Dr.  Benigno Horna

“Mi mejor psicoanalista es mi máquina de escribir”. E. Hemingway

Cuando los seres humanos atravesemos por arenas movedizas, o salimos rápidamente de ellas o nos quedamos atrapados. Al mirarnos al espejo, muchas veces nos cuesta reconocernos y cuando lo hacemos, en la mayoría de las ocasiones, nos disgusta lo que vemos. 

Se nos van pasando los días, los meses y los años. Caemos en una profunda depresión, que en muchas ocasiones nos puede llevar hasta el borde de la muerte. Eso me pasó a mí en febrero de 1994, cuando mi “amor de toda la vida” me abandonó. Me dejó tirado en la cuneta de una carreta, como si fuese un perro sarnoso, al que se le abandona, sin tener la menor compasión. 

Durante algunos años estuve lamentándome, en una conversación cerrada, a la que me negaba sistemáticamente a salir. Un día leí “Los poemas de joven Werther” de Goethe. El autor describe su historia para así superarse. La novela trata de un amor no correspondido y crea un personaje muy parecido a él, al que al final del libro, le suicida para liberarse.  

De esta manera Goethe, utilizó la escritura como terapia de superación y yo aprendí a mi vez, que nadie te abandona ni te deja tirado. Eres tú, el que lo haces, despreciándote a ti mismo. Sintiéndote culpable y abandonando toda esperanza  de volver a realizarte, por el miedo profundo a volver a sufrir. “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. 

Algunos escritores o el público en general, cuando escribimos sobre ello, lo podemos hacer de una manera disociada. Al igual que Woody Allen lo realizó en la película “Manhattan”, contando en blanco y negro, reviviendo su pasado. Cambió el final o que él creía que había ocurrido, para así de esta manera, poder sentirse mejor y superarse a sí mismo. 

Aprendí a hacer lo mismo con mi vida. Como lo había perdido todo, me fui a recorrer Indochina. En la antigua Saigón, actualmente Ho Chi Minh en Vietnam, escribí el prólogo de uno de mis libros. Visité los países que habían sufrido guerras civiles y después de ganar la paz, vivían intensamente la vida, en el aquí y en el ahora. 

Comencé a escribir un cuento “Tofy y Copito”, donde lloré muchísimo. Me sirvió de terapia de superación. Me enfrenté a mí mismo y haciendo una catarsis, me permitió vivir otra vez lo sucedido. Sin saber que por entonces, yo sabía Autohipnosis, me la apliqué, publicando “Construye tu Vida y Crea tu Destino”.  

Estas fueron las bases de la Terapia Integral MHRP. Empecé a recobrar mi ilusión por vivir intensamente, como si de verdad ese fuese el último día. Recuerdo que escribí: “A lo largo de todos estos años durante los que he tenido la oportunidad de recorrerme muchos países del mundo, conviviendo con distintas culturas, me he dado cuenta que el destino como tal no existe. 

Somos nosotros – los que somos libres - los que de verdad construimos día a día nuestro porvenir. Nos son las circunstancias las que a la larga determinan nuestro futuro, sino que son las decisiones que tomamos, las que de una manera u otra, modelan nuestra vida.

También he tenido que superar muchas injusticias. Comprendí que yo no podía controlar lo que los demás esperaban de mí, pero sí podía dominar lo que yo creía y juzgaba de mí mismo. 

Aprendí a reabsorber una parte de mi orgullo y, pese a todo, seguí sonriendo y luchando por construir un futuro mejor para mí, para mi hija, para mi familia y para todos aquellos seres humanos que nunca tendrán la oportunidad de conocer otros países ni otras culturas y que, por ende, no podrán percibir distintas formas de entender la vida. 

Encontré el significado que le da valor a mi vida, que no es otro que el de aceptar la responsabilidad sobre mi vida. A partir de ahí, empecé a construir un mundo diferente, empezando por el mío propio. 

En las culturas más primitivas, la gente tiene tanto entusiasmo que me dio una visión del mundo diferente y me transmitió ilusión. Una ilusión que retornaba a mí en forma de ayuda al tercer mundo, aunque, de verdad, era el tercer mundo el que me ayudaba a mí. 

Nunca he recibido tantas muestras de agradecimiento, ni me he sentido tan querido, como en aquellos lugares. Los niños me admiraban, mientras yo asimilaba la naturalidad con la que vivían.

Todos los humanos nos hacemos o nos deshacemos a nosotros mismos. Ya que la mente humana es la mayor herramienta con la que podemos crear o destruir nuestro futuro. Si tu mente no está oxidada, dale marcha ya que cuanto más la utilices, mejor te responderá. 

Arriésgate y cree en tus principios. Lucha por un mundo mejor, donde el ser humano pueda ser libre. La libertad es un derecho y la igualdad de oportunidades es la justicia a la que todo hombre de bien debe aspirar. Independientemente de su color de piel, clase social o creencias religiosas. 

Nuestro deber es saber utilizar nuestra mente de una manera correcta. Estoy a gusto porque creo en mis convicciones. Y, si he llegado a esta conclusión, es porque me he comprometido libremente con todas las cosas que realizo y por eso las disfruto”.

Años después viendo la película “Invictus”, cuando Nelson Mandela decía: “Yo soy el capitán de mi barco. El dueño de mi destino”, volví a llorar, pero esta vez, era de alegría. De saber que estaba vivo y que estaba viviendo la vida que yo quería y no la que otros me habían obligado a vivir. 

Superé mis miedos, mis tristezas, mis enfados y mal carácter. Aprendí a sonreír y vencer mi ansiedad a la pobreza, a la crítica. Ahora expreso lo que de verdad quiero. Y si voy a molestar a mis seres queridos, lo hago utilizando un pseudónimo “D.H. Wolf” 

La vida es la única competición en la que todos podemos ser ganadores. 

© Benigno Horna     

Dr.  Benigno Horna

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