Lucio Ramón

Lucio Ramón.


Nacido en Buenos Aires y residente en Madrid desde 1970. Con la formación de Perito mercantil en Argentina, y estudios de música, vino a España y creó y trabajó en una pequeña empresa constructora. Actualmente se dedica a sus aficiones que son la lectura de la Historia de España y sus monumentos y personajes, la escritura sobre esos temas. Tocar el piano y ver películas y comentar en varias páginas de Facebook. Tiene un blog sobre Historia de España y en general y otro como Lucio Ramón. Administra en Facebook la página Un poco de la Historia de España y un grupo llamado Catedrales, Castillos, Monasterios e historia de España.

LAS LAGRIMAS DEL REY BOABDIL

El rey chico, como era conocido Boabdil, dejaba para siempre a su amada, Morayna, su esposa, que le había dado dos hijos y que había sufrido junto a él por el asedio de la ciudad por los Reyes Católicos, en Mondújar, un pueblo de Granada.  

El monarca había luchado nueve años y permanecieron juntos los esposos con el sufrimiento de tener secuestrados por los reyes cristianos a sus hijos. 

En 1492, cuando Boabdil se rindió, ellos pensaron que les serían devueltos . 
Los cristianos no entregaron a los niños, por precaución, aunque algunos nobles intercedieron ante los monarcas. Finalmente, después de un año devolvieron al hijo menor. El mayor había muerto años atrás. Ahmed vio a su madre, enferma y postrada, pero ni la reconoció. El marido trato de calmar a su esposa explicándole que había sido educados en la fe católica y ese mismo desdén lo había tenido con él. Pero la pena de  Morayna solo la pudo soportar tres días, y al fin falleció sin el cariño de su hijo.

Se prepararon las honras fúnebres según la tradición musulmana y con la categoría que merecía la reina de las Alpujarras. 

Cuando terminaron las exequias, fueron todos hacia el cementerio, donde a la entrada estarían Munkar y Nankir, los responsables de juzgar la vida llevada por los fallecidos. Se depositó el cuerpo en la tumba, mirando a la Meca. Terminado esto la comitiva marchó a dar el pésame a Boabdil y al resto de la familia. 

El rey Nazarí había llorado la pérdida de Granada y ya solo pensaba ahora en marchar a África pero guardó la compostura.

Poco tiempo después, cuando se echó a navegar, sin mirar hacia tierra, dobló la rodilla hundido por la tristeza, sin reino ni reina y profundamente abatido. Buscó algo donde asirse para no caer, hasta que una mano infantil rozó el cuerpo de Boabdil.

Se volvió y en los ojos de su hijo encontró el brillo de los ojos de su amada.

Lucio Ramón

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