Alba  Oliva   

Alba Oliva nace un 13 de mayo en Córdoba, España, y desde temprana edad siente una gran atracción por el dibujo y la pintura, lo que la lleva a estudiar Bellas Artes en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos “Mateo Inurria”. Adquirió dos diplomaturas en Magisterio: Educación Primaria y Educacional Musical por la Universidad de Córdoba, llevada por su pasión a la música; actualmente cuenta con una experiencia como pianista y compositora de más de veinte años. Comienza a escribir con once años: novela, guion cinematográfico, así como de teatro y series de televisión. Cursó estudios de artes escénicas en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba. Formación que le permitió escribir, dirigir y protagonizar varios cortometrajes, para los cuales compuso la banda sonora. 

EL HOMBRE SIN TIEMPO

 

Parte final

-¡Llamando a control! ¡¿Me recibe?! –intentaba comunicarse Brigitte, algo nerviosa porque la nave mostraba una agitación fuera de lo normal, como fuertes turbulencias en un avión.

Nadie contestaba. Los dos ocupantes de la nave se miraron y hablaron –como siempre telepáticamente-. Ella intentó tranquilizarle diciéndole que pronto contactarían con La Tierra; el globo azul podía divisarse como una pequeña estrella color cian. Él le dijo que confiaba en ella, asintió con un gesto tranquilo.

Nuestro planeta estaba cada vez más cerca. La maniobra para aterrizar debía llevarse a cabo. La mujer se dispuso a hacer lo propio manejando con destreza el panel de control, pulsando cada botón y palanca en el momento oportuno.
-¡Llamando a control! Aterrizaje en tres, dos, uno…

La nave atravesó la atmósfera sufriendo una violenta entrada para la que Brigitte no estaba preparada: ningún protocolo de aterrizaje, ni la tecnología de la nave daba sentido a lo que ocurría. El exterior de la misma sufrió desgarros que generaron estruendos aterradores para los oídos de Brigitte.
-¡Llamando a control! ¡No se si la nave resistirá!
Finalmente aterrizó en el lugar indicado, en una pista ubicada en un desierto al este de Europa.

El acuerdo interplanetario cumplió de manera exquisita los acuerdos con respecto al trato de nuestro visitante extraterrestre. Viviría con Brigitte en una nueva casa en la que hacía meses ya se encontraba su familia. Marido e hijos la recibieron con todo el cariño. La vivienda se encontraba en plena montaña en un ambiente libre de contaminación. El entrañable ser de piel violácea no tuvo tanta suerte como Brigitte, precisaba de una bombona de oxígeno para respirar cómodamente. 

Su estancia en la Tierra fue muy diferente a la de Brigitte en Alfitte. Recibió numerosas visitas de líderes políticos y espirituales. Durante el año de permanencia en La Tierra recibiría una visita al mes de una cadena de televisión. Doce cadenas rigurosamente seleccionadas y de diferentes países del mundo.

En la nave trajeron alimento suficiente para un año, por si el ser de luz no toleraba el agua de nuestro planeta. Así fue. «La falta de pureza y amor en el agua acusada por la carencia de alta vibración no alimentaban a nuestro visitante como era debido». Nuestro líquido vital no tenía nutrientes necesarios para su subsistencia.

Brigitte reunida con su marido y su familia dejó de sentir aquellos sentimientos de amor por su compañero interplanetario. Sentía una fuerte atracción de amistad, una unión infinita que ni la muerte podría romper, ella lo sabía, lo sentía y experimentaba.

Le explicó a su familia y al mundo que había aprendido a ver la vida como lo es realmente, sin tantos conceptos inventados, principalmente el de la muerte. Les contó como los habitantes de Alfitte se comunicaban con sus seres queridos habitantes de otra dimensión tras el fallecimiento de su cuerpo físico.

Brigitte y el ser de luz de nombre impronunciable escribieron un libro conjuntamente donde narraron lo que suponía ser un habitante de Alfitte: su evolución emocional y espiritual, su alimento de amor, su conexión con la naturaleza, los colores de la misma.

El extraterrestre intentó fusionarse con los árboles, plantas, aire…, de La Tierra sin éxito. 

