ENTREVISTA A PRESINA PEREIRO

Visítame Magazine, octava edición

“El feminismo occidental debe renovar su argumentario”

Nació en Málaga y allí vive, absorbiendo todos los colores y aromas de Andalucía. Presina Pereiro es ante todo escritora, mujer; mujer preocupada por los problemas que afectan a la población femenina. Se licenció en Filosofía y Letras y se especializó en Historia del Renacimiento en la Universidad de Málaga. Obtuvo una beca del CSIC que le permitió investigar y bucear en la España de Felipe II: sus luces, sus sombras, la época de Garcilaso de la Vega, la novela picaresca, el Greco, Tiziano, la música de Antonio de Cabezón y Tomás Luis de Victoria, un espacio temporal impresionante que Presina sabrá aprovechar como contexto de algunas de sus obras.

Por su gran bagaje histórico resultan fascinantes sus recreaciones de ambientes, auténticos decorados construidos con palabras.

Además de haber realizado numerosas colaboraciones y artículos, Presina Pereiro ha escrito hasta ahora cinco novelas y varios relatos (uno de ellos publicado en la anterior edición de “Visítame Magazine”). Entre sus novelas publicadas podemos encontrar en librerías “No dejes de buscarme” (Ediciones Albores 2016, Ediciones del Genal 2017) y “Crónicas del mal amor” (Ediciones del Genal 2017). Próximamente publicará “El otro lado del cristal”.

Presina no sólo expresa su inquietud artística a través de la literatura, sino que pinta y es una apasionada de la fotografía, los viajes y el cine. Su estilo es claro y directo, muy profundo y contundente, sin retórica hueca ni artificio que pueda servir de distracción. Y sin embargo también logra crear una literatura de sensaciones. 

Todos sus personajes son interesantes, aunque si nos tuviésemos que decantar por alguno, quizás los femeninos salen ganando. Su prosa destila verdad e ingenio y sabe a Andalucía.

—Normalmente un escritor escribe en realidad toda la vida, pero ¿en qué momento decides dedicarte a la literatura de un modo, digamos, profesional? 

—Tienes razón, como casi todos los adolescentes escribí poemas. De ahí pasé a la Historia, a plasmar en papel los resultados de mi investigación. Más tarde me dediqué de lleno a la literatura: doce o trece años de trabajo en solitario antes de decidirme a publicar. En este sentido me considero afortunada, tuve la oportunidad de formarme despacio, sedimentar, construirme un universo sólido donde refugiarme, “una habitación propia”, como diría V. Woolf, una habitación propia en todos los sentidos.  Acumulé experiencias vitales, lecturas… muchas lecturas. Escribí lo que quise, reescribí, guardé los manuscritos y temí que jamás seria profesional si eso suponía ineludiblemente publicar. Tardé en decidirme a mostrar mi trabajo. Creo que les sucede a muchos escritores. No sé si esto contesta a tu pregunta. 

— ¿Dirías que tus novelas respiran los sonidos y los aromas de tu Málaga natal? ¿Hasta qué punto nos persiguen las raíces?  

—Preguntar si las raíces me persiguen es una bonita manera de hacerme bucear en mi interior; y sí, estoy segura de que le debemos mucho al lugar de dónde procedemos.  Soy malagueña, crecí  en Málaga y ahora vivo en esta preciosa ciudad,  no es extraño que  sus sonidos, sus olores, su  luz…,  de alguna manera,  se  asomen a las páginas de mis novelas. En casa de mis padres las raíces eran anchas: Madrid, Buenos Aires, Galicia, Cataluña…, y a veces me pregunto si las lecturas, los viajes, la observación, las propias reflexiones, no conforman raíces; si escribir, si vivir en tantas vidas no desvincula al escritor de la propia y lo dota de raíces diferentes.  Creo que escribir es un trabajo solitario y exigente en el que las prioridades personales pasan a pertenecer a la creación y los únicos límites son los identitarios.  

—En tu novela ‘Crónicas del mal amor’, María, una esclava otomana, es vendida a un comerciante de Castilla. La historia de María está inspirada en un documento real que tú encontraste en una de tus investigaciones en archivos históricos. ¿Resulta muy difícil escribir bien novela histórica? ¿Es un reto inconmensurable lograr sumergir al lector en la España renacentista? 

— Mis dos últimas novelas tienen registros distintos a las anteriores; sin duda las dos se circunscriben a un marco temporal determinado por hechos puntuales, pero en ambas el eje es un mundo íntimo de dudas existenciales y emociones casi metafísicas. Después de esa experiencia podría decir que la novela histórica, sólida, acreditada, requiere una previa y concienzuda investigación historiográfica.  “Crónicas del mal amor”, es fruto de cuatro años de investigación en fuentes directas, análisis de autores del XVI y de las últimas tendencias historiográficas sobre el periodo. La novela existencial es fruto de lecturas reposadas y asumidas; en mi caso, le deben mucho a Dostoievski, a Camus, a Kafka, a Pessoa, a Saramago, a Woolf, a Austin… En “No dejes de buscarme” se mezclan ambos conceptos. Sumergir al lector en cualquiera de esos escenarios  constituye  un reto  distinto  pero no menos apasionante. Para mí, ha sido más laborioso tratar de introducirlo en el Renacimiento, más difícil conducirlo por la crudeza de épocas recientes sin herir sensibilidades; más angustioso intentar adentrarlo en la crítica a la actualidad y en el viaje por el interior de los protagonistas.   

