Cuando lo ínfimo nos acecha

A lo largo de la historia de la humanidad, numerosas epidemias y pandemias han asolado la faz de la Tierra diezmando poblaciones y casi forzando al reinicio de estructuras sociales y culturales.

Tenemos más en la mente la época de la Edad Media de la que sabemos que el clima severo y frío supuso un terremoto contra la salud de los habitantes del mundo en aquellas épocas. Reinos enteros se veían menoscabados, ejércitos acabados, pueblos desolados y hambrunas.

Ahora que tenemos tan a mano la posibilidad de ver series históricas podemos observar cómo la búsqueda del remedio infalible para cualquier proceso febril era una tarea ardua y más de uno perdió la cabeza literalmente al no encontrarla.

En según qué épocas, las razones de los males desconocidos eran atribuidos a malos espíritus, demonios, energías negativas, lugares poseídos, incluso a la carga histórico y biológica que una familia pudiera arrastrar como consecuencia de los actos realizados por sus antecesores.

Buscar la salud a cualquier precio

La salud y el bienestar han sido siempre un tesoro valioso, máxime en tiempos en que la esperanza de vida era mucho más corta que ahora. No hace tanto que las familias tenían muchos hijos, y que, condicionantes religiosos al margen, la razón para tan largas progenies era la facilidad con la que los niños se morían en los primeros meses o años de vida.

Grandes problemas para los poderosos que a base de matrimonios concertados unían pueblos, tierras, sometimiento de los humildes y creaban males y defectos de generación en generación.

Buscar un remedio a cualquier precio ha creado historias de lo más curiosas, remedios y prácticas que ponen la piel de gallina y nos encogen el estómago. ¡Cuánta sangría innecesaria! Rituales, pagos por pócimas, viajes a lugares insólitos... La historia del cine y de la literatura nos ha llenado de estos viajes iniciáticos en busca del remedio mágico.

Ante una enfermedad infecciosa el pánico cunde porque no siempre se sabe cómo actuar. Pueblos antiguos nos dieron lecciones de prevención, con la costumbre de hervir el agua antes de beber como, por ejemplo, en China desde siglos y siglos atrás; o mantener una higiene mínima en las casas y en el entorno.

Se enseñaba a los antiguos galenos que cuando iban a visitar a un paciente había que utilizar todos los sentidos. Esto sigo enseñándolo a mis alumnos. Y entre esos sentidos: el olfato. Cuando el médico viene a casa, se suele recoger para dar buena imagen, incluso está esa costumbre de tener una muda limpia para ir al médico o para cuando venga el médico. El profesional recibe mucha más información de la observación, como digo, del entorno. Cuántas veces en la falta de higiene, hoy en día nos puede parecer exagerado, bien como digo, en la falta de higiene puede estar el origen de una enfermedad.

Vivimos en el siglo XXI y aún, y será por mucho tiempo, los seres más pequeños invadirán nuestro organismo y tendremos que aprender a hacerles frente. Virus y bacterias, hongos y parásitos que viajan a la velocidad del más rápido de los medios de transporte. Ahora están aquí, en unas horas en la otra parte del mundo.

Psicosis y miedo: ¿manipulación?

Los seguidores de las posibles conspiraciones proponen que algunas infecciones son manipulaciones creadas en laboratorio y soltadas en lugares concretos para conseguir fines ocultos, quizá económicos, quizá fronterizos... ¿Quién sabe?

Desde los años del SIDA mucho se ha escrito y hablado acerca de estas posibilidades de guerras biológicas, de formas de control de la sociedad y del curso de la historia a través de los seres más pequeños.

Sea conspiración o no, la cuestión es que están y nos pueden afectar, como de hecho, estamos viviendo. La alerta social generalizada, manipulada, crea un ambiente de psicosis y de miedo de tal envergadura que puede romper el estatus actual.

Yo por mi parte sea cual sea el origen, abogo por la prevención primero, antes de nada. Son muchos los microorganismos, entre ellos, virus que desconocemos. Más nos vale ser precavidos y poner de nuestra parte, con estilo de vida adecuado y, en mi experiencia, con complementos nutricionales adecuados para apoyar al sistema inmunológico, el sistema endocrino y nervioso. No en vano, estos tres sistemas, que denomino el sistema de control central, son los que pueden crear una detección del problema y una respuesta, o al menos, y no es poco, crear una situación de afección más benigna.

Se dice, pero ni caso.

«Rabia me da que escucharme no han», que diría Joda, pues no me suelen hacer mucho caso hasta que no ocurren eventos como el que vivimos recientemente con el coronavirus. Más de 30 años de mi vida en investigación y hablar de prevención suscita aún sonrisas y muy poco efecto. 

Tengo la desgraciada experiencia de que la inmensa mayoría de la gente, así dicho, en general, se cuida