Visítame Magazine, décima sexta edición

Entrevista a Carles Villalba, Ascen Monedero y Alfonso Volpini Por Pepa España Fernández

Carles Pérez-Villalba nació en Barcelona en 1955. Formado como psicólogo clínico, ha compaginado su vida laboral con otras profesiones como quiromasajista, monitor de karate, entrenador y juez de gimnasia artística. Alejado desde hace unos años de la ajetreada vida laboral, vive en un rincón natural de la península ibérica donde practica diferentes deportes, y donde encontró la paz necesaria para escribir la historia vivida por su abuelo y su padre durante la guerra civil española. Novela que no solo dedicó a su familia sino también a todas las vidas truncadas en aquel momento histórico de nuestro país. En la actualidad escribe su segunda novela.

Extracto Sueño... Sueños Rotos

—Capitán Pérez, le he mandado llamar para informarle que las mujeres han fallecido y que soltamos inmediatamente a Abd el-Krim y a sus dos hombres.
— ¿Al “Krim-inal”, señor? —respondí jugando con el nombre.
—No es un criminal, es un oficial musulmán.
—Señor, estaba quemando vivas a dos mujeres. ¿Qué tiene eso de oficial?
—Eso no es asunto de nuestra incumbencia. Es su ley.
—Con el debido respeto, señor; el Corán impone para esa culpa una pena de veinte palos, que aplicados con fuerza también implica la muerte, pero no dice nada de quemar a las mujeres vivas, además, no entiendo. ¿No es de nuestra incumbencia, de la incumbencia de caballeros, oficiales y seres humanos españoles el ver como queman vivas a dos mujeres españolas?
— ¿Españolas dice, capitán? —dijo poniéndose alerta.
—Señor, su identificación es un documento nacional de identidad español.
—Saharaui, en este caso.
—Sí, señor. Con las palabras Sahara en medio de la bandera española, señor.
—Pero hombre, ese documento es un documento de mentirijillas.
— ¿Me está usted diciendo que España es una mentirosa, señor?
—Capitán, basta. No es de nuestra incumbencia cuestionar aspectos políticos del Gobierno de España —me advirtió, usando la fuerza al no tener razón.
—Entonces, ¿qué es de nuestra incumbencia?
—España. Esa es nuestra incumbencia y nuestra fidelidad a las órdenes ―recalcó.
—Eso está para mí fuera de toda duda…
—Pues entonces acate mi orden —me cortó fulminantemente al darse cuenta de que empezaba a perder el control en la conversación.
—Sí, señor. No tengo ninguna duda en acatar sus órdenes, mi comandante; pero permítame que aclare mi situación, con el debido respeto.
—Siga, capitán.
—Abd el-Krim es el responsable del desastre militar del Gurugú y del que padecimos hace dos años en la Batalla de Annual. Murieron ocho mil hombres nuestros, dirigidos por nuestro general Miguel Fernández Silvestre que también falleció en esa batalla. Incluso a nivel político ese desastre propició la caída del Gobierno de Manuel Allende Salazar Muñoz.
—Efectivamente, capitán. Yo estuve allí.
—Lo sé, comandante. Entonces, con más motivos ¿por qué no se le juzga y se le ejecuta?
—No sé si sabrá usted que Abd el-Krim fue hecho prisionero por los franceses hace unos siete años.
—No lo sabía, señor. ¿Y eso que dice en su favor?
—Capitán, fue aprisionado por colaborar con los alemanes. Actualmente, España está pasando malos momentos en la relación con Francia y por otra parte, buenos con Alemania. Si lo detenemos nos enfrentaremos también con Alemania y eso no interesa. Además capitán, actualmente Abd el-Krim está colaborando con España en el proceso de pacificación de esta región. Es una baza muy importante para conseguirlo.
—¿Entonces ese vulgar asesino tiene carta blanca para hacer lo que le dé la gana con los seres humanos, solo porque está colaborando con España? Y eso suponiendo que esa colaboración no sea una artimaña más de ese infecto y depravado ser.
—Capitán, está usted poniendo en duda decisiones de alto nivel.
—Lo siento, señor. Solo quiero entenderlo pero… ¿estamos de verdad defendiendo los principios por los que hemos jurado lealtad a la bandera o estamos defendiendo los intereses particulares de alguien?
—¡Cómo se atreve, capitán!
—No me refiero a usted, señor. Es una pregunta, no es una objeción, ni un desacato, solo quiero tenerlo claro para poderlo argumentar ante la tropa o ante los civiles.
—No tiene que argumentar nada ante la tropa. Ellos solo tienen que obedecer.
—Por supuesto, señor. Parece fácil sobre el papel, pero la tropa está formada por hombres de la región, algunos conocen a las mujeres muertas ―no quise mencionar la relación de Hach con Aadab—, y algún argumento o explicación les debo. Si solo saben que les hemos soltado porque sí, podemos tener problemas, señor. Pensaran que somos cómplices en la quema de esas dos pobres mujeres. Solo quiero prevenir más problemas
—Capitán, estoy al corriente de que habla usted el idioma de ellos y por eso sabe usted dar las órdenes adaptadas a su manera de pensar. Solo por eso estamos manteniendo esta conversación y se la estoy permitiendo. Por ello y por mi simpatía hacia su persona que viene de lejos.
—Lo sé, señor. Es una deferencia que le agradezco y que me honra. Entonces, ¿señor?
—No sé qué decirle, capitán. Deberá usted buscar la fórmula para adaptar la orden a la idiosincrasia de la gente del lugar.
—Me deja a mí toda la responsabilidad de la explicación, pero yo no soy el que los suelta, señor. Y no es justo —dije notando que el comandante se aguantaba unos segundos la respiración—. Si de mí dependiese no dejaría en libertad a ese criminal. No puede ir por ahí quemando a mujeres vivas y quedarse tan ancho.
