Ricardo Vacca-Rodriguez

Ricardo Vacca-Rodriguez, peruano, nacido en el Callao. Siguió estudios de Literatura y Psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú. Formó parte del Grupo Literario “Amauta” del Callao. Estudio arte dramático, e integró después el elenco de “Teatro los Grillos” y posteriormente el Grupo de Música folklórica Latinoamericana “MAKI” interpretando instrumentos de viento.

Tiene su obra literaria en ensayos, poesía, micro relatos y artículos dispersos en publicaciones en diversas en países como la Revista Zopilote (México), el “Llano Literario” (Venezuela), en el libro “Callao, pasado, presente y futuro”, Semanario Dominical del Diario “El Comercio”, Cuadernillos de poesía “Estandarte Poético” (Perú), Revista “La Tua Uggia” (“Tu Sombra”, en Roma-Italia). Es actualmente integrante del Grupo Literario “Letras sin Fronteras”.

Parte de su obra literaria esta publicada en su Revista Virtual <palabrasbrujas.blogspot.com>. Tiene publicaciones de relatos y poemas en el Medio de Difusión Cultural Hispanoamericano en España: <https://periodicoirreverentes.org>.

Tiene publicado el libro: “En los trenes también viaja la melancolía”, el cual consta de un corpus de 39 textos breves. De 100 páginas, el cual el propio autor autodenomina “Antipoemas”.  El escritor, profesor universitario e investigador Yorman Mejias, nos dice acerca del libro: “En los trenes también viaja la melancolía es el debut literario de Ricardo Vacca-Rodríguez, quien irrumpe en el escenario de las letras con ímpetu y osadía; a voz alzada expresa sus introspecciones y de inmediato retumban ecos nihilistas. Sus versos distendidos dan la impresión de que el autor mantiene un debate con su alter ego sobre temas filosóficos y triviales, sin menospreciar cualquier oportunidad para hacer críticas sociales y literarias.  Y aunque dice en su poema “Duda responsable de la palabra”, que “No escrib(e) para complacer a nadie”, parece que su obra trata de mostrar con belleza y sentimientos su apreciación de la realidad; de la misma forma arroja un manojo de preguntas y refutaciones al viento a ver si alguien se atreve a responder. A lo largo de la obra de Vacca-Rodríguez encontraremos la contraposición de ideas como medio de trasporte para sus argumentos. Es que el autor tiene la habilidad de construir imágenes al fusionar conceptos abstractos con situaciones cotidianas, por ejemplo: “Los lees y de ahora en adelante viajaré de polizón en una rendija de tu memoria. Los poetas son ángeles caídos que insisten en quebrar la realidad como un pájaro estrellándose contra la ventana. Mientras dedos invisibles cuelguen sus guantes en el horizonte azul, seguiré escribiendo”. 

Según María Eugenia Urrutia: “La estructura del texto antipoético es diferente a la de un poema tradicional, el cual se construye como unidad que tiene autonomía en sí misma, especialmente en el poema vanguardista, y con algunas referencias a elementos extratextuales, aspecto que aparece relevante en la poesía romántica o de tipo tradicional. En oposición a esta estructura, el antipoema rompe con la inmanencia y la autosuficiencia del texto haciéndose partícipe de un modelo textual o referencial del cual depende en su estructura, y del cual se nutre, tanto en su aspecto formal como en los contenidos y valores que este modelo presenta”, teniendo esto en cuenta vale destacar que el autor califica a “En los trenes también viaja la melancolía” como una colección de “Antipoemas”, mostrando de antemano sus ansias de hacer algo diferente. La poesía de Ricardo Vacca-Rodríguez es una dama irreverente, pero nostálgica; es fuerza y sutileza; es un farol rojo en la noche más oscura.  

En los trenes también viaja la melancolía”, de Ricardo Vacca-Rodríguez

La literatura es un territorio que siempre ofrece nuevas posibilidades cuando un autor aguza sus sentidos y decide desafiarse a sí mismo en la búsqueda de una voz que le permita expresar sus sentimientos, pensamientos, sensaciones e ideas de un modo único.

Pese a la referencia melancólica en el título, el primer libro de anti-poemas de Ricardo Vacca-Rodríguez es un motivo para celebrar. Formado profesionalmente en el campo de las humanidades, su estilo va mostrando el aprendizaje y la aplicación de otras disciplinas en favor de su trabajo como poeta y narrador.

Innovador, audaz e iconoclasta irrumpe en el panorama literario sin pedir permiso, alterando el orden establecido, cuestionando lo comúnmente aceptado en los discursos académicos. No se resigna ni se conforma, no se limita sino que busca ángulos nuevos a palabras, frases y expresiones ampliamente manidas. Se atreve a ensayar, experimentar y probar, combatiendo lo tradicional, soltando desaforada la imaginación, combinando vocablos poco frecuentados en el ámbito poético.

Desde el inicio deja muy claramente definida su actitud hacia la literatura. Viaja en sentido contrario a lo que habitualmente se espera de un escritor que explora el mundo de la poesía. Descarta cualquier posibilidad de sumisión a los formatos convencionales.

Sus imágenes destrozan los eufemismos y sus metáforas, alejadas completamente de la idiotez lírica que abunda en el universo de los textos románticos, brillan con sabor a calle. La sensualidad de su vena transgresora, que abre la puerta de los dormitorios y devela los secretos de los amantes, tiene reservado un espacio preponderante.

A lo largo de las 97 páginas del libro el lector puede viajar por parajes tan disímiles como el desierto de Sullana en el norte peruano y pasear por las bullociosas calles de Manhattan en Nueva York; tras descender de las mágicas y majestuosas entrañas de Machu Picchu es invitado a recorrer una variedad de estaciones surrealistas, armadas con un juego de palabras que lo toma por sorpresa.

Vacca-Rodríguez no desperdicia la oportunidad de rendir homenaje a quienes luchan por eliminar, o al menos acortar, las desigualdades sociales y de exaltar el poder curador de la música así como el valor de los cálidos recuerdos familiares. Con su prosa poética, influenciada por algunos de los grandes revolucionarios de la literatura hispanoamericana, confirma que para lograr efectos contundentes no es necesario adornarse ni forzarse; más bien es imprescindible saltar, trepar los muros y volar.

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