Natacha  G. Mendoza

Amante del arte y la literatura. Reside en Canarias, donde encuentra la inspiración para escribir.

Pintura de Nicolas Martin

DISCURSO DEL OSO 

Habló y habló, pero sin sentido. Todas las palabras dichas, caían de su boca para estrellarse contra el suelo. Mientras escuchaba su discurso, me envolví en una manta, sentí el abrazo de un oso inmenso, era dulce conmigo. Nunca supe escucharle, ese fue mi error. Sé que aquella tarde, todo lo que intentó decirme era importante. Su cara tenía un gesto diferente, fruncía el seño, se tocaba repetidas veces la barba. Y yo tan envuelta en aquel animal, tan diminuta ante esa lluvia incontrolada de letras que, desordenadas, rodaban por las cosas de la sala. Una "m" estuvo casi media hora, colgando de la mesita de café. No pude salvarla, su nefasto destino fue la ventana, y ese viento que azotaba toda la ciudad. Me gusta que las ventanas estén abiertas durante el día, necesito respirar todo lo que entra, no sé, "m" voló desamparada, y tropezó varias veces con la cortina, creo que hubo un intento fallido de aferrarse. Y ahí fuera está todo su discurso, letra a letra, volando entre los coches, levantando faldas, golpeando los viejos árboles de Saint Germain. Hace rato que él se ha marchado, antes del portazo, me miró con ese gesto extraño, sus ojos por fin supieron decirme lo que tanto quise evitar.

Natacha  G. Mendoza

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