Gonzalo Arjona Irizarri

Nací un día de mayo del año cuando mediaba el siglo pasado, en Tetuán, en Marruecos, de los amores de una algecireña morena y guapa y un jimenato alto y rubio que estuvieron repartiéndose amor desde el día que se conocieron.

A los ocho años me traen a Madrid y aquí viví, crecí, estudié, trabajé y me enamoré; también me desenamoré y me volví a enamorar. De formación técnica, lector incansable y furibundo, comienzo a escribir muy joven, de aquella época no queda nada, eran cosas escritas en los cuadernos, en papeles, donde pillaba, casi todo frases, principios de historia que luego no seguía, o seguía en otro cuaderno que después perdía. Siempre en mi desorden.

Es ya de mayor, cuando la vida me serena y me sujeta a la silla que decido escribir más en serio y comienzo con relatos y cuentos que comparto con grupos de escritura, eran los años 2005, 06 y 07; en 2008 publico un libro de cuentos llamado “Cuentos de medianoche”. A pesar de que el trabajo era muy absorbente, siempre saco tiempo para escribir, son las noches y las madrugadas robadas al sueño y los fines de semana los que aprovecho para escribir, siempre relatos y cuentos cortos.

Después vino la etapa del trabajo en Argelia y se detiene la creación, intento escribir pero se me niegan las musas, deberían estar asustadas por el ambiente raro y claustrofóbico de aquel país difícil.

A mi regreso a España, después de seis años, retomo la escritura con fuerza, publico mi primera novela en Amazon KDP, en formato papel y digital “Cielos de Carbón”, una trepidante novela de misterio en París, con terrorismo internacional incluido. Publico por el mismo medio un mes más tarde “Siete bestias y una nube” una recopilación de relatos cortos.

Mantengo activo un blog que se llama Reflejos, donde escribo periódicamente cualquier cosa que se me ocurra

Y ahora acabo de publicar mi nueva novela “La calle de la Montera”, cuyo comienzo se remonta allá por el año 2006, donde empiezo a documentarme y voy escribiendo los primeros encuadres, eligiendo lenguaje, y forma de presentar la novela. Este proyecto queda detenido durante los años argelinos y retomado de nuevo en junio de 2017, y con todo lo que tenía documentado y escrito logro terminarla el 29 de diciembre de 2017, después de muchas horas de silla y sacrificio. Hoy está editada gracias a Fussion Editorial.

La calle de La Montera es una novela costumbrista, al más puro estilo “galdosiano”… ese fue el motivo que alegaron al rechazarla en una de las editoriales a las que envié el manuscrito. Narra la historia de Isabel de las Cuevas, una mujer valiente, viuda de un teniente de los Monteros de Cámara del Rey, bellísima y muy joven, que vino a instalarse en Madrid, huyendo de la prisión en la que se había convertido su pueblo tras el fallecimiento de su marido.

Es tan bella que los hombres llamados por su belleza ocupan su calle para verla y como consecuencia, las prostitutas detrás de ellos, lo que convierte aquella calle en coso de disputas y peleas y hasta de muertes. Tiene a bien la fortuna poner en manos de Isabel una carta que es vital para los planes de los enemigos del Duque de Lerma, valido del rey, que intentan derrocarle y llevarle ante la justicia por malversación, corrupción y apropiación indebida de bienes de la corona. Este hecho pone su vida en peligro.

La historia está narrada en su mayor parte por Blas, un viejo y pícaro mendigo, a un señor castellano que acompaña a sus sobrinos a Alcalá para que estudien en la universidad. Don Álvaro, el noble castellano tiene que velar toda la noche para que Blas, entre frasca y frasca de vino le relate la historia de su vida en la casa del duque de Lerma, al que sirvió y de lo que su cedió en aquella calle para que el pueblo de Madrid acabara llamándola La calle de la Montera.

Blas es un pozo de sabiduría popular y lo va demostrando a lo largo de todo su relato con citas, refranes y dichos. Se educó en casa noble, pero es consciente de cuál es el sitio donde le ha tocado vivir, Tiene un alto sentido del deber y de la fidelidad hacia sus señores y no duda en poner su vida en peligro si con ello ha de salvar la de su señor.

Cada personaje de esta novela tiene su porqué, nadie se queda fuera de la trama y todos son necesarios para dar cobertura a la historia, y puedo decir que me he sentido muy cómodo con ellos y son ellos y no otros los que me han guiado por los intrincados caminos de este Madrid de capa y espada, de bolsa y coleto, de envidias y amores, para encontrar la salida y poder poner fin a esta historia.

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