Claudia   Lola Alonso

Nacida en Toledo, España, es profesora y escritora. Ha publicado con Editorial Celya los poemarios “Cántico en elipse”  y “Leonor de espliego” y  “El cantar de los nómadas” con Editorial Playa de Ákaba, con quien también ha participado con un relato en la antología colectiva “Cosas que nos importan”. Con  Editorial Pagine de Roma ha publicado varios poemas en la antología “Reflejos”. Y guarda libros inéditos de todos los géneros.

Amor contra violencia

Contra la riña prehistórica, contra su palo que bien podía ser bastón, parte de un palafito o  balsa, contra ese palo, por no decir mano agresora, puntapié, piedra lanzada, fuego devastador a veces, quién, sabe, contra un palo usado como arma contra el semejante de la tribu propia o del clan ajeno en el Paleolítico y después contra otras formas más evolucionadas de organización social, contra aquel palo, una caverna pintada, la pesca, la caza y la recolección de frutos silvestres para sobrevivir, un roce amigable, una mueca de aceptación del otro, un parto, el asombro ante el sol y los demás astros de las noches , las venus fértiles talladas, la flauta de hueso, las gramíneas crecientes y los animales domésticos neolíticos, cerámica, tejido, cestería, menhir y cromlech, alineaciones, dolmen, núcleos urbanos y  el devenir curioso ante las estaciones.   


Contra ese mismo palo, que en la Edad de los Metales siguió existiendo dentro de los árboles y fuera de ellos, pero que se sustituyó a menudo por el comercio con rutas en pos de minerales, pasando del Cobre al Bronce y de éste al Hierro, contra el palo metálico, metáfora de otras divisiones y enfrentamientos, el vaso campaniforme, las lenguas indoeuropeas, el Homo sapiens sapiens que ya había recorrido parte de la Prehistoria,  la revolución neolítica llegando al nacimiento de la Historia en Oriente Medio, mientras en Europa surgían los objetos de metal. Pero no  las murallas defensivas porque aluden a las batallas, aunque sus vestigios posean un halo misterioso para datar  por un investigador o  trazos arquitectónicos inspiradores para los creadores, pero no la lucha cruenta.


Y en la Historia lo mismo. Abramos el libro de la vida. Somos bípedos, caminamos erguidos, nuestro encéfalo evoluciona, nuestro pulgar forma una pinza útil con toda nuestra mano, nuestro ciclo biológico se perfecciona con el lenguaje, podemos amar y ser amados. La aparición de la escritura marcó el comienzo de la Historia, una Historia vivida por nuestros antepasados y por nosotros ahora, y estudiada en escuelas, institutos, universidades… con su Antigüedad, su Edad Media, su Edad Moderna y la Edad Contemporánea. Pasado, presente y futuro se entrelazan. Lo sensato sería aprender de los errores, conocer el pasado para equilibrar el presente y proyectar un futuro mejor, quedarnos con lo bueno de todas las culturas y civilizaciones, sus avances técnicos y científicos, su arte y su literatura, su filosofía, valorar las creencias o no creencias de personas y Pueblos,  que nos una más de lo que nos separa, hacer paz pacíficamente, no basta con firmar treguas ni tratados tras las guerras, ni con hablar de paz mientras las armas se pasean por el Planeta o la violencia cambia de traje, aunque sea el traje casero familiar. Me quedo con los niños egipcios que jugaban con el limo del Nilo, con la mujer mesopotámica que se asombraba con la belleza de un zigurat, con la anciana hindú y su escudilla de arroz, con la joven china de ojos nocturnos, con un pintor japonés, con la pareja americana que se besaba bajo el paso del cóndor, con el coro clásico griego, con la liberta romana, con la reina medieval que se hizo amiga íntima de una campesina, con la renacentista veneciana que era tan genio como los artistas coetáneos, con un escultor barroco, con una actriz neoclásica, con la romántica que dictó sus versos a un amante, con todos los compositores y compositoras de antes y de hoy, con una Nobel, con el cine, con los pueblos indígenas actuales, con quienes defienden los derechos de las mujeres, de los niños y del género humano, con los que de verdad actúan contra el hambre y la sed y por la salud y la justicia, con los que buscan y las que buscan y llevan un talismán de libertad porque son responsables de sí mismos y por tanto, se asumen y tratan de vivir y dejar vivir, con la buena gente. En ocasiones he pensado si no será que existe un gen de la maldad. Si fuera así, ojalá la ciencia lo atrape, ya, y que podamos ser dignos todos de llamarnos personas.


Amor contra violencia.

Claudia   Lola Alonso

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