—Si puede, capitán. Usted conoce tan bien como ellos sus costumbres y sus leyes y dentro de sus leyes lo que ha hecho Abd el-Krim está plenamente justificado.
— ¿Plenamente, señor? ¿Eso quiere decir que si esa bestia decide quemar a cincuenta mujeres más de golpe y las coloca, por ejemplo, a los lados de un camino por el que pasamos nosotros en formación viniendo de una patrulla, hemos de seguir como si no oliésemos la carne quemada, ni escuchásemos los gritos de dolor de esa gente inocente, como si no fuésemos seres humanos y civilizados?
—Para ellos no es gente inocente —respondió algo irritado.
—Por el amor de Dios, comandante; pero para nosotros sí. Lo único que han hecho es flirtear con soldados españoles. Posiblemente algunas de ellas, por amor, por amor a los españoles, por amor a España, por amor a nuestra patria, a la que defendemos.
— ¡Se acabó, capitán! —dijo el comandante viéndose desbancado y perdido en la controversia—. Limítese a acatar las órdenes.
—No es la bandera, ¿verdad, señor?, lo que defendemos en este momento.
—Siempre es la bandera.
—Estamos defendiendo que si ese criminal no sale de la cárcel, puede ser que sus tribus y otras se rebelen y que entonces esos marqueses y oligarcas que tienen las concesiones mineras pierdan su dinero. Estamos defendiendo los intereses económicos de esa “gente” al precio que sea, aunque el precio sea el deshonor de la imagen del ejército…
—Capitán, no le permito. Esta conversación se ha terminado. Es una orden, cúmplala o aténgase a las consecuencias. Si sigue discutiendo lo consideraré desacato.
—Jamás le desacataré, comandante.
—Bien, capitán. Además, las declaraciones de Abd el-Krim no coinciden con su versión de los hechos. Alega que uno de sus hombres mató a dos de los suyos cuando estaban reducidos. —Abrí la boca—. No me interrumpa, capitán. No quiero saber nada más al respecto. Me voy a creer su versión, capitán. No deseo echar más leña al asunto. De todas formas, le voy a destinar a Intervenciones Militares por un tiempo. Queda relegado del servicio abierto, por el poco tacto demostrado en la detención del Abd el-Krim, porque pesa, a su favor, el no haberlo reconocido en un principio, porque no tenía que conocerlo, pero sí en su contra el resto una vez supo de su identidad. Sí, sí, lo sé, no tenía que creérselo, pero había otras formas y, además, capitán; ¡por el amor de Dios!, no se moleste por unos individuos que no son ni españoles, ni civilizados, ni católicos. Viven en la edad de piedra. No son ni seres humanos.
—Tiene razón, señor. No he tenido tacto.
Me cuadré, cogí aire, miré a los ojos al comandante y saludé militarmente. Acto seguido, giré unos centímetros y mirando fijamente a la bandera que tenía a mi izquierda tres segundos más, volví a saludar, expresando en este segundo acto que debía obediencia a dos partes, en ocasiones la misma, pero en esta ocasión dos partes diferentes. Era una acción que el comandante no podía cuestionar. Algo muy dentro de mí en mis conceptos y creencias sobre la monarquía, pues de ahí venía la orden, se había resquebrajado definitivamente. Cuando llegué a casa hice algo que no recordaba haber hecho antes: lloré.
—Luis, ¿qué te pasa?
—Aadab y Maha han muerto a consecuencia de las quemaduras.
—Lo siento…
—Y Abd el-Krim está suelto. Él y sus asesinos.
— ¿Se han escapado?
—No. Los han dejado en libertad. El rey los ha dejado libres. España los ha dejado libres, porque interesa económicamente a unos pocos banqueros y ejecutivos.
—No puedes ni debes hacer nada contra los intereses de España.
—Por eso lloro. Porque mi instinto de ser humano me dice que deberían estar como mínimo entre rejas, si no ejecutados. Porque debería seguir mi instinto.
— ¡Luis!…
—Lloro porque no voy a seguirlo, porque me siento cómplice de esa infamia, porque priman más los intereses de qué se yo, que sencillamente aplicar la justicia, porque la justicia no es igual para todos. Si en vez de llamarse Krim, se llamase Moustafá Menganito, ahora ya estaría muerto, porque si tienes poder o dinero, no hay leyes para ti.
—Eso lo dices ahora porque estás muy dolido. Pero mañana lo verás de otra forma.
—No Carmen, no. Yo creía que en este siglo XX ya habíamos alcanzado un equilibrio entre el bien y el mal. Que la justicia era igual para todos. Pero desde que el hombre es hombre, ha habido esta ignominia que se llama justicia. Una falsa justicia hecha e impartida por los poderosos, porque esa justicia no es para ellos. Fíjate que incluso en el siglo XVI, el papa León X promulgó una Taxa Camarae que era básicamente una tarifa promulgada por él en el año 1517, con el fin de vender indulgencias terrenales y celestiales, o sea perdonar las culpas a quien tuviera dinero y le pagara al pontífice. Ese papa, abrió las puertas del cielo, tanto a clérigos como a laicos que hubiesen estafado o violado, incluso el asesinato de un obispo estaba perdonado con la entrada al cielo previo pago de unos dineritos.
—No me lo creo.
—Pues mira, recuerdo incluso algunos precios: un sacerdote que desflorase a una virgen debía pagar dos libras. Si el que mata es un obispo 179 libras y si el asesinado era un obispo, el asesino debía pagar 131 libras. Y así hasta 140 conceptos, más o menos. Me acuerdo muy bien, porque me pareció gracioso que matar a un obispo era más barato que lo que el obispo debía pagar por ser él el asesino.
—Eso no lo sabía.