-No hay suficiente vibración de amor –decía apenado el iluminado.

A medida que transcurrían los meses la piel de nuestro amigo de otro planeta se fue apagando. Ya no relucía, su piel era opaca, demasiado tersa, incluso caminaba con dificultad.

Valoraba los grandes avances tecnológicos de la humanidad, sentía una profunda admiración por ello. Si bien nuestro planeta tenía el alma herida, estaba tremendamente triste. Esto le llevó a realizar lo que aquí llamamos meditación profunda –aunque en realidad era algo muchísimo más intenso e inalcanzable para las personas-. En ese estado habló con la naturaleza, se comunicó con nuestro planeta. Y supo algo. Algo muy importante que le llevaría a tomar una decisión. 

Si se quedaba en La Tierra podría salvarla, poco a poco podría subir la vibración de la misma, fundiéndose con ella como lo hacía en Alfitte. También podría impregnar las almas de cada ser humano con tan sólo respirar y desearlo con todo el amor que emanaba imparable de su cuerpo. Pero eso suponía estar en La Tierra muchos más años, o no regresar a su planeta jamás.

Habló de esto con Brigitte, y el consejo de su amiga fue que no sería justo que fuera tan generoso con este planeta a cambio de abandonar a su pareja de vida y de otras dimensiones. Debía regresar con su alma gemela. Ambas opciones inundaban de pena el corazón azul del ser de luz.

En el mes once tomó una decisión. Después de contarle a su amiga lo que haría, ésta determinó que le apoyaría firmemente; era el deseo imparable de su amigo.

Viajaron los cinco –la familia de Brigitte y su invitado especial- para visitar el mar. Sería una visita que cambiaría el rumbo de todas las cosas aquí en La Tierra.

El ser de luz quiso dejar algo de su esencia aquí para mejorar como seres de este Universo. A cambio él tampoco volvería a ser el mismo, parte de su fulgor, de su vitalidad, su luz, su energía…se vería mermado para siempre. Tenía tanto amor que dar y que dejar en nuestro planeta que eso no le importaba.

Las olas acariciaban su piel, igual que su piel acariciaba cada partícula de agua. Se sumergió. Brigitte y su familia dejaron de verlo durante horas.

La mujer se asustó muchísimo. No sólo porque estuvieran haciendo algo que no estaba en la Agenda de su invitado durante su estancia en La Tierra, sino porque realmente creyó que lo había perdido.

De repente las aguas se volvieron color violeta. Un efecto que pudo disfrutar cada habitante del planeta. El ser de luz salió del agua agotado. Brigitte y su marido lo recogieron, le pusieron el oxígeno y lo llevaron a casa. Durante seis días las aguas permanecieron de este color. Brigitte se limitó a decir a los dirigentes políticos que el extraterrestre reconoció que este efecto se debía a su presencia y que beneficiaría en buena parte al planeta.

El habitante de Alfitte regresó a su munod, donde se reuniría con su compañera y donde llevaría un nuevo concepto a su especie: era un héroe. En Alfitte todo habitante vibraba en amor de la misma manera. Su gesto en La Tierra lo diferenciaba del resto al poder hacer una heroica hazaña en un lugar de vibraciones inferiores. Todos los seres del planeta violeta aprendieron el significado de ayudar de esta forma tan especial.

En La Tierra todos sintieron que algo había cambiado desde el suceso de los océanos violetas. Los índices delictivos a nivel mundial bajaron un ochenta por ciento. Las personas en general estaban más tranquilas, con un sentido de la empatía mucho más intenso. Muchos habitantes de nuestro planeta azul se retiraron al campo a vivir de y en la naturaleza –respetándola al máximo-, dejando las ciudades; debido a ello la contaminación se redujo considerablemente.

Lo que también disminuyó fue el odio, y el amor floreció notablemente en el corazón de la mayoría. Incluso algunas personas, sólo unas pocas aprendieron a fundirse con la naturaleza, también a escuchar y hablar con el planeta y en cierto modo con el Universo.

Entre estas personas afortunadas se encontraba Brigitte, junto con su marido y sus hijas.

Alba  Oliva

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