Ira: la explosión mostrada o absorbida.

La mitología clásica nos ofrece historias atemporales para comprender la mayoría de las circunstancias humanas

Contemos una historia. Todo arranca con el «Tiempo», ese ser inexorable que a todos nos afecta, que todo se lo traga, que todo lo devora.

Cronos o Saturno, era hijo de Urano, dios de Cielo, y de Gaya, diosa de la Tierra. Cronos o Saturno se asocian con el Tiempo, y con un ser cruel con su padre, su esposa y sus hijos. Cuenta la historia que Cronos castró a su padre Urano y reinó sobre cielos, mar y tierra. Cuando Urano fue castrado, su sangre cayó sobre Nix, la noche, y engendró a Lisa. Lisa es fruto del terror y de la crueldad, y representa la ira, la rabia, la furia.

La ira es una respuesta o comportamiento que todos hemos vivido en algún momento de nuestra vida. Algunos viven prácticamente inmersos en la ira con la implicación para la salud física y mental, y para las relaciones sociales que esto implica. 

Cuando sientes ira, te vas llenando, te vas calentando, el corazón se acelera, la cara se enrojece, se aprietan los puños, se aprietan los dientes, los ojos con una mirada fija, pueden enrojecerse, «inyectados en ira» se suele decir, y de pronto, se produce una explosión ensordecedora. 

Nos escuchamos a nosotros mismos pronunciando cosas impensables en condiciones tranquilas. Con aspavientos y voz intensa expresamos y echamos de nosotros aquello que nos ha envenenado, como un autoexorcismo. 

La ira surge cuando hemos vivido algo que nos contraría, algo que nos amenaza, y en lugar de huir… lo afrontamos y nos defendemos y expresamos lo que nos hiere, lo que nos ha hecho enfadar y exigimos una reposición. La respuesta de ira, de rabia, es explosiva, ascendente, se moviliza en todas direcciones. Nos movemos de acá para allá, soltando improperios, in crescendo, incluso destruimos lo que se ha destruido o al agente que creemos es origen de tal despropósito. 

La ira puede estar provocada por el simple hecho de que algo no es o no ha salido como era nuestro deseo. Cuando tenemos un plan, una expectativa y esa expectativa no se cumple, la rabia es un sentimiento y la ira una manifestación de la rabia. Lo incumplido provoca frustración, y tras lo que parece una implosión, realmente lo que se avecina es movimiento y destrucción. El castillo de los deseos, de nuestros anhelos se desmorona de manera brusca, y reaccionamos. 

El momento anterior a la explosión de la ira puede ser como el retroceso del mar antes de un tsunami, parece acumularse tan solo para coger fuerza y desplegarla en plenitud, con furia, arrasando todo. La furia se asocia con violencia y destrucción. En la historia mitológica Lisa representa la furia, pero como una cualidad animal; y si es humana, solo aparece en la guerra. Esto nos indica la atención que hemos de prestar a las reacciones de furia y no dejarnos llevar por instintos primarios.

La ira y la rabia son sentimientos y reacciones naturales. No son malas en sí mismas. Nos enseñan que lo son, pero no es así. La ira es una expresión de dolor por lo no cumplido, por lo destruido, por la pérdida. La expresión de la ira y de la rabia nos posiciona, nos permite reclamar lo que es nuestro, exigir reposición de una injusticia, aunque sea que la vida se llevó a un ser querido. La ira nos permite defender nuestros derechos y nuestra vida. 

La ira es poderosa. Pero ese poder puede ser canalizado para no dejarnos llevar y así no herir y no herirnos. Canalizar no significa reprimir, sino dar salida de un modo pautado, guiado y más enfocado. 

Mientras que localizamos el dolor que ha generado la ira, puede que rompamos a llorar como niños y aun así sigamos gritando, enfadados, rabiosos, frustrados. 

La frustración o ira reprimida entraña un peligro oculto. Tan poderosa es la ira, que su no expresión, su absorción por imposición o autoimposición, genera una frustración doble: por lo incumplido y por la falta de expresión. 

La no expresión de la ira, es comparable a retener y absorber una explosión. En un momento determinado esa energía acumulada puede dañar a nuestro cuerpo físico y a nuestra estabilidad mental. La ira acumulada y no expresada por mucho tiempo, a veces años, puede dar origen a un daño estructural importante en nuestro organismo. Más grave de lo que puede parecer. 

Muchos cuadros de síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, depresión, ansiedad, afecciones autoinmunes, cuadros de hipersensibilidad, alergias, incluso de cáncer, pueden tener su origen en años de frustración; de ira reprimida; de absorber microexplosiones y creer que «no pasa nada». Sí pasa. 

Si nos sentimos heridos, dañados, abusados, humillados… tenemos muchas formas de hacerlo ver. Si otros no cumplen con nuestras expectativas y eso nos enfada y desata nuestra ira, quizá debemos analizar dichas expectativas. 

En el mundo laboral es especialmente importante: un buen líder ha de tener la suficiente inteligencia emocional como para saber detectar y canalizar cualquier problema en su equipo. En la familia, en las parejas, en todas las relaciones, del mismo modo, hemos de estar atentos.

Todas las emociones son saludables. En la búsqueda de Jade aprendemos a canalizar y a enfocar las respuestas. Pero digo, canalizar y enfocar, no digo anular o reprimir. Sentir rabia o ira es muy humano. 

Se critica de ciertas personas su baja tolerancia a la frustración y sus reacciones violentas. Es muy importante la educación, disponer de una adecuada escala de valores y conocimiento de nuestras emociones.

Cuando ocurre algo que desencadena la ira ha de haber un análisis y un reordenamiento.

En la misma región orgánica y fisioenergética de donde nacen la ira y la rabia, donde se acumula la frustración, se encuentra la habilidad para salir de la situación y modificar la vivencia. Se llama creatividad, flexibilidad, resiliencia. Ser capaces de recoger las piezas o los ladrillos del castillo desmoronado y volver a montar o, quizá realizar algunos arreglos y mejoras… 

Por cierto, Cronos o Saturno, tiene una enseñanza para los humanos, guarda un importante secreto. Lo veremos en otro artículo de La Búsqueda de Jade

Dra. Nuria Lorite Ayán
Directora y presentadora de La Vida Biloba, podcast y programa de radio.

Dra. Nuria Lorite Ayán

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