Lucio Ramón

Lucio Ramón.


Nacido en Buenos Aires y residente en Madrid desde 1970. Con la formación de Perito mercantil en Argentina, y estudios de música, vino a España y creó y trabajó en una pequeña empresa constructora. Actualmente se dedica a sus aficiones que son la lectura de la Historia de España y sus monumentos y personajes, la escritura sobre esos temas. Tocar el piano y ver películas y comentar en varias páginas de Facebook. Tiene un blog sobre Historia de España y en general y otro como Lucio Ramón. Administra en Facebook la página Un poco de la Historia de España y un grupo llamado Catedrales, Castillos, Monasterios e historia de España.

UNA MUJER EN MOSCÚ

La mujer pasaba de los 50 años, una persona decidida con una instrucción muy básica. El marido ya no estaba y de su Argentina natal se había marchado hacía ya unos siete u ocho años. Trabajaba y vivía sola en Barcelona. En fin, que su vida no había sido fácil. Su único hijo vivía en otra ciudad y tampoco la llamaba mucho que digamos. Pero ella tenía sueños, inalcanzables, pero esos sueños le permitían vivir y tener ilusión. El amor... una quimera. La familia, no existía. Sólo quedaban los recuerdos y los sueños. Uno de ellos había sido que su hijo hubiese sido un gran pianista. 

Pero para eso hacen falta muchas cosas, la primera talento. Entonces había cambiado el viejo deseo por el de simplemente algún día visitar la casa de Chopin en Polonia.

Para una mujer del norte argentino, sola, casi sin dinero, era algo fuera de su alcance. 

Pero la vida da muchas vueltas y Barcelona no estaba tan lejos de Polonia al fin y al cabo. 

Como pudo compró un billete para un viaje de esos organizados, que se pagaba en cuotas, y que iba por varios países del este europeo. Se visitaba entre otros lugares, Moscú y en Polonia, Żelazowa Wola, una aldea cercana a Varsovia que fue donde nació el gran músico.  

Estaban ya en Moscú. Y si de algo saben en Rusia, además del ajedrez, es de música. 

Y el hotel daba las cenas amenizadas con orquesta que interpretaba piezas de Tchaycovsky y Rachmaninov. Un lujo para los oídos. El salón era grande, muy bien decorado, algo antiguo, pero con un encanto que te llevaba a pensar en los grandes salones de la Rusia Imperial, al menos como en las películas. 

El maitre se acercó a la mesa y sabiendo de antemano que el grupo de personas venía de Barcelona, colocó en el centro una pequeña peana con la bandera de España, cosa que hacía en casi todas las mesas con los comensales de los países respectivos. 

Todos agradecieron el detalle de buen gusto. 

La señora en cuestión, con decisión y con cierta humildad, le indicó que ella esta encantada en Barcelona, pero que era Argentina, y si fuera posible que pusiera también una bandera de ese país. El maitre en un perfecto castellano asintió y dijo que había en otra zona del enorme salón, un grupo en que alguna persona también era argentina. 

Poco rato después un camarero depositó la peana con la bandera argentina, lo que agradeció la mujer encantada. 

La cena era exquisita y la presentación de muy buen gusto. Todo era una delicia.

Inesperadamente la orquesta dejó de interpretar uno de los valses de Tchaycovsky, y después de un momento de silencio comenzaron a sonar unos acordes familiares para la señora. Un tango, se trataba de un tango, de “La Cumparsita”, ¡cómo no!
Estaba claro que estaba dedicado a los argentinos que se encontraban en la sala, pero seguramente a ella en concreto. 

Ya no podía comer. Ya no podía mirar a sus amigos. Le verían sus ojos húmedos por una emoción que solo la siente aquel que está lejos de su tierra, y que de improviso recibe un choque emocional así. 

Sin darse cuenta había bajado la cabeza un poco, para que no la vean emocionada, pero alguien le tomó de la mano delicadamente. Un hombre que comprendía la situación perfectamente. Señora, nada me haría más feliz ahora mismo, aquí en Moscú, que poder bailar este tango con usted, si me lo permite. 

Alzó la mirada y era un señor de avanzada edad, por su acento también era argentino. La pregunta no esperaba respuesta. Como experimentado caballero supo llevar a la mujer casi sin que se diera cuenta a la pista de baile y allí, ambos se confundieron en un sentimiento que solo la música es capaz de conseguir. Los recuerdos, la magia del momento, el ritmo sensual..........................................

En fin... la verdad es que no se si ocurrió exactamente así, pero es más o menos como me lo contaste mamá. Este es el recuerdo que me brota, ahora que no ya estás, pero te siento, sobre todo hoy..

“Si supieras
que aún dentro de mi alma,
conservo aquél cariño,
que tuve para vos.
Quién sabe si supieras, 
que nunca te he olvidado, 
y volviendo a aquel pasado
te acordarás de mí”

Lucio Ramón

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