Alba  Oliva   

Alba Oliva nace un 13 de mayo en Córdoba, España, y desde temprana edad siente una gran atracción por el dibujo y la pintura, lo que la lleva a estudiar Bellas Artes en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos “Mateo Inurria”. Adquirió dos diplomaturas en Magisterio: Educación Primaria y Educacional Musical por la Universidad de Córdoba, llevada por su pasión a la música; actualmente cuenta con una experiencia como pianista y compositora de más de veinte años. Comienza a escribir con once años: novela, guion cinematográfico, así como de teatro y series de televisión. Cursó estudios de artes escénicas en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba. Formación que le permitió escribir, dirigir y protagonizar varios cortometrajes, para los cuales compuso la banda sonora. 

LA BRÚJULA

PARTE FINAL

«…Su yo cuántico se levantó del sofá y le indicó que se asomara a la ventana. La joven caminó hacia la misma con inquietud y excitación. Se detuvo un instante para respirar profundo, preparándose para ver por primera vez algo que no existía en su mundo; algo que intuía no era cualquiera cosa.
Apartó las cortinas con decisión…»

Un agujero negro de unos cincuenta metros cuadrados, creado por la mano de los seres humanos de esa dimensión. Había varios repartidos por toda la ciudad, servían como medio de trasporte; pero no para comunicar barrios o distritos, sino para llevar a las personas a otras realidades. En algunas incluso sus seres queridos difuntos aún permanecían vivos, dadas las infinitas posibilidades que nos ofrecen los multiversos: cada decisión abre infinitud de realidades paralelas una en la que nos hemos dormido llegando tarde al trabajo; otra en la que no hemos pegado ojo en toda la noche y decidimos ir antes a la oficina; otra en la que decidimos no ir de vacaciones para ahorrar; otra en la que nos gastamos el último céntimo para viajar y desconectar….

El acceso al portal dimensional era gratuito, si bien, antes había que solicitar su uso explicando bien para qué se requería el viaje. Sólo permanecían abiertos media hora al día; por su contaminación acústica y, sobre todo, por la cantidad de energía que necesitaban mediante un sistema que la obtenía a partir de la radiación electromagnética de dos estrellas relativamente cercanas.

Habían descubierto que tras un agujero negro existe uno blanco, que no es otra cosa que el otro lado de dicho agujero, donde se expulsa toda la materia que se ha tragado, generando incluso nuevos universos.

El yo cuántico de Cristina le propuso hacer un viaje a través de este vórtice. La mujer aceptó, sedienta de conocimiento y con un espíritu explorador a flor de piel.

Entraron. Todo negro, ni siquiera la luz podía escapar de allí. Pasados unos segundos Cristina, sin moverse, transitó por varios lugares, siendo testigo en cada uno de ellos de todas sus vidas pasadas.

¿Quieres ver tu futuro en la realidad de la que vienes? Hemos descubierto que el tiempo no es lineal. Si estás preparada podemos hacerlo.

Cristina pensó sobre esa posibilidad. Quería y no quería al mismo tiempo.

Preferiría verme en otra realidad paralela.

Está bien, buena opción.

Pudo verse en un lugar con recursos deficientes, prácticamente vagabunda. También se vio en una gran mansión con vistas al mar, tomando el sol saboreando un daikiri de fresa. Cuando se vio en nueve realidades diferentes dijo: 

¡Basta! Quiero parar.

Todo se volvió negro de nuevo.

Tranquila. ¿Dónde quieres ir?

A casa, quiero ir a casa. No quiero saber tanto. Paso a paso. Duele saber demasiado.

¿Quieres olvidarte de todo? Sabes que podemos hacerlo. Todo esto será un dulce sueño.

No lo sé. Creo que no, quiero saber que todo ha sido real, y también tener la certeza de  esto parará, no volverá a suceder por mucho que yo quisiera repetir. Quiero seguir mi vida igual que antes de contactar contigo, he aprendido que en la realidad en la que te encontré debo permanecer así. O me desbordaré por acelerar demasiado; no estoy preparada para tanto.

Te entiendo. Me ha encantado conocerme en tu realidad.

A mí también. Me encanta esta versión de mí en tu mundo.

De repente el bosque. El yo cuántico de Cristina cerca de un árbol. Se miraron. El yo superior saludó con la mano y dio un paso para colocarse tras la encina centenaria. Cristina sonrió. Siguió su camino; su vida; su realidad.

Alba  Oliva

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