La búsqueda de Jade por la Dra. Nuria Lorite Ayán©

El árbol que no deja ver el bosque

En mi familia somos mucho de refranes. A veces, nos damos cuenta de que todas las conversaciones incluyen más de uno e incluso jugamos a mantener conversaciones a base de refranes. Te invito a realizar este juego con los refranes típicos en tu lugar y observarás que existe un refrán para cada situación. Esto nos lleva a proponernos que no deberíamos de fiarnos mucho de ellos, pues la sabiduría popular viste de certeza los distintos posibles resultados de una misma situación, ampara o justifica (casi) cualquier hecho posible. 

Ejemplo de titular ficticio: 

«El hijo del famoso ladrón de bancos Fulanito de Tal ha sido detenido tras un atraco a una pequeña gasolinera».

Comentarios de dos personas tras leerlo: 

– «Lógico, si es que no se puede cambiar, ya se sabe: de tal palo, tal astilla. Es lo que se dice siempre: no se pueden pedir peras al olmo. Y el padre... sigue igual, lo que te digo: las personas no cambian». 

– «Toda la razón, de donde no hay no se puede sacar. Pero, ¿sabes?, el hijo menor de Fulanito de Tal, dejó la tradición familiar, hace años es empresario, paga muy bien a sus empleados, y de robar, nada de nada.

– «Lógico, si es que ya se sabe... siempre hay una oveja negra en la familia. Aunque, rectificar es de sabios y, claro como en casa de herrero, cuchillo de palo, el pequeño no habrá aprendido bien el arte de robar a los bancos, que además tiene su mérito, ¡fíjate el padre y el hijo mayor!».

– «Toda la razón, el que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón. El otro, el empresario, el pobre... trabajando nadie se ha hecho rico.
Ríen los dos mientras dicen: «Calla, calla, que en boca cerrada no entran moscas y las paredes oyen».

El árbol no te deja ver el bosque

Parece que el famoso refrán «el árbol no te deja ver el bosque» el cual nos sugiere que para analizar un problema es mejor separarse o alejarse de él con el fin de verlo en su dimensión real o al menos con mayor amplitud, es más acertado de lo que podemos pensar pues incluso es biológicamente aceptable. 

Esta noche surgía una preciosa luna llena. Inmensa. Hermosa y coincidente con un eclipse pues entraba en zona de penumbra, con lo que su luz se antojaba aún más misteriosa. Y como me ocurre en esos momentos en que me quedo pasmada ante la maravilla de la naturaleza, mi mente se queda aún más pasmada, los mecanismos fisiológicos me sobrepasan por su brillantez... y me transporto a la búsqueda del porqué. Temporalmente, el «cómo» me resulta más fascinante que la Luna en sí misma.

La Luna, por otro lado, ajena a mis observaciones y pensamientos, sigue ascendiendo y haciéndose más pequeña. 

¿Cómo es posible que salga tan enorme y se aleje tanto de la Tierra casi cuestión de segundos? Cuando amanece, ocurre igual al ver el Sol haciendo nacer el nuevo día. 

Pues no. La Luna no es más pequeña ni se aleja de la Tierra a medida que asciende. La Luna mantiene su tamaño y la distancia a nuestro planeta, incluso aunque nosotros nos moviéramos en la calle, los metros que nos podamos mover son una insignificancia comparado con la distancia del planeta hogar a nuestro satélite. Todo es igual, excepto la altura con respecto a la línea del horizonte. 

Entonces ¿por qué cambia de tamaño? Lo que ocurre es que el cerebro aprende a ver desde que nacemos. Es igual, que los asistentes virtuales basados en inteligencia artificial... sí te puedes reír. En este caso, el cerebro aprende según va viendo cosas, objetos, de distintas formas y tamaños, siguiendo distintos tipos de movimiento. Una parte importante del aprendizaje es que comparamos con lo que ya tenemos aprendido. 