Ascensión Monedero Gutiérrez nació en Barcelona en 1964. Desde bien pequeña quiso ser maestra, como sus dos abuelos y su padre, así que cursó magisterio mientras trabajaba dando clases particulares y vendiendo ropa en una boutique de moda, hasta que finalmente consiguió ejercer su vocación. Desde hace 30 años enseña con el convencimiento de que tratando bien a los niños se trata bien al mundo. Sus dos hijos, de 25 y 23 años, son el centro de sus alegrías y de sus preocupaciones. Intenta siempre inculcarles que siempre que puedan ayuden a los demás y que persigan con esfuerzo y trabajo todos sus sueños. Tras el fallecimiento de su padre, sintió el deseo de escribir un cuento ambientado en el pueblo de Vianos porque fue allí donde disfrutó muchos veranos junto a él, su madre, hermanos, tíos y primos. El cuarzo misterioso es mucho más que un pequeño homenaje, es un recuerdo de su feliz infancia con su familia y amigos.

El cuarzo misterioso.

…No encontró tránsito y en la puerta solo estaba Álex, el guarda jurado con quien mantenía una buena amistad. —Hola, Álex. —Hola, Clara. ¿Qué haces a estas horas por aquí? —le preguntó extrañado. —Necesito que me dejes entrar, no puedo dormir pensando que me he dejado olvidado el colgante de cuarzo que me regaló mi madre. Si lo he perdido le voy a dar un buen disgusto. —Lo siento, Clara. Sabes que no te puedo dejar pasar. —Por favor, Álex... Acompáñame hasta las escaleras y desde allí yo ya me espabilaré. Llevo meses por aquí, tengo las llaves y conozco bien este recinto. Por favor... —Está bien, pero no tardes demasiado y ten cuidado. Sabes que no debería dejarte... —Shhhh, ¡vamos! Álex dejó a Clara en las escaleras que accedían al salón y se despidió advirtiéndole seriamente que tenía que apresurarse porque si pasaba algo él sería el responsable. —Confía en mí, Álex. Echaré un vistazo y enseguida saldré. Subió los peldaños de dos en dos, pasó rauda por delante de la taquilla y bajó la pequeña pendiente del salón de actos hasta llegar al escenario. Detrás de este estaba el camerino donde hacía pocas horas se habían maquillado y vestido. A la derecha, justo al lado del vestuario, estaba el lavabo de las chicas. Entró en los dos lugares y después de mirar y remirar, no halló su cuarzo. Aún le quedaba la posibilidad de encontrarlo en el almacén, el último sitio donde habían estado para dejar las ropas que habían utilizado. Allí también se guardaban los muebles y bártulos que utilizaban en las funciones. Estaba en la planta menos uno y por lo tanto tenía que coger el ascensor. “Ahora tendré que bajar hasta allí”, pensó mientras un escalofrió recorrió su espalda.

ASCENSIÓN MONEDERO GUTIÉRREZ

 

¿Por qué decidiste escribir?

