Óscar Cerezo

Óscar Cerezo nació en Madrid un verano de 1978, aunque el destino decidió que su estación favorita fuese otoño. Creador incansable, es el autor de Hacer el amor con palabras, con cuatro ediciones que avalan su éxito, y su actual trabajo El Mercader de Sentimientos, donde muestra una versión madura en su forma de escribir, con un estilo propio. Óscar Cerezo compagina su profesión de Policía y la responsabilidad como padre con su sentimental arte literario, donde como siempre se muestra a corazón abierto.

Plumas brillantes

Mariano baja todas las noches a pescar a la playa, repite el mismo ritual desde hace ocho años, desde antes de jubilarse y, tras lavar el plato de la cena en el fregadero, se pone el bañador, las cangrejeras, una camisa con bolsillo donde guardar el tabaco y su caja azul de pescador, tres cañas, un cubo y la red. 


    Cuando llega a la orilla apoya las manos en las caderas y observa la negrura, siempre lo hace, luego disfraza los anzuelos con plumas brillantes, lanza con fuerza el sedal y clava las cañas en la arena, las tres en fila, se enciende un cigarro y espera. Espera a que pase el tiempo, a que algún pez caiga en su trampa. Espera al señor que recorre la arena con su detector de metales y que saluda aunque no sabe su nombre. Espera a que las olas llenen sus oídos y cuenta las luces del horizonte. Espera a que el bullicio del puerto le indique que ha de marcharse sin nada que poder contar.


       Una noche cualquiera, después de poner el plato en el fregadero y disponerlo todo, vuele a la playa, aunque en esa ocasión no prepara los anzuelos, tan solo deja la caja azul y el cubo en la arena, se enciende un cigarro y observa los puntos de luz a lo lejos, intenta aprender como es el sonido de las olas. Huele a salitre, algas y tabaco. Se queda de pie durante horas, no recuerda a que fue allí, mira las cañas tumbadas entre las sombras y la red. Una pareja se esconde tras las hamacas, cuando terminan de gemir y se marchan, Mariano recoge todo y vuelve a casa.
 

        Durante un año Mariano sigue bajando a la playa, ya no recuerda porqué hace todo eso, pero le gusta la sensación de pisar la arena fría, de dejarse hundir con cada paso y sentir el miedo que da no saber donde termina el mar y comienza la noche, verse pequeño y solo si no fuese por las luces rojas y blancas que parpadean al fondo. Mariano no devuelve el saludo al hombre del detector de metales, no escucha el bullicio del puerto, tan solo se queda de pie, junto a la caja azul, las cañas y fuma echando el humo hacia arriba.


      El domingo antes de la noche más larga, Mariano está frente al armario abierto y observa el bañador doblado desde hace días y la caja azul, observa las plumas brillantes, los anzuelo y el cubo. A la derecha, junto a la red, están las cañas y las cangrejeras. Después de cenar, Mariano lava el plato, lo pone a escurrir y mira de nuevo el armario abierto, no recuerda para que son esas cañas, tampoco porqué son tres.

Óscar Cerezo

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