Alba  Oliva   

Alba Oliva nace un 13 de mayo en Córdoba, España, y desde temprana edad siente una gran atracción por el dibujo y la pintura, lo que la lleva a estudiar Bellas Artes en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos “Mateo Inurria”. Adquirió dos diplomaturas en Magisterio: Educación Primaria y Educacional Musical por la Universidad de Córdoba, llevada por su pasión a la música; actualmente cuenta con una experiencia como pianista y compositora de más de veinte años. Comienza a escribir con once años: novela, guion cinematográfico, así como de teatro y series de televisión. Cursó estudios de artes escénicas en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba. Formación que le permitió escribir, dirigir y protagonizar varios cortometrajes, para los cuales compuso la banda sonora. 

EL HOMBRE SIN TIEMPO (SEGUNDA PARTE)

…A Jaime le quedaban sólo tres latidos para que su cuerpo dejara este mundo. Detuvo el tiempo para observar detenidamente a toda su familia alrededor de su cama. No se demoró mucho; pues sabía que tras unos segundos, el tiempo real habría seguido su ritmo de manera que cuando volviera a dar marcha al curso de los hechos sólo le quedaría una exhalación. Así fue. Sus ojos y su corazón se paralizaron justo en el momento en que reanudó el tiempo. 

Su ser se elevó, divisando toda la aflicción de sus padres, familiares y amigos desde arriba, cerca del techo. Giró su cuerpo etéreo para verse así mismo sobre la cama. Ya no era el, era un envoltorio corpóreo ya inerte, casi no se reconocía, no tenía expresión facial con la que se identificase. Una luz de amor infinito frente a él precedida por una nebulosa blanca le invitaba a fundirse con ella. Algo más allá de los sentidos fisiológicos le hacía sentir a sus seres queridos esperándole allí con alegría.

-No, un momento, no son ellos. Intentan engañarme, este no es el camino, intentan atraparme. Esto es un engaño, puedo sentirlo –advirtió Jaime.

El joven, ya en aquel lugar sin tiempo ni espacio, sintió la vibración de aquellos seres que se hacían pasar por sus familiares en el más allá. Elevó su vibración y el universo le mostró la verdadera luz de la Fuente Primigenia.

-¡Oh! ¡Sí!, nada comparable, es amor; es un abrazo eterno de paz. Son ellos: abuela, abuelo voy. Qué bienestar, no sé si merezco esta plenitud.

Jaime quiso parar el tiempo mientras avanzaba hacia la luz. Mas aquello no era un lugar. Tocó la luz que le atraía y le impregnaba cada vez más, era una textura incomparable, simplemente energía, vibración, nada de tacto. Aquello era infinitamente más que la simple materia. Ya tenía todo el conocimiento y las respuestas. Ya estaba con sus familiares. Supo que la otra luz era una trampa para quienes no han evolucionado espiritualmente, un engaño de seres interdimensionales que devuelven a los humanos a la Tierra en otro cuerpo, sin más, sin elección, para que no depositen su energía en aquella Fuente Original y divina. Jaime pudo evitarlos y compartir su energía con todos y el origen de todo. Se expandió y se fundió totalmente con lo que en la Tierra algunos llaman Dios. 

Ante él un sinfín de posibilidades: paseó por el universo visitando planetas lejanos, estrellas de todos los tamaños y colores, nebulosas, agujeros negros, volvió a ver a sus padres y amigos llorando su carcasa corporal; tocó los corazones de cada uno de ellos para apaciguar su pena y reavivar su fe. Se deleitó con aquello que siente una flor, un pez, un pájaro. Degustó la magia de sentirse parte del todo. Fue cada ser vivo de este y otros planetas. Visitó otras civilizaciones lejanas de este universo y de otros. Regresó a la Fuente.

Lo sabía: un paso le esperaba, una elección. Al no existir el tiempo tenía todo el tiempo del universo para decidir. Permaneció en la Esencia de la existencia, calmado, lleno de amor y paz. Materializando sus deseos si le apetecía, teniendo el poder de crear los más bellos paisajes y hablar con sus abuelos de manera espiritual o corpórea según le apeteciera; sentir la vibración de éstos o simplemente sus manos como cuando estaban en sus cuerpos; abrazarlos o fundirse con su amor.

¿Estar allí por siempre? Una gran elección. ¿Volver para ayudar a los demás con el fin de enseñarles a vibrar en sintonía con el cosmos? Una gran elección. ¿Reencarnarse en un ser de otro planeta o universo para seguir aprendiendo otras lecciones de diferentes formas de vida? Una gran elección.

En la Tierra seguía pasando el dichoso tiempo. Años, décadas, siglos…

En el año 2639 nació una niña en una ciudad de Francia a la que sus padres pusieron el nombre de Brigitte, que significa fuerza. Era la reencarnación de Jaime, antes de renacer aceptó olvidar su antigua vida para que no interfiriera en la nueva; podría crear confusiones, retrasos en su nueva misión.

Brigitte con el tiempo llegó a ser una gran ingeniera aeroespacial. Una mujer brillante. Gracias a sus revolucionarios inventos y descubrimientos pudo tomar contacto por primera vez con una inteligencia extraterrestre. 

La Tierra se revolucionó. Las personas en su mayoría cambiaron de paradigma mental. Hubo una época de transición que no fue nada fácil; pero después todo mejoró en nuestro planeta azul; saber que no estamos solos fue un elixir de fe, tranquilidad y satisfacción que consiguió unas cotas de paz jamás imaginables, rozando la añorada utopía de la paz mundial. Todos los seres humanos se sintieron unidos, hermanados.

Brigitte fue la elegida para viajar en la nave -a la que ella aportó la mayor parte de su diseño- para llegar a ese planeta habitado por seres inteligentes. A ese planeta se le llamó Alfitte, por la unión de las palabras Alfa (por ser el primer planeta con seres inteligentes descubierto) y Brigitte (por el gran peso que tuvo la mujer en su descubrimiento).

Lo curioso fue que muchos habrían dado lo que fuera por viajar a ese planeta. Si bien, llegada la hora de la verdad, no hubo candidatos voluntarios para hacerlo en todo nuestro planeta. El miedo a lo extremadamente desconocido abrumó a todos. La decisión de Brigitte sería determinante para forjar el contacto directo con aquellos seres de Alfitte.

La familia de la mujer: marido e hijos la persuadían para que no fuera. También sus padres y abuelos. Los extraterrestres prometieron a Brigitte que sólo estaría un año de la Tierra. Era un gran trabajo de confianza lo que todos los habitantes del planeta azul tenían que llevar a cabo para creer en esa promesa. Después de ese año, Brigitte regresaría acompañada por un habitante de Alfitte. El cual permanecería en la Tierra otros 365 días.

Nosotros estábamos más avanzados tecnológicamente y ellos no tenían vehículo para viajar, debían usar el nuestro. Todo estaba en manos de Brigitte…

Alba  Oliva

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