 

Desde mi punto de vista, escribir no es tanto una decisión como una necesidad de expresar. Según el momento, escribo sentimientos, emociones, pensamientos, relatos cortos, cuentos breves...

 

A través de la escritura, prosa o poesía, he podido hacer un trabajo de introspección personal, de “limpiar” la cabeza. Cuando escribo, consigo ordenar la mente y liberarla de aquello que a veces la daña. En definitiva, me relaja.

 

Otras veces, sencillamente, he empezado alguna historia solo por el deseo de crear. Imagino una historia y unos personajes con una determinada personalidad, les hago evolucionar y enfrentarse a una vida que les invento. Cuando escribo, me gusta sentirme cómplice y amiga de algún personaje, maquinar los hechos que le suceden y pensar cómo solucionarlos.

 

Me gusta escribir porque me satisface sentir que tengo un objetivo final. Sé que para lograrlo tengo que esforzarme, ser constante y disciplinada. Es un gusanillo que te corroe por dentro y que, además, me ayuda a mantener la mente activa, ya que necesito generar nuevas ideas que vayan enlazando o, incluso, complicando el argumento.

 

Soy maestra. No me considero escritora. Por el momento soy autora de cuentos cortos y de un libro, pero sí siento admiración por aquellos escritores que crean arte con las palabras; imaginan historias que ayudan a entretener y a emocionarse con sus protagonistas, a reír o a llorar con ellos. Es sensacional poder transmitir, captar la atención de las personas y alejarlas de su cotidianidad para introducirse en diferentes vidas y realidades.

 

Los niños y los jóvenes son la cuna de la estima a la lectura. Debemos mecerla desde edades tempranas para que amen los libros. Los padres son el mejor ejemplo para ello y, también, desde el colegio, los maestros tenemos la responsabilidad de abonar un buen terreno lector: ofrecer variedad de libros, explicar cuentos, leer en clase…

 

Últimamente escribo por ellos y para ellos, para mis alumnos. Sé que algo puedo hacer para que aprecien la lectura. En clase, intento dedicar tiempo para que me expliquen sus preferencias a la hora de elegir un libro. Solo por el hecho de hablar sobre lo que leen o, incluso, cuando juntos inventamos en la pizarra un cuento, se les remueve la curiosidad y las ganas de leer.

 

¿Cómo surgió la idea de tu obra?

 

“El cuarzo misterioso” es un libro que surgió a raíz del fallecimiento de mi padre. Gracias a la escritura, me evadí de la realidad y canalicé la tristeza que no me dejaba avanzar.

 

Empecé el libro narrando un hecho que tenía similitud con mi experiencia personal, pero tejiéndola con fantasía. A partir de aquí fui concibiendo la historia e inventé unos personajes que fueron tomando identidad propia. Poco a poco, idee unos problemas que solucioné con la valentía y la amistad de unos chiquillos, ellos solos, casi sin poder evitarlo, se fueron introduciendo en un mundo de ficción. El resultado se forjó de hechizos, mucha aventura y misterio para atraer a niños y jóvenes con su lectura.

 

He escrito otros cuentos cortos cuyos personajes y argumento tienen en común la fantasía acompañada de los valores de la amistad y de la lealtad; de la constancia y de la energía para solucionar los problemas. Algún día me gustaría recoger estos cuentos en un solo libro.

 

¿Cómo encontraste nuestra editorial?

 

Conocí a Isabel Montes, la editora de Angels Fortune Editions, en Vianos, pueblo de Albacete. En este pueblo se centra la historia de “El cuarzo misterioso”.

 

Isabel se encontraba en Vianos con un escritor de nuestra editorial. Casualmente, yo estaba en la presentación de uno de sus libros y, cuando acabó, me acerqué a ella y le pedí si podía enviarle un cuento que tenía escrito. A partir de aquí todo fueron facilidades para ayudarme a editar el libro. Le estoy muy agradecida.

 

¿Por qué decidiste editar con Angels Fortune Editions? Tras tu experiencia, ¿recomendarías la editorial?

 

Isabel Montes me transmitió mucha confianza. Es una persona muy facilitadora y una trabajadora incansable, características que desde un inicio detecté y que, después de dos años en la editorial, he podido corroborar.

 

Decidí editar con Angels Fortune Editions gracias a ella. Las apreciaciones que hizo sobre mi libro, cuando lo leyó por primera vez, me parecieron muy acertadas. No aduló mi trabajo, sino que hizo crítica constructiva del relato y posibles propuestas para mejorarlo, pero con el gran reto de redondear mejor el final de la historia. Me supuso un desafío que le agradecí, porque tuve que reinventarme y no conformarme con lo que ya estaba escrito. Es importante tener humildad ante los consejos que te dan, creer en ti y en la capacidad de mejora que todos tenemos, si nos lo proponemos y ponemos empeño.

