Natacha  G. Mendoza

Amante del arte y la literatura. Reside en Canarias, donde encuentra la inspiración para escribir.

"Imagen de Annie Murphy"

PALABRAS

Renuncié a las palabras hace tiempo. Siempre me apresuraba a decir todas las cosas que tenía en la cabeza, utilizarlas sin ningún tipo de mesura. De niña me mandaban a callar constantemente, según los adultos, decía muchas estupideces. En cambio, mi abuelo, no. Él entendía ese idioma acelerado, esa necesidad de deshacerme de las palabras que invadían mi pequeño cuerpo. Él escuchaba con atención cada cosa que decía, cada inflexión de aquella voz tan diminuta. Su silencio, era, un auténtico enigma para mí. Le tenía miedo, y quizá más hablaba, era una forma de defenderme de aquel monstruo encerrado en el abuelo. Comencé a entender que ese silencio, eran sus palabras, las había dominado, había creado un lenguaje distinto. Fui madurando en la forma de expresarme, de su mano, aprendí a callar cuando más tenía que decir. Creé un lugar donde guarecer las ansias, esas explosiones tan dolorosas donde las palabras caían arrasándolo todo. Ahora, duermen plácidamente en algún hueco que he reducido, un sitio, quizá el alma, no sé, pero están detenidas, son muchas y están tan devastadas. En cambio, en el silencio cobran una vida intensa, me envuelven, necesitan esa paz para abrirse, estirar sus significados, a veces, obsoletos, otros absurdos, pero alegres; se unen formando ideas, voces, lugares a donde ir cuando el mundo se estropea. Hacen mares, islas desiertas, hacen bosques con árboles únicos y cielos llenos de idiomas que descifrar. He logrado una paz tangible, puedo abrazarme a ella cada día, todas las noches hasta que tú… aparezcas.
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Natacha  G. Mendoza

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