Alba  Oliva   

Alba Oliva nace un 13 de mayo en Córdoba, España, y desde temprana edad siente una gran atracción por el dibujo y la pintura, lo que la lleva a estudiar Bellas Artes en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos “Mateo Inurria”. Adquirió dos diplomaturas en Magisterio: Educación Primaria y Educacional Musical por la Universidad de Córdoba, llevada por su pasión a la música; actualmente cuenta con una experiencia como pianista y compositora de más de veinte años. Comienza a escribir con once años: novela, guion cinematográfico, así como de teatro y series de televisión. Cursó estudios de artes escénicas en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba. Formación que le permitió escribir, dirigir y protagonizar varios cortometrajes, para los cuales compuso la banda sonora. 

LA BRÚJULA
PRIMERA PARTE

Se miró frente al espejo mientras repasaba mentalmente si se le olvidaba algo. Optó por mirar en el interior de la mochila (por tercera vez), resolvió que lo tenía todo: agua, un zumo, plátano, gorra, una pequeña toalla para limpiar el sudor, dos barritas energéticas.

-Lista –dijo enérgicamente mirándose de nuevo en el espejo. Después de todo sólo sería una ruta corta de senderismo de fácil acceso, era prudente y lo le gusta ir demasiado lejos ni correr demasiados riegos cuando salía a caminar sola por la montaña.

Cogió las llaves del coche y abrió la puerta del apartamento con una amplia sonrisa en el rostro.

-¡La brújula! –dijo alzando la voz y generando un cierto eco en la escalera del bloque-. «Sé que no me hará falta, he hecho ese sendero mil veces, pero es mi manía y me gusta llevarla»- reconoció pensativa mientras la enganchaba a una de las asas de la mochila.

Salió del portal y se dirigió con su viejo coche despintando por el sol de un par de décadas hacia la sierra, un hermoso día de primavera que la había obligado a tomarse un par de pastillas para su intensa alergia. Aun así había estornudado más de quince veces desde que se despertó.

Aparcó en la explanada de un restaurante abandonado entre gigantescas encinas y alcornoques. 

-«Debió ser precioso»- pensó, como cada vez que lo veía.

Se adentró por el sendero. Se agradecía la lobreguez que ofrecían los inmensos árboles; hacían que la temperatura fuera agradable en una ciudad donde las temperaturas son altas en primavera. También resultaba seductor el espectáculo que ofrecía para los ojos la diversa flora. A Cristina la hacían estornudar por su alergia imparable y aguda, aunque sin duda le compensaba: no le importaba estornudar a menudo si tenía ante sí aquella maravilla multicolor de la naturaleza.

De pronto su cuerpo vibró. Sólo su cuerpo. Nunca había sentido algo así. Dejó caer la pequeña mochila y miró a su alrededor. -«Algún pequeño temblor de la tierra»- pensó para autoconvencerse de que todo iba bien. En el fondo sabía que no era un terremoto ni nada parecido, aquéllo sólo se produjo en su cuerpo. Al recoger la mochila observó que algo extraño le ocurría a la brújula: la aguja magnética giraba a gran revolución, de pronto se detuvo unos segundos para de nuevo volver a girar vehemente en sentido contrario. Cristina se asustó. Miró a su alrededor, erguida, muy quieta, sólo movimientos oculares y levemente de cuello. Había alguien allí. Pudo avistar una persona paseando entre los árboles fuera de la linde de la vereda.

-¡Hola! –gritó Cristina. ¡¿Hay alguien ahí!? ¡Sé que  hay alguien ahí! ¡Observándome!

-Sí –contestó la voz. El timbre le pareció tan familiar. Sonaba cercana.

-¿Qué quiere? Déjese ver. Por favor, me está asustando –dijo la mujer con tono de súplica.

-Hola –dijo la observadora misteriosa tras la senderista-, esta última se dio la vuelta para responder el saludo.

-Hola –y seguidamente un suspiro seco y cortado en la mitad de la faringe de Cristina-. No puede ser. Qué es esto.

-Tranquila está todo pensado, comenzarás a sentirte cada vez más tranquila, aunque te siga pareciendo raro que yo esté aquí.

-Eres…

-Tú –interrumpió la nueva compañera de Cristina.

-Soy tu doble cuántico.

-¿Hay más?

-Muchos más. ¿Recuerdas aquella vez que no sabías si viajar a la playa o la montaña? Finalmente fuiste a la playa, pero también a la montaña en otra realidad. El universo son infinitud de posibilidades y todas se dan al unísono. Así que se generó una realidad en la que fuiste a la montaña y a partir de ahí surgió una vida paralela, parecida a esta pero con algunos cambios.