 

Después vino el trabajo de las correcciones y de la maquetación. Celia, la persona encargada de dar formato al texto, hizo un trabajo impecable con “El cuarzo misterioso”, ya que hay una doble trama y se tenía que elegir bien la tipografía para distinguir este doble argumento. También tuvimos que acordar el mejor lugar donde ubicar las ilustraciones.

 

Desde el inicio, y a medida que ha ido creciendo la editorial, Isabel Montes está luchando para promocionar a los escritores que están a su lado. Cada vez somos más los autores que estamos trabajando y, cada uno de nosotros, en la medida que podemos, luchamos por darnos a conocer y publicitar nuestra editorial.

 

Por supuesto que recomendaría la editorial. ¡Ya lo he hecho! En mi círculo de compañeros y amigos hay personas que escriben, les animo a ello y les recomiendo Angels Fortune Editions.

 

¿Qué ha ocurrido en tu vida desde que publicaste? Cuéntanos algo que no hayas contado hasta ahora en ninguna entrevista, una exclusiva.

 

Mi vida ha transcurrido con bastante normalidad. No obstante, Sant Jordi 2017 difícilmente lo olvidaré. No me esperaba que viniesen tantísimos niños al estand de la editorial. Me sentí muy querida y, a la vez, un poco aturdida. Los niños son un público muy agradecido, pero también pueden ser muy duros. En ellos no existe hipocresía; son lo que son y lo muestran. Es por todo ello, que les agradezco muchísimo que estuvieran acompañándome en ese día.

 

En general, escribo dirigiéndome a este público infantil y juvenil. Algo que te podría decir, que no haya contado en ninguna entrevista y que lo tengo arraigado, es que no quiero decepcionar. Me explico. Soy maestra y a lo largo de este curso escolar, los alumnos me han pedido que hiciera la segunda parte de , pero la falta de tiempo y de la tranquilidad necesaria para crear me ha impedido ponerme a escribir. Espero poder hacerlo ahora y que la imaginación, la tenga al cien por cien para que salga un nuevo libro con gancho; que motive su lectura; que los niños y los jóvenes pasen las hojas deseando saber qué sucederá a continuación. Por tanto, en exclusiva, mi ilusión y a la vez mi temor. Pienso que ambas cosas son compatibles y a la vez necesarias cuando existe una creación artística, sea la que sea.

 

¿Cuál es tu meta?

 

Mi meta es seguir mejorando. Sé que aún tengo mucho que aprender y corregir. Como maestra también tengo el objetivo de seguir motivando a los niños para que lean. Deseo que les guste siempre tener un libro entre las manos; una historia que seguir; unos personajes que querer; nuevos sentimientos que les emocionen y, a través de los cuales, les ayude a conocerse, objetivo que todas las personas deberíamos cumplir en todas las etapas de nuestra vida. Pienso que la lectura es un medio más para este conocimiento personal.

 

¿Qué proyectos tienes en mente?

 

Quiero acabar la segunda parte de “El cuarzo misterioso”. Me gustaría tener el libro para finales de año o, si puedo, antes.  

 

También me encantaría recoger en un solo libro los cuentos cortos que he ido escribiendo.

Alfonso Volpini Tondo nació en Madrid. Desde muy temprana edad siempre supo que su vida estaría unida al mundo de las artes. Trabajó en radio, periódicos y grupos de teatro hasta que una temprana paternidad le hizo abandonar sus aspiraciones, e iniciar su carrera profesional en el mundo comercial. La pérdida de empleo, la falta de su hermano y unos hijos ya mayores de edad, le devolvieron a su punto de partida y su verdadera vocación. Centrado en sus obras de teatro, guiones y dirección de cortos, se propuso un nuevo reto. El viudo del conde es su maravillosa ópera prima que le ha abierto de par en par las puertas al mundo de la literatura.

Novela del Romanticismo vs novela romántica a propósito del viudo del conde.

Una reflexión de Alfonso Volpini Tondo

El título puede parecer extraño, porque asumimos que son lo mismo. Vaya por adelantado que la presente reflexión no pretende elevar a ninguna por encima de la otra, tan solo diferenciarlas.

Cuando me puse a escribir El viudo del conde, no pretendía escribir una novela de ningún tipo. Sólo necesitaba transcribir la historia de todos aquellos personajes que llevaban viviendo en mi cabeza desde hacía casi un año. Indudablemente mi estilo es el que es y eso se refleja en mi manera de escribir. Fue una vez publicada cuando surgió la supuesta necesidad de catalogarla, por aquello de incluirla bajo alguna etiqueta. La categoría elegida por mayoría fue la de novela romántica y para más señas histórica. El viudo que seguía en mi mente empezó a soliviantarse, no se veía rosa si no más bien old fashioned.

