los Mapas afectivos de Manuel Cuenya. A veces, lo sigo en su blog.

A Carmen Busmayor y a Fermín López Costero los conozco menos, pero prometo acercarme a su obra. Siento la muerte prematura de Fermín López.

Por otra parte, a mi modo de ver, César Gavela ocupa un buen lugar en ese elenco de escritores bercianos. 

“Cicatrices de charol” está ambientada en Ponferrada y en el Bierzo en general en una época difícil para España, el comienzo de la Guerra Civil. Tú te trasladaste a Barcelona siendo casi una niña. Todos esos recuerdos, el mundo rural que retratas, ¿son recuerdos heredados de tu familia? 

— Aunque yo “tengo el corazón partido” entre El Bierzo y Cataluña, siempre vuelvo a la tierra. Cada año la visito, como mínimo, una vez. Por razones sentimentales aún conservo la casa de mis padres en Ponferrada.

El mundo que refleja la novela se asienta, fundamentalmente, en tres raíces: el paisaje amado y vivido;  el conocimiento de la historia con un interés específico por los años treinta y la empatía hacia las vivencias de la gente.

Es evidente que las vivencias personales acompañan y sustentan la creatividad.

—La protagonista de la novela, Nía, es una joven que sueña con ser actriz, pero sus circunstancias personales, dificultarán mucho que alcance su sueño: una madre conservadora, un entorno represor… ¿Quién despierta a Nía?

—Ella misma, su crecimiento personal, sus deseos de libertad. También, los nuevos aires y valores de la época que le tocó vivir. El advenimiento de la II República en España impulsó con fuerza el ansia de libertad y de justicia. Las mujeres tuvieron un papel importante en ambos aspectos.

—El amor y la historia yo diría que son los ejes centrales de una novela escrita con pasión y esmero. Destacan las descripciones cuidadas del contexto que rodea a los personajes. Podríamos decir que “Cicatrices de charol” es un mosaico de costumbres. Supongo que el hecho de ser profesora de historia te ayudó a configurar el ambiente. ¿Es así?

—Claro, así es. Conocer un poco el pasado ayuda a situar a los personajes en el contexto, en su “circum stancia” que diría Ortega. 

—¿Tiene algo o mucho de autobiográfica esta novela? ¿Te identificas con Nía?

—En absoluto es autobiográfica. Aunque en la España de los años treinta vivieron mis abuelos y mis padres. Aquella España cuyas  ideologías enfrentadas tejieron odios y violencia, en la que murieron amistades y se fracturaron familias. Admiro en el ser humano la fuerza, el tesón, el no rendirse jamás en la búsqueda de la felicidad, de la libertad, de intentar conseguir aquello que ansiamos. Sin rendirnos, a pesar de las dificultades. En este aspecto, me identifico totalmente con la protagonista. También en el convencimiento de que el amor es una de las grandes fuerzas de la vida por el que vale la pena arriesgar.

—La novela pone de manifiesto la difícil situación de marginación en la que vivían las mujeres de aquella época. ¿Crees que hemos avanzado mucho o aún nos queda demasiado por conseguir?

—La pregunta da para una tesis doctoral. Se ha avanzado, qué duda cabe, en derechos. El más importante, a mi manera de ver, el derecho a la educación, base y pilar de toda sociedad avanzada y más justa. El camino por recorrer aún es largo y sinuoso.

—¿Quiénes son tus personajes favoritos de la novela y cómo se acercaron a ti?

—Si tuviese que elegir uno sería Miguel, entre los varones; Nía y Rita como símbolos del mundo femenino de la época.

No explico más razones porque no quiero convertirme en spoiler de mi propia obra.

—¿Crees que existe una literatura femenina o que, por el contrario, la literatura no es una cuestión de géneros?

—La literatura es creación, arte. Pienso que el género no tiene, en este caso, un peso específico. Pero hay maneras de “mirar lo que miramos” y ahí, en el foco, es donde quizás encontremos una cierta complicidad femenina.

—¿Hay ya próximo proyecto literario a la vista? ¿Es confesable?

—Sí. Estoy trabajando en mi segunda novela, absolutamente diferente a Cicatrices de charol. Confieso que esto de la promoción de tu obra me ha pillado un poco de sorpresa y me resta tiempo de escritura. En todo caso, lo importante es vivir el momento y vivirlo con intensidad.

Muchísimas gracias, querida Berta, por dedicarnos tu tiempo y tus palabras. Te deseamos muchísimo éxito en la gira que llevarás a cabo con tu novela en varias ciudades de España. En nombre de “Visítame Magazine”, mucha suerte. 

“Vivir con pasión siempre deja cicatrices”

Berta Pichel. “Cicatrices de Charol”, Ediciones B, 2018

Marta Muñiz Rueda
Corresponsal en Europa

Berta Pichel

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