El Fuego agotador, el Fuego creador.

«No hay mal que cien años dure» es un refrán muy común en todos los idiomas y culturas. Mi bisabuela siempre que escuchaba este refrán decía a continuación en tono de humor: «ni cuerpo que lo resista». 

En estos días las noticias están plagadas de enfados de la Naturaleza. La hemos violentado y ella, muy capaz de soportar mucho, finalmente responde.

Los datos sobre los cambios que se están produciendo en nuestro planeta son alarmantes. Glaciares desapareciendo, especies de seres vivos que se quedan aisladas o desaparecen, paisajes que sucumben al cambio climático ese que algunos políticos y personas en cargos de poder tienen aún la desfachatez de negar.

Desde los años 70 se venía publicando y anunciando. Era la conclusión lógica del desarrollo industrial y comercial. La conclusión lógica del progreso. Tengo en mi mente grabadas imágenes de pozos de petróleo ardiendo, y la frase del locutor de la televisión: «No se sabe lo que podrá tardar en dejar de arder». Cuánto humo, y partículas tóxicas vertidas a la atmósfera que luego entran en la cadena de ciclo del agua.

En estos días, otra vez, ocurre lo mismo. En el mundo hiperconectado ahora todo se sabe antes, (casi) todos nos asombramos y (casi) todos somos conscientes de lo que está ocurriendo.

Cada verano es la misma historia: parte de los bosques se quema. Vivo en un país donde los incendios forestales no son infrecuentes. Recuerdo cuando era pequeña la facilidad con la que la gente hacía fogatas para cocinar cuando íbamos al campo a comer. Recuerdo la insensatez de tirar una colilla de un cigarrillo aún encendida entre los arbustos y apagarla con el zapato... Podría no estar apagada. Y ese gesto imperdonable de tirar las colillas por la ventanilla del coche, así como desperdicios, como, botellas de cristal que podían iniciar un incendio.

Con los años las cosas han ido cambiando y parece que estamos más concienciados, pero sigue habiendo una masa importante de personas a las que todo les da igual.

Queman por quemar. Queman por hacerse ricos. Queman por sus intereses. Queman por robar la tierra a otros.

Lo que hemos vivido este verano y en estos días me da más sensación de película post-apocalíptica y a mi mente venía ayer, mientras subía el toldo, mirando al bosque, recordando los incendios brutales que ha habido y hay activos, y escuchando de fondo las noticias sobre los pozos de petróleo ardiendo... esas imágenes de la mítica Mad Max. ¿Llegaremos a algo así?

El fuego es parte de la naturaleza, incluso algunos estudios realizados sobre la autocombustión de grandes árboles, planteaban la idea de que quizá cuando se inicia de manera natural un incendio, había que pensar si apagarlo o no. Sí, ya sé que suena descabellado. Pero detrás de esta idea está el hecho de que esos eventos suelen ocurrir cuando, por circunstancias, no hay alimento suficiente en la tierra, en el terreno, y la madera, el vegetal que arde provee de sustento y nutrientes al depositarse sales minerales de las cenizas en la tierra. La madera vieja da lugar a otra vida que renueva el bosque.

El fuego es purificador. Este aspecto lo tenemos en muchas culturas. La pasión, la alegría, se asocian con el fuego. Nos quemamos en el fuego de las pasiones. O ardemos desde el alma hasta que solo queda lo esencial.

El fuego tiene la capacidad de destruir y agotar tanto aquello sobre lo que arde que lo que queda es realmente lo indestructible. La esencia. En el caso de la materia viva, entre la que se encuentra nuestro cuerpo, ocurre que un bioquímico, el Dr. Schüssler, en el siglo XIX descubrió que al calcinar la materia biológica, fuera vegetal, animal (o humana), solo quedaban en sus cenizas doce sales minerales, y en todos son las mismas. ¡Qué interesante! ¿Verdad? 

Otro detalle más de que estamos unidos a la Naturaleza.

El fuego agota, destruye. El fuego renueva.

Pero mientras no tengamos opción de renovación rápida, destruir la naturaleza, dejar que se agote, será nuestra propia destrucción. Además, se consume oxígeno y se libera demasiado CO2 a la atmósfera, junto con otros tóxicos.

Hagamos que el fuego nos renueve y cambiemos. 

Hagamos público nuestro rechazo a políticas y actuaciones nada cuidadosas con el medioambiente. 

Si quemamos nuestra casa, ¿a dónde vamos a ir?

Dra. Nuria Lorite Ayán
Fundadora de Biloba, directora del podcast La Vida Biloba

Dra. Nuria Lorite Ayán

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