El Romanticismo fue un movimiento artístico que se extendió por toda Europa, llegando después a América, en la primera mitad del siglo XIX, aunque empezó a finales del XVIII. Nació para contrarrestar los estereotipos estrictos de la Ilustración y el Neoclasicismo. Su característica revolucionaria fue la exaltación de los sentimientos per se. La creatividad se basaba en la originalidad y la individualidad, teniendo al autor como creador e impulsor del universo creado. Se sublimaba la diferencia frente a la perfección. La nostalgia de tiempos pasados personalizaba, ya no extrañaban la antigüedad, si no sus propias pérdidas. En resumen la libertad absoluta en aras de la creación personal sin límites para dejar de ser un producto consumible.  

Pusieron su mirada en parajes cercanos revisando la cultura popular, Grecia y Roma les parecían lejanas e inconexas, no les representaba. Nacieron las novelas de terror, las de leyendas, las de aventuras e incluso los folletines o novelas por entregas. Incluso el amor se volvió libre, no era necesario un matrimonio y si estaba, la pasión existía fuera de él. La Naturaleza cobró protagonismo junto con mitos grecorromanos y medievales. La belleza subjetiva era la Verdad aunque no fuera entendida por todo el mundo. La muerte cobró protagonismo como temática, ya no era considerada sólo como el fin, tenía todo un universo al rededor digno de ser relatado. El suicidio era interesante de plasmar, tanto que muchos de estos autores lo practicaron.

En resumidas cuentas la literatura romántica contaba con elementos distintivos como la naturaleza, los sentimientos sin importar la índole o precedencia, la muerte, los mitos, la originalidad y, por encima de todas las cosas, la libertad.

La novela rosa, a la que ahora se denomina romántica, es una variación o actualización mucho más normativa, de la novela del Romanticismo y del Romance medieval. Las historias escritas se basan en relaciones sentimentales. Sigue presente el amor libre aunque más antes del matrimonio que fuera de él.

Las absurdas definiciones oficiosas le aplican dos normas indispensables: Que se base en una relación de pareja, a ser posible complicada, y que tenga un desenlace positivo, lo que se dice un final feliz. Parte protagonista suele tener incluir sensualidad explícita, llegando a la sexualidad manifiesta.

Dichas definiciones asumen también que deben ser básicas y simples. En eso último discrepo y mucho. Como en todo nuestra sociedad patriarcal existe un denuesto del sentir frente al actuar. A parte de no sentir que pueda juzgar la calidad de ninguna obra que no sea mía, me parece generalizar en exceso. ¿Cuántas obras de otros estilos supuestamente más elaborados hieren con su simpleza?

Resumiendo, la novela del Romanticismo y la novela romántica aunque no son lo mismo, ni falta que hace. Viven de la expresión de los sentimientos, de dejar volar la imaginación a lugares en los que quisiéramos estar. Una revolución de los atributos definidos como femeninos que toda persona lleva dentro de su ser. Aunque creo que mucho distan de una revolución feminista. Quizás es el escalón que nos queda por subir.

Así que mi El viudo del conde es una novela del Romanticismo, aunque sea de las únicas escritas y publicadas en este siglo.

Alfonso Volpini Tondo

ENTREVISTA A ALFONSO VOLPINI TONDO

-¿Por qué decidiste escribir?

Realmente no lo decidí, después de muchos años de vida convencional en la que escondía mis inclinaciones artísticas, llegó un momento de parada. Me quedé sin trabajo y mis hijos ya habían abandonado el nido. Vivía sólo y tenía todo el tiempo del mundo. Me tomé un descanso de cotidianidad y me puse a escribir una obra de teatro, la terminé. No estaba satisfecho del todo, pero sí de haber llegado hasta EL FIN.

Justo entonces ocurrió el peor episodio de mi vida, aquel que eclipsó a todas las perdidas y duelos anteriores. Uno de mis hermanos murió. Un ser lleno de energía, que alcanzó sus metas, llegó a ganarse la vida con su pasión. Durante unos meses no fui capaz ni de escribir ni de absolutamente nada más que sobrevivir porque mi cuerpo seguía respirando.

Una vez recuperé la sensibilidad, por lo menos en los dedos, recordé lo útil que me hacía sentir escribir y volví a ello, en ésta ocasión me lancé a por una novela. Reencontré una de mis decenas de libretas y en ella estaba un pequeño relato de un día absurdo y sin destino vivido hacía unos meses paseando por mi ciudad, Madrid. En torno a ello me puse a escribir. En la distancia, he comprendido que necesitaba vomitar algunos sentimientos a la par que describir una idealizada vida. Yo no se las demás personas que escriben si hacen los mismo, pero yo imagino vidas que me gustaría vivir. Bien por situaciones que jamás me han ocurrido o por vestir de glamour las que sí me han tocado.

Aquella primera novela no estaba a la altura de llamarse tal. Pero también la terminé. A veces los artistas somos de empezar mil cosas y terminar tres. Haber llegado hasta el final en las dos empresas me hizo confiar en mis posibilidades. Incluso antes de empezar a escibirla me surgió la idea de la siguiente.

