Óscar Cerezo

Óscar Cerezo nació en Madrid un verano de 1978, aunque el destino decidió que su estación favorita fuese otoño. Creador incansable, es el autor de Hacer el amor con palabras, con cuatro ediciones que avalan su éxito, y su actual trabajo El Mercader de Sentimientos, donde muestra una versión madura en su forma de escribir, con un estilo propio. Óscar Cerezo compagina su profesión de Policía y la responsabilidad como padre con su sentimental arte literario, donde como siempre se muestra a corazón abierto.

-El último poema de amor-

Se acabaron los poemas de amor, pues contigo nacieron y hoy mueren. Mi Diosa, mi Señora, mi Reina; todo, y ahora, nada. La nada más absoluta, mi desidia completa y no existe ni un fragmento robado a los recuerdos que sea capaz de escribir. Es tu cordial educación aséptica la que me cubre de insignificancia, esa frialdad con lo que todo lo tratas y pese a la amistad no queda ni un cómo te encuentras, ni un beso de despedida.


     Te amo. Te amo y se que no seré capaz de olvidarte, pues cada segundo me lleva a ti, a un pensamiento, a esta cama, a la vida que hacías estallar en mí y toca barrer los pedazos de este puzzle roto. Me dijiste que no me enamorase de ti y ahora entiendo por qué, pues mi pecho ha quedado yermo y congelado por tu esencia de diciembre. Un copo de hielo que cubre de muerte las ganas de buscar algo que no seas tu, tu cuerpo, tu deseo y tu pasión. Mi sueño cumplido, el mayor de mis triunfos, algo imposible de igualar y es que mi alma llora la confusión, el orgullo y un tiempo que jamás regresará. Decisiones que tomamos demasiado rápido.


     No duele el amor, duele el saber que nunca más lo volveré a tener. Una saludo condenado a la extinción más absoluta pese a llevarte sentada sobre cada latido, ahí arriba, donde siempre estuviste, donde siempre te respeté; donde siempre estarás. 


     Cuantos recuerdos, cuantas cartas y cada poema surgía de las palabras inmortales que trepaban por nuestros cuerpos sin ropa mientras hacíamos el amor y te convertías en mi hogar, perdido en tus besos, en tu rostro y tus curvas de mujer. Perdido en el calor de tu secreto del que aún recuerdo su sabor.


     Es tu fortaleza la que también hice mía y cuánto te admiré entre suspiros que me confirmaban la gran mujer que eres. Me lo diste todo y así lo sentí. El valor del que me rodeaste, tu tiempo y atención, tus ánimos y ese amor incondicional que igual que vino, se fue.


    Se acabaron los poemas de amor pues en mi no existe nada que poder contar, nada que querer imaginar, nada que al recordarlo no me llene de dolor, caigo de rodillas mirando el mural de lo vivido y sonrío. Que bonito fue todo. Que intenso y cuánto de eso rico hubo. 


    No busco ni necesito, pues aún me siento enamorado y eso me llena a pesar de no tenerte, aunque también hay momentos de oscuridad, y es ahí donde intento arrancarte a jirones y me doy cuenta que solo brota amor, un amor que no se seca, ni cicatriza, pues así quiero que sea. 
 

    Y así llegaron mis buenas noches mudas, los buenos días que nacen del silencio y vagan sin destino. Cuantas fotos, cuantos besos. Blanco y negro, te amo y adiós.

Óscar Cerezo

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