Óscar Cerezo

Óscar Cerezo

Óscar Cerezo nació en Madrid un verano de 1978, aunque el destino decidió que su estación favorita fuese otoño. Creador incansable, es el autor de Hacer el amor con palabras, con cuatro ediciones que avalan su éxito, y su actual trabajo El Mercader de Sentimientos, donde muestra una versión madura en su forma de escribir, con un estilo propio. Óscar Cerezo compagina su profesión de Policía y la responsabilidad como padre con su sentimental arte literario, donde como siempre se muestra a corazón abierto.

-La fiesta de la matanza-

Si fuese a su entierro recordaría la casa y la fiesta de la matanza. Recordaría el vino caliente y la música, las risas y lo recordaría a él borracho; cantando primero, enfadado después. Le recordaría buscando a mi madre con el látigo de trenzas para las mulas y gritando su nombre. Aurora. 


     Si fuese a su entierro recordaría a los hombres y como intentaban sujetarle, le recordaría a él empujando a la gente y quitándose la chaqueta, echando vaho por la boca, escupiendo insultos y llamando a mi madre por su nombre. Aurora.


    Si fuese a su entierro recordaría la carne asada y el olor del fuego, recordaría a mi madre salir corriendo por el patio de atrás, cruzar el río y subir al bosque. Volvería a escuchar a alguien gritar “¡corre Aurora, corre. Te va a matar”, y sentiría la mano de mi abuela y a mis hermanas temblando, descalzas, entre los árboles, entre el bosque y las piedras.


     Si fuese a su entierro recordaría que la casa de la madre de mi madre estaba arriba, en la montaña. Tendría que ver como mi padre había llegado antes que ella y le estaba esperando, sin chaqueta pero sin frío. Recordaría a mi madre caer de rodillas y pedir por favor. Recordaría como él levantaba el látigo de trenzas para las mulas. Como los gritos se mezclaban con los silbidos del cuero y las hojas manchadas. Muchas veces. Hasta que se caía entre las ramas. Mareado, y bajaba a la carretera con el látigo de trenzas en la mano.


     Si fuese a su entierro recordaría como nos acercamos a ella. Recordaría a mi madre encogida y temblando, con la ropa rota y la carne también. Los ojos cerrados, los labios abiertos, rojos, sin poder hablar. Recordaría los pies descalzos de mis hermanas, las voces de la gente y algunas mujeres gritando el nombre de mi madre. Aurora. Recordaría como la bajaron en brazos cruzando el río y el patio de atrás. Como decían que él estaba durmiendo, que ya no pasaba nada y el látigo de trenzas para las mulas manchado sobre la mesa.


     Si fuese a su entierro recordaría la casa y la fiesta de la matanza, a los hombres y el fuego. Si fuese a su entierro vería a mis hermanas y me fijaría en sus pies, recordaría aquel día en sus ojos y tendría que ver como lloran por él, como si en verdad no hubiese pasado nada. Si fuese a su entierro recordaría su mirada, sus manos y el bosque; el silbido del látigo y dolor de mi madre. Aurora.

Óscar Cerezo

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