Alba  Oliva   

Alba Oliva, nace en Córdoba el 13 de mayo de 1980.


Tras finalizar sus estudios de Bellas Artes en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos Mateo Inurria (Córdoba) en el año 1998, la autora adquiere la Diplomatura en Educación Primaria así como en Educación Musical por la U.C.O. (Universidad de Córdoba, 2001). Ingresa en el Cuerpo Nacional de Policía en el año 2005 movida por una fuerte vocación, sin dejar de lado todas sus inquietudes artísticas. Es autora de la novela "El color del ritmo" (Editorial Amarante, 2018). Así mismo, ha publicado más de veinte relatos en una revista cultural con difusión en Estados Unidos, buena parte de Lationamérica y Europa.
 

Ha compaginado su profesión como agente de policía con el mundo artístico, exponiendo sus colecciones de pinturas al óleo sobre lienzo en diferentes salas, proyectando sus cortometrajes (para los que compuso su música) y, sobre todo, desarrollando la creatividad literaria.

ASTRONAUTA PERDIDO. PARTE 2

…Sólo le quedaba algo de oxígeno en el traje. Pronto comenzó a inspirar su propio dióxido de carbono, cayendo en una rápida sensación de mareo que en breve lapso de tiempo se convertiría en un irremediable desmayo, un profundo sueño que le llevaría a la muerte. Y todo ello perdido en la inmensidad del espacio, lejos ya de la Estación Espacial Internacional. 

Aquella luz aproximándose a él. ¿Un sueño fruto del inminente desvanecimiento? La luz emanaba de una estructura metálica brillante, muy pulida. Duncan diría que incluso las estrellas podían reflejarse en aquella nave espacial, adquiriendo un efecto casi transparente.

Despertó en su interior. Estaba dotada de un sistema de gravedad: la sensación al incorporarse fue igual que si estuviera en la Tierra. La habitación estaba muy iluminada por una luz azul oscura; era tenue pero se distinguían bien todos los objetos. Allí el color blanco se empleaba para todo: para los muebles, de estilo minimalista; las paredes, de un material que no podía distinguir; para las sábanas, con textura similar al plástico pero con mucho más peso…

Dio algunos pasos por aquella estancia, estaba totalmente recuperado; su vitalidad era pasmosa, jamás se sintió tan enérgico. Intentó abrir la puerta. Fue en vano.

—¿Hay alguien ahí fuera?
Duncan obtuvo respuesta de inmediato, a través de una nítida megafonía:
—Hola Duncan. Te hemos dejado descansar. Bienvenido.
—¿Bienvenido a dónde? ¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois?
—Tranquilo, nos presentaremos en breve, estamos llegando a tu habitación.

Duncan sintió temor. Unos seres que hablaban su idioma se acercaban a él. No le gustaba aquella sensación de pavor. Se irguió para autoabastecerse de una cierta dignidad ante lo que estaba seguro sería un episodio terrorífico, tal vez el más dantesco de su vida.

—Deben tener algún tipo de traductor o algo para poder comunicarse conmigo. ¿Qué aspecto tendrán?

La puerta se abrió sin emitir sonido alguno. Estaban ante él. Vestidos de ceñidos trajes enterizos que cubrían sus cuerpos por completo. Eran altos, todos más altos que él. Eran personas, hombres y mujeres de la Tierra.

Un mujer joven se acercó al astronauta —que estaba paralizado y boquiabierto—, se detuvo ante él y le puso la mano en el hombro.

—Soy tu tataranieta elevado a treinta generaciones más, por expresarlo de alguna manera. Somos humanos como tú, aunque hayamos cambiado un poco, la evolución tiene esos caprichos: menos pelo, más altos, pestañas más largas. Somos del cuarto milenio. Todo ha cambiado tanto allá abajo.

—Allá abajo —fue capaz de balbucear—. ¿Estamos orbitando la tierra?

     —Efectivamente Duncan.
     —¿He viajado en el tiempo, estoy muerto?
    —Ni una cosa ni otra. Nosotros hemos viajado en el tiempo, para salvarte. Hace más de mil años te perdiste en el espacio. Cuando por fin encontramos la fuente de energía necesaria para llevar a cabo viajes en el tiempo decidimos viajar al momento en el que tu clave se soltó, dejándote a la deriva.

     —¿Por qué emplear tanta  energía en viajar al pasado para salvarme?
    —Porque también hemos viajado al futuro, y sabemos que algo muy importante hubiera sido diferente si no te hubieses perdido y muerto en el espacio. Aunque, claro está, este viaje no ha borrado el hecho de que estés muerto; ha abierto una realidad paralela. En la otra realidad estás en el más allá, en esta realidad en la que te hemos salvado  tu cuerpo ha sobrevivido. Podemos interactuar con las otras realidades paralelas, hay tantas, algunas realmente interesantes.
     —¿Qué es lo que hubiera sido diferente si me hubiese salvado?
    —Algo muy beneficioso para las personas, quizás también para los animales y plantas de las tierras. Sí las tierras, hay otra Tierra. Por fin descubrimos un exoplaneta habitable. Ya hay personas viviendo allí.

Aquella mujer de gran altura y tez blanca le propuso aterrizar con toda la tripulación para explicarle bien todo lo que hubiese mejorado la vida en la Tierra si él no hubiera muerto.

Cuando Duncan Smith vio su planeta dijo en voz alta que aquello era un sueño, que no podía ser real. Pero sabía que era real. Quedó enormemente impresionado con aquello que vio…

LOS QUE MIRAN LAS ESTRELAS

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Sinopsis

“Los que miran las estrellas” es un thriller policial donde acontecen varios casos basados en hechos reales, siendo uno de ellos la columna vertebral de gran parte de la novela. La trama se mueve en una historia coral en la que seis personajes principales sólo tienen en común un gesto: mirar las estrellas en momentos de consternación. La autora compara la conexión paulatina o repentina de los personajes con la forma en que los astros, nebulosas y otros objetos del cosmos interactúan entre sí, empujados prácticamente por las mismas leyes.
 

El más allá, con la narración de varias experiencias cercanas a la muerte, será una constante a lo largo de toda la novela, con toda la amalgama de giros que ello conlleva.

Alba  Oliva

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