Volviendo a nuestra luna llena saliendo en el horizonte: el cerebro recibe información visual, compara su tamaño con el tamaño de los objetos conocidos que están a su alrededor, calcula y crea en nuestro cerebro una imagen de la Luna «a escala». Por ello la vemos más grande cuando empieza a salir. Vemos lo que vemos, pero no es real. El cambio de tamaño de la Luna que se va produciendo a medida que ésta asciende en el cielo se produce porque estamos más acostumbrados a ver las estrellas muy pequeñitas y así, comparativamente, el cerebro crea una imagen de La Luna más grande cuando sale por el horizonte entre los grandes edificios en lontananza, y más pequeña cuando está ya sola en el cielo entre las pequeñísimas estrellas. 

Perspectiva

Así que, si tras leer esto tienes la sensación de que el cerebro nos hace ver lo que «él» cree ver... imagínate por qué es tan difícil coincidir en «puntos de vista» con otras personas en ciertos asuntos. 

En algunos aspectos, tenemos aprendida una opinión, ya que nos la «cargan» en el disco duro a base de noticias, comentarios, opiniones que emiten otros una y otra vez. Si no nos da por plantearnos si eso que nos ha cargado la sociedad, la familia, la escuela, las redes sociales, es válido o no para nosotros: ¡están pensando por nosotros! Mejor dicho, nosotros estamos pensando para «ellos». Aquí dejo abierta tu imaginación.

Si ya has dejado de imaginar y sigues leyendo, me gustaría comentar que cuantas más ángulos o perspectivas tengamos de un mismo hecho u objeto, tanto más «realista» podrá ser la imagen que vea nuestro cerebro y, por tanto, la imagen que pensamos que vemos nosotros, y nuestras decisiones si hubiera que tomarlas, serían decisiones mejor informadas. 

¿Te has dado cuenta de cómo se conforma el reconocimiento de tu huella dactilar al configurar el acceso a tu smartphone? A base de varias imágenes.

Sea lo que sea lo que estemos «viendo» o debatiendo, incluso si estamos en un grupo afín ideológicamente a nosotros, o con experiencias de vida semejantes, es bastante posible que cada cual tenga su opinión o matices diferentes. 

La parte positiva de esta situación es que estaremos ante la posibilidad de encontrar confluencias, soluciones variadas y abordajes creativos a un problema. Podemos encontrar ideas y planeamientos distintos que nos pueden enriquecer. Dejar la puerta abierta a la duda y formular las preguntas oportunas estando abiertos a respuestas inesperadas, es lo que nos abre nuevos caminos en todos los aspectos de la vida.

Viendo un objeto que se ha colocado delante de los ojos a tres personas, uno dice: «es un círculo». Otro responde: «es un rectángulo». Y sólo quien se aleja un poco y se mueve e intenta ampliar el campo de visión, se da cuenta de que los dos anteriores tienen razón, pero parcialmente, porque, en realidad, el objeto es un cilindro. Todo depende de la perspectiva.
Nadie les había dicho que no se pudieran mover antes de responder...

Vivimos en una sociedad plagada de información, opiniones, contrastar es muy muy difícil, manipular es bastante sencillo. Ante el día a día... perspectiva, amigos y amigas, perspectiva.

Y que el árbol no nos impida ver el bosque. Un bosque hermoso, vibrante, que está repleto de distintas especies que viven en un equilibrio dinámico. Antes de tomar decisiones, de sufrir innecesariamente... recuerda tomar perspectiva.

Mientras yo pensaba en palabras clave como conversar, dudar, preguntar, respetar, pensar, descubrir, defender, avanzar, imaginar... la luna llena ya está arriba en el cielo, majestuosa, brillante, mágica, poderosa, como siempre, y decido irme a dormir, aunque no sé si lo conseguiré.

Dra. Nuria Lorite Ayán
Directora y fundadora de Biloba, escuela y cuidado de salud. www.biloba.es      
Directora, presentadora del podcast y programa radiofónico La Vida Biloba 

www.lavidabiloba.com

nurialoriteayan@gmail.com

Dra. Nuria Lorite Ayán

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