Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

Antepasadas
    (de “Mujeres estriadas” de Claudia Lola Alonso)

Aquella femenina prehistórica

honraba al sol y a la luna    
y a la caótica
tormenta o al hielo
y en la cueva amamantaba
mientras  las olas de espuma
en su útero buscaban
llamas espejo de llamas

entre bisontes, peces y las frutas
de árboles tribales.
Ella llevaba el vello

con ventiscas, iris itinerante
y  besos en su cerebro
mítico como llaves,
después gramíneas afables.

Desde la agricultura
luego iría escrita

la rosa de los vientos
para las bien nacidas
en reinados o imperios
y para las esclavas.

¡Cuánta historia dormida
en lechos con intrigas
o entre baños del rico!

Pero algunas mujeres
leían y escribían,
sabían o tocaban
instrumentos .

¡Y qué hermosas mujeres las antiguas
en civilizaciones de los ríos
y del mar, de la urbe o del campo,
de los pueblos de oriente o de occidente,

del desierto, también de la montaña!

Las mujeres geodas
fueron rocas
en cavernas de limo con salientes,
sus  alas eran  de calandria  o águila,
cariátides  que alzaban sus moradas.

La rosa medieval en nuevos ojos
de rosetón o barco.
La reina y su carcaj con ilusiones.
La campesina sin higiene y pobre.
Una niña bastarda que se queda
perdida en la pirámide teocrática.
La lavandera oscura ante el abad.
Vendrán los siglos largos,
largos con epidemias,
largos con feudalismo
y con cisma y guerras.
La niña bebe agua de una fuente
y conoce a un muchacho que la quiere.
Desenlace feliz entre infelices.
El viento es la cruzada y el castillo
y  la quema de brujas
y  los monoteístas en racimos.
Y la niña vive con su muchacho,
un artesano, y gesta muchos hijos.
El rey la reconoce por la calle.
Le otorga un saquito de monedas.
La niña es ya mujer y quiere oír
al rey.  Es el secreto del palacio.
El corazón del mundo
en un gremio textil.
Y la niña vive entre lana añil.

Penélope en América.
Y Mina en Europa.
Erasma antropocéntrica.
Imprenta divulgando.
Prostesta en principados.
Imperio decaída.
Sapiente entre la ciencia.
Barroca retorcida.
Ilustre en los saberes.
Abeja proletaria.
Todas ellas mujeres.
¿Soñarían  sentadas
con las revoluciones
que habrían de llegar

a otras contemporáneas?

Ella se llama Veinteyveintiuna
y tuvo  suerte de votar un día,
pues nació musa que no se moría.
Vio imperialismo y dos guerras mundiales,
le hirieron el fascismo y el nazismo,
de guerras civiles salió hastiada,
y supo de aviones y armas y cine,
vanguardias y amena literatura
prolífica y de una oenegé se hizo.
Lloró con bomba atómica y con miedos
de  explotados, tocó al muro caído
y llora ante otros muros levantados 
por donde van ahora los apátridas
y cuantos huyen de un mundo sin alma.
Con esta mujer va cada mujer
invisible o fuerte, se hace tangible
en televisión, prensa, arte e Internet.
Se viste con ropa propia y habla
con toda lengua del planeta a un tiempo,
la de  islas o  Polos o del mapa
del futuro pleno, alto, bajo y medio.
Sus pupilas son paz con dos aspectos:
los genes y el ser libre por derecho.

Claudia   Lola Alonso

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