Xavier Eguiguren

Xavier  Eguiguren, nace en Clemont Ferrand (Francia), en el año 1969, hijo de emigrantes españoles. En 1978, regresa a España, concretamente a la castellana ciudad de Valladolid, lugar en el que reside hasta el año 1989, momento en que ingresa en el Cuerpo de la Guardia Civil.

Destaca el primer destino, en Barcelona, seguido de lugares tales como Eibar, y Unidad Antiterrorista en San Sebastián (Guipúzcoa), estas últimas ubicaciones de una hostilidad absoluta e inmersas cronológicamente en una etapa sanguinaria de la banda terrorista ETA. Reseñar entre sus destinos otros puntos conflictivos como la Ría de Arosa (A Coruña), Madrid, etc…

Durante su permanencia en Asturias como agente de la Guardia Civil, se ha ocupado durante cinco años de la protección de las víctimas  de  violencia  de  género.

Activista contra la violencia de género y el acoso escolar, publica artículos referidos a casos reales de violencia, en revistas tales como, “Letras de Parnaso —Cartagena, Mandrágora—Chile, y en la página oficial de la UNEE (Unión Nacional de Escritores de España).

Ha participado como colaborador en la radio RTPA, en espacio “Ni una menos con Xavier Eguiguren”, movilizando y concienciando contra la violencia sobre la mujer y los niños, a manos de sus parejas o esposos las primeras, y los últimos en ocasiones asesinados por sus padres.

Autor de los textos sobre la violencia de género, integrados en el título “162 huérfanos”, trabajo con el que participa en el libro “Algo que decir”, del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia.

Actualmente reside en la ciudad de Oviedo. Cursa estudios  de Historia del Arte en  la  Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Publica su primera obra literaria en el 2016, cuyo título es “Infierno, cielo, y en la tierra un traje verde”. Aborda pequeños retales de la vida de un agente de la Benemérita y su síndrome del norte.

Integrado en un proyecto de nombre Educando en Justicia Igualitaria en Asturias, realiza ponencias en diferentes centros escolares sobre violencia de género. Forma parte de la entidad Escritores pro Derechos Humanos del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, es delegado en Asturias.

Colabora con otras publicaciones, diferentes géneros, viajes, caminos de Santiago, terrorismo, en las revistas, Enki, El Monárquico, Liter Nauta, La Alcazaba y en Atlántica XXII. Cooperante, columnista en el diario de Asturias, La Nueva España.

Publica su segundo trabajo literario con fecha febrero de 2018, “730000 pasos sobre los caminos de Santiago”, consigna un entrelazado de pensamientos, paisajes, mitos, leyendas y reseñas históricas, que el propio autor y peregrino encuentra en los caminos de Santiago, primitivo y portugués.

Inmerso en la publicación de un libro infantil de nombre “Cuenta mis dibujos papá”, este trabajo se expondrá en el mes de septiembre actual, en un encuentro internacional de escritores en la ciudad de París.

El agua que susurra

Las cuatrocientas sesenta mil necesidades del ser, se apilan como piedras en los cajones más escondidos de la psique. Los pasos que pesan, son el antídoto para el afligido. El continuo caminar reduce las exigencias del peregrino, cada pisada en el camino hace más fácil y liviana la propia vida

Apoyar los pies en el suelo y verificar que no duelen demasiado, es como nacer de nuevo cada mañana, alegría que siente el caminante. El entusiasmo desborda la mochila, esta última ocupada con poco más que aire para que no pese mucho.

La quinta etapa del camino primitivo de Santiago, empieza en Berducedo y concluye en Grandas de Salime. La niebla y el rocío de la mañana son compañeros embutidos en sus pensamientos. Bruma y humedad cálida que como el viajero, ya sea peregrino, romero o palmero, se desprende de su peso. Alba construida con pequeñas gotas de agua fresca que quedan detenidas en mi viaje sobre la ropa que me cubre.

Silencio que me habla desde mi yo exterior al interior, esa segunda voz de hombre equilibrado que pregunta, ¿por qué no hay pájaros en el bosque?

Sueños febriles, alucinantes secuencias proyectadas en el ecran tridimensional de la mente, testigos de la destrucción del paisaje, llorar en silencio un cúmulo de árboles tristes, muertos, carbonizados por el fuego.

No veo a las “Xanas”, ni los “Trasgos”, ya no están las ninfas de los manantiales, no han querido quedarse para enseñarnos el camino, sólo han dejado los mojones y sus conchas, es una gran pena.

Las aguas, retenidas en el embalse tras los muros de hormigón, susurran al paso de nuestras piernas ya cansadas del camino. Puedo escuchar sollozos y entender remordimientos, al tiempo que ver el líquido golpear contra las paredes, culpándose por no haber podido mezclarse con el fuego y apagarlo, este último lo ha devorado todo a su paso.

Los moradores del bosque volverán con cada peregrino que por ese lugar se adentre. Una leyenda que queda impresa en el aire. Las siluetas heridas se curarán, pero siempre serán testigo de la destrucción de ese día de peregrinación.

Ya queda poco para llegar al destino, el último lugar del camino de Santiago en Asturias, Grandas de Salime.

Lágrimas de destrucción.

Xavier Eguiguren

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