– ¿Cómo surgió la idea de tu obra?

Tal y como te comentaba, creo mundos en los que preferiría vivir. Tras una ruptura sentimental, hube de hacer el duelo, asumir la muerte de esa relación y, bruto como soy yo, lo sentí como una viudedad. Me imaginé cómo sería ser viudo. Como fue él el que me dejó, me apetecía jugar con los sentimientos encontrados de alguien que ya no está y todo lo obscuro que aportó. A los muertos todo se les perdono ¿O no?

Esa idea me rondaba por la cabeza, una semilla por germinar que no terminaba de tener contexto ni recorrido. Mientras tanto me dio por rememorar a mis clásicos indispensables y resultó que todos eran anglosajones, vamos, británicos y decidí que tenía que ser el ambiente. Casualidades de la vida, aprovechando que tenía tiempo, algo de dinero ahorrado y a mi mejor amiga viviendo en Nottingham, me fui a cople of weeks , a la Gran Bretaña. Me tenía unas cuantas visitas previstas, Cambridge, York, Leicester y la gran Londres. En la capital estuve veintitrés horas, de las cuales siete las dormí, pero fue la catarsis. Pasenado por sus calles llegamos a Nottingham Place y allí mi mente hizo un clic. De repente la idea original, las personas imaginadas, los sentimientos soñados, el primer párrafo redactado y todos los giros en la trama, encajaron. Allí debería ocurrir mi historia, en el 17 de Nottingham Place.

– ¿Cómo encontraste nuestra editorial?

Un muy buen amigo de mi época activista, Carlos Rodríguez, había publicado su segundo libro e iba a presentarlo en Barcelona para Sant Jordi. Él vive como a más de doscientos cincuenta kilómetros de mi casa y venía en el día del libro catalán a menos de cien kilómetros de mí. Fui, a verlo, a comprarle el libro, a que me lo dedicara, a darle la enhorabuena, a pasar un rato agradable con él y, de forma velada, a que me presentara a la persona responsable de su editorial.

Y así fue. Después del tiempo prudencial dedicado a su éxito le rogué que nos pusiera en contacto. Para gran sorpresa era La Editora, in person. Para mí resultó una visión, me presentaron a Isabel Montes, escritora, editora y propietaria de Angels Fortune Editions, una encantadora dama con un atuendo delicioso, propio de mi novela, un estilo tan british, que podría haber salido de las páginas de mi obra. Llevaba un encantador vestido floreado y su, eterna, sonrisa afable con visos de protección.

La felicité por su empresa y por contar con mi Carlos en ella y le imploré que recibiera mi obra. Su respuesta fue afable, sin compromisos. Quedamos que le enviaría las primeras páginas de mi manuscrito. Resultó un flechazo artístico.

– ¿Por qué decidiste editar con Angels Fortune Editions? Tras tu experiencia ¿recomendarías la editorial?

Yo que no doy puntada sin hilo, le envié material de la primera novela que había escrito, mitad por si acaso y mitad por medirla. Yo sabía que no estaba pulida para publicar y mucho menos los primeros capítulos. Pasadas unas pocas semanas me envió un correo que venía a decir algo así como que estaba encantada de haberme conocido, que parecía que podría tener talento, que lo que había enviado podría ser del agrado de mis amistades o podría ser vendible si ya tuviera una larga trayectoria, en definitiva que no me publicaba. Me había rechazado. No veía posibilidades aunque sí potencial. A ese correo le acompañó en tiempo real una llamada pidiendo disculpas y preguntando si tenía más material.

Yo ya tenía “El viudo del conde” terminado y a la espera de segundas oportunidades, como aquella. Había presentado las dos novelas a varias editoriales, en la única que respondieron, a la primera novela, fue que hiciera un curso de escritura creativa, Curso que hice, impartido por Carlos Rodríguez, que además de escritor es un profesor excelente y sigue en activo en La Escuela Online de Escritores de Angels Fortune Editions, como yo mismo. Así que le envié las primeras treinta páginas, he de confesar que dejé un par de meses de por medio por no agobiar. A la semana me llamó pidiendo, reclamando más. Por eso decidí que me publicaran, por el primer NO.

¿Qué si recomendaría la editorial? Pregunta con trampa. Obviamente que sí, si no no seguiría con ella. Lo que Angels Fortune Editions puede aportarte, además de uno de los nombres de editorial más larga y raro del mundo, es un trato personal y a medida, respeto por tu trabajo a la par que eventos publicitarios para no parar. ¿En qué editorial tienes contacto directo con la editora? En ésta y en casi ninguna más. Y no publican lo que sea por publicar. De acuerdos económicos no voy a hablar por discreción, pero son muy ventajosos para el escritor.

– ¿Qué ha ocurrido en tu vida desde que publicaste? Cuéntanos algo que no hayas contado hasta ahora en ninguna entrevista, una exclusiva.