—En la España actual no hay esclavas, al menos no de esa índole. ¿Seguimos las mujeres occidentales siendo esclavas de otra manera?

—Hay muchas maneras de ser esclavo, lo son los hombres y mujeres cuya supervivencia compete a elementos ajenos.  Supongo que, en la España actual, en Occidente, no es posible hablar de la situación sino de situaciones de la mujer; nada tienen en común las circunstancias de una abogada de prestigio en Nueva York con las de una campesina del sur de Rumania. La más necesitada será la más esclavizada. Más allá de Occidente hay muchos países en los que la situación de la mujer no dista mucho de la que relato en Crónicas…, eso es muy preocupante.    

—En tu anterior novela, ‘No dejes de buscarme’, realizas un mosaico realista y singular de la España contemporánea. Sagas familiares que abarcan diferentes generaciones permiten revivir a través de cada personaje diferentes épocas y sus vicisitudes. De la posguerra incivil a la transición y la democracia. La historia sin duda es un telón de fondo que dominas muy bien y enriquece tu obra. En este libro manejas tramas simultáneas. ¿Fue complicado estructurar esa madeja? 

—Lo fue. Son dos historias disímiles que convergen.  Dos épocas que se unen en un mismo objetivo: cuestionar el sistema.  Narrarlas de forma paralela, vincular personajes a través del tiempo, plasmar el mismo escenario en dos momentos distintos, fue complicado. Utilicé el recurso de la analepsis ordenada en capítulos secuenciales.  Resultó     inquietante y  enriquecedor.     

—El hecho de escribir novelas con un contexto geográfico e histórico tan bien definido, ¿te hacen sentirte una escritora testigo de su tiempo?

—Todos somos testigos de nuestro tiempo, de nuestro entorno.  Es cierto que el estudio de la Historia  permite una visión globalizada y  ecuánime  y  que a través de la literatura es posible reflejar una época… nada más.  El resto lo dejo en manos de los historiadores. 

—Y hablamos mucho de historia porque en tu caso es un privilegio, pero en tus novelas también hay amor, suspense, sensualidad, misterio… ¿Te molestan las etiquetas que usualmente se usan en narrativa (‘Romántica’, ¿‘Histórica’…)?

—¿Hay vidas históricas, vidas románticas, vidas de intriga, vidas negras…o solo vidas? En mi opinión la  tarea literaria  tiene como único objetivo analizar la naturaleza humana. Eso creo. Quiero escribir, sobre la esencia de los personajes considerada en su totalidad y envuelta en cualquier contexto, histórico o no, y quiero hacerlo con seriedad y perspectiva. Pero no olvido que también soy historiadora, que amo la historia, que la considero imprescindible para comprender el comportamiento humano en cada momento histórico.  Creo que no me molesta más que cualquier otra etiqueta. 

—Presina Pereiro es una mujer que ha logrado conciliar vida laboral y profesional con actividad literaria y con una actitud comprometida socialmente. Se considera activista, feminista… ¿El siglo XXI será el siglo de la mujer o no será?

—Espero mucho del siglo XXI, conquistas generales; me permito el lujo de ser utópica e imaginar un mundo justo para todos.  Por supuesto  también para la mujer,  para todas las mujeres, aunque creo que para conseguir logros generales en clave femenina,  para que el siglo XXI  pueda ser el siglo de la mujer,  el feminismo occidental debe renovar su argumentario. 

—En el ámbito literario, ¿crees que las mujeres hemos alcanzado igualdad de oportunidades respecto a los hombres en lo que a premios y publicaciones se refiere?

—No, taxativamente.  Las mujeres escritoras no dejan de demostrar  su  validez; es cierto que  algunas  ocupan un lugar que tiempo atrás era impensable,  pero igualdad,  aún no.  Creo que es evidente. 

—Tu próxima novela, “El otro lado del cristal”, ha sido seleccionada como finalista en un concurso y próximamente verá la luz. ¿Qué nos puedes adelantar acerca de ella?

—Es una novela del siglo XXI, que brinda distintas visiones de los problemas que más afectan a la sociedad actual.  Es una novela corta, una intriga basada en la obra de Tolstoi, Anna Karenina. 

“A su casa la paz sólo llevó soledad, tristeza y anhelo de encontrar algún día esas manos que abonaban la tierra.”

“Del color de la tierra y las uvas”. Presina Pereiro.

Marta Muñiz Rueda
Corresponsal en Europa

Presina Pereiro

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