Natacha  G. Mendoza

Amante del arte y la literatura. Reside en Canarias, donde encuentra la inspiración para escribir.

Fotografía de Daniel Artos Faza

LUTO

Hace meses que no llueve. El aire está seco, insoportable. Se han marchitado aquellas flores amarillas del jardín, las que parecían Margaritas. Ella, lo cuidaba, podía estar horas en ese trozo de tierra, sacando colores por todas partes. No sé cómo lo hacía, pero me fascinaba mirarla a través del ventanal. Por eso quise esparcir sus cenizas en esa parte de la casa. Pensé que sus plantas estarían felices, que aguantarían más. Lo intenté, soy un patoso con la jardinería, me he leído manuales, hasta he visto programas de televisión. Pero está claro que esos trozos de vida eligen, y ya tenían su decisión tomada hace tiempo. Encima la lluvia ha desaparecido, yo me olvido de regar, todo se conjuga para el fracaso. Supongo que los lutos son así, extensos, silenciosos, pero selectivos, porque, su voz, no desaparece. María sigue hablando conmigo, la escucho en la cocina, en el baño, hasta puedo oír su risa. Nuestro perro la siente. Lo sé porque se pone alerta, con las orejas firmes, y mira a través del aire con una fuerza brutal. A veces lo veo sonreír, sí, sólo es un perro, pero sonríe. A lo mejor, mañana llueve, no pierdo la fe, hay flores que nacen después de secarse, son milagros diminutos, llenos de color. Quizá por eso paso tanto tiempo mirando a través de la cristalera, al jardín, a la puerta de entrada, de repente puede abrirla el viento, golpearse bruscamente contra el silencio, y María entrar, sonriendo, como si la lluvia jamás hubiera muerto.

Natacha  G. Mendoza

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