Quizás lo más llamativo sea el hecho de haber aceptado mi condición de artista. Toda mi vida he admirado a las personas que son capaces de crear. Me costó un tiempo aceptar que yo también lo hago. Me tenía por mercenario de las letras y resulta que tengo la capacidad de conjugarlas y crear algo digno y, ¿Porqué no decirlo? Hermoso. Estoy viviendo mi sueño

No tan llamativo, pero importante para mí, ha sido el compartir con otras personas mi pasión, compañeros escritores que no opinan que soy raro, o como mucho que lo soy tanto como ellos, que es lo que yo pienso de ellos. También he conocido a dos personas increíbles que trabajan en la editorial. Una de ellas un alma pura y tierna con que me acarició el alma al segundo y medio de conocernos y la otra, la pelirroja, una compañera de vicisitudes sin la que ser escritor sería triste y solitario.

Y que más satisfacción me ha dado ha sido hablar con personas que me han leído. Las que ya me conocen me han sorprendido sorprendiéndose de mi escritura, de como les ha recordado a mí mismo. Las que no me conocían me han sorprendido aún más, si cabe, por ver matices que yo tardé tiempo en comprobar que estaban. Hay mil lecturas de mi novela y casi todas las han visto. Lo más tierno y maravilloso fue un comentario de una persona, obviamente conocida, que me dijo que oía mi voz cuando me leía. Puede parecer una absurdidad, pero me llegó.

Y como exclusiva para ti, mi hijo Manuel viajará en breve a Gran Bretaña por placer y visitará los lugares descritos en mi novela. Aquí se juntan mis dos amores, como reza la dedicatoria de mi libro, mis mejores relaciones sentimentales mis hijos Emma y Manu y la escritura.

– ¿Cuál es tu meta?

Tengo varias, pero creo que por lo menos tres.

La primera es llegar a vivir por, para y de esto. Poder permitirme no tener otro trabajo más que el de escribir, con todo lo que ello conlleva. Poder absorber todo lo que ocurre a mi alrededor como observador cómplice y con derecho a relatarlo. Poder dedicar mi existencia a la creación de enlaces de letras y palabras. No tener que preocuparme por las facturas porque mis ventas las suplen.

La segunda es llevar mi “El viudo del conde” a la gran pantalla. Es una historia muy cinematográfica, muy de primer plano. Con un lenguaje muy visual y grandes posibilidades de trasladar al celuloide.

La tercera, y acabo de añadirla por el camino, es conseguir hacer sentir a alguien como me hicieron sentir a mí mis grandes. Tanto a los que no conocí como E. M. Forster, Mary Reanult, Oscar Wilde, William Shakespeare, Isabel Allende, Federico García Lorca y muchos y muchas más. Y a los que tuve el gran placer de conocer como a Eduardo Mnedicutti y Terenci Moix. Uno de mis sueños es compartir un par de ratos y un par de cigarrillos, como yo hice con Terenci, aunque fumar sea malísimo.

Y cuarta, que ya te he dicho que amplío por el camino, que mi novela se convierta en un clásico, como para mí lo es “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas Jr. Ésta ya no la veré, vivo, pero seguro que me llega. La pena que me queda es una opinión de mi editora, que me dijo que “El viudo del conde” será mi mayor obra. Pues apaga y vámonos, pienso yo.

– ¿Qué proyectos tienes en mente?

Mogollón, si se me permite el palabro. Quiero decir, todo lo anterior y más. De momento que mis cursos de escritura teatral y de novela del romanticismo de la Escuela de Escritores Online de Angels Fortune Editions, sirvan para que muchas personas empiecen su andadura en el mundo de la escritura o, por lo menos, los disfruten.

También tengo previsto conseguir que mi obra de teatro “Las de Villanubla” se represente en Madrid.

Y, mi gran plan para futuro inmediato, ver New York de la mano de Hilda Serrano Lesmes.

Pepa España

Promotora cultural

Angels Fortune [Editions]

Pepa España Fernández

Se puede decir que nací con un libro debajo del brazo para gran sorpresa de mis familiares: en una casa donde nadie leía por afición, ni se recordaba ningún antepasado que lo hiciera, yo empecé a hacerlo a una edad muy temprana y no he parado desde entonces.

Mucho es lo que he leído y, gracias al universo, mucho es lo que me falta por leer.

Aunque empecé los estudios de Historia del Arte, me licencié en Humanidades, mientras realizaba colaboraciones con radios, fanzines, revistas, blogs, webs y lo que hiciera falta.

A Isabel la conocí en la escuela, hace ya unos añitos, y fue un auténtico placer reencontrarnos bajo las alas de Angels Fortune [Editions]. Desde aquí, intento encontrar lectores para nuestros escritores, colaborar en lo que puedo y animar a los que ya escriben tanto como a los que quieren comenzar a hacerlo.

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