-Entiendo.

-¿Y te acuerdas de cuando decidiste no ser madre? Algo que casi te cuesta el divorcio con tu marido. 

-Claro que lo recuerdo cómo olvidar.

-Pues también tomaste la decisión de quedarte embarazada. En otra realidad tienes dos hijas preciosas.

-Oh, sí que estoy más tranquila. Qué sensación…, entonces tú eres yo  venida a mí desde otra decisión que tomé.

-No –el doble de Cristina sonrió mientras la miraba con cariño-. No, yo vengo de una realidad paralela diferente, no todos los universos surgen de tomar decisiones. Hay multiversos donde los planetas se repiten y los seres que lo habitan también, aunque casi siempre con variaciones. Por ejemplo en mi realidad tú vives en un mundo que sabe viajar a otras realidades, hace tiempo descubrimos portales interdimensionales y la forma de utilizarlos.

-Eres yo hablando conmigo –Cristina soltó una carcajada, sentía algo parecido a un estado de embriaguez-. Debe ser importante tu presencia aquí para venir desde un universo paralelo. ¿Cuál es tu mensaje? ¿Tu advertencia? Debe ser grave, no creo que viajéis a otras realidad así porque sí, sin más.

-No es grave –la doble cuántica soltó una carcajada-. Tú, en algunos de los mundos paralelos donde viajamos entre realidades, eres experta en visitarte a ti misma como lo estás haciendo ahora, como lo estoy haciendo ahora. Yo, que soy tú, tengo una teoría: vernos a nosotros y nosotras mismas desde fuera de nuestra mente, emoción, cuerpo y alma; el hecho de poder hablar contigo misma puede generar una reacción en cadena maravillosa que haga cambiar las realidades que visitas, que visito. Y hacer así un mundo mejor.

-¿Puedo tocarte? Dicen que si tocásemos a nuestro doble se produciría una catástrofe y que con sólo vernos desapareceríamos, como si se produjese un cataclismo por el tema de las energías…

La doble cuántica de cristina le puso la mano en el hombro, Cristina sintió de nuevo su cuerpo vibrar igual que antes.

-Sólo ocurre esto, porque vibramos prácticamente idénticas. No te preocupes.

-No me preocupo es la sensación más placentera que he tenido jamás. No sé…
-Cómo explicarlo –interpuso la doble cuántica. 
-No sé –dijo Cristina con los ojos cerrados.
-Voy a decirte algo, unas últimas palabras que no recordarás. 
-Cristina abrió los ojos alertada.

-Quizás algún día recuerdes que esto ha sido completamente real. Mientras llega ese día, cuando despiertes creerás que esto ha sido un sueño. 

Cristina se despertó. Estaba tirada en el suelo suelo bocabajo. Un hilo de sangre caía por su frente. A su lado una gruesa rama desprendida de uno de los alcornoques del sendero, culpable del dolor de cabeza y de la brecha sangrante. Mientras estaba siendo suturada en el hospital pensó: -«Qué sueño tan real, será lo que llaman un sueño lúcido de esos que tiene la gente, ahora entiendo porque lo llaman así; lo recuero todo tan claro. Yo no tenía mal aspecto…Así que dos niñas preciosas. Qué sueño tan extraño».

Al día siguiente Cristina decidió salir a caminar de nuevo por el mismo sendero. Quería recordar cada palabra, cada visión y sensación. Se sentó en un tocón para escribirlo en una libreta, y también grabó una narración en su dispositivo móvil.

Visitó el sendero todos los días de aquella semana, una necesidad imperante nacía en ella. Cada día se sentaba en el tocón para recordar.

-Un momento. Un momento –dijo en voz alta inhalando profundamente reiteradas veces-. Ni un solo estornudo en toda esta semana. Mañana probaré algo.

Cristina no se tomó las pastillas para su alergia. Al día siguiente volvió al campo, al lugar. Ni un solo estornudo, ni rastro de síntomas de alergia primaveral.

La senderista sonrió ampliamente a la vez que asentía una y otra vez con el corazón acelerado. Tras varias inhalaciones miró arriba para decir: -¡Gracias!

Alba  Oliva

  • Facebook - Círculo Negro

© 2017 by www.hildafusion.com   

  • Facebook - Grey Circle
  • Instagram - Grey Circle
  • Twitter - Grey Circle
  • YouTube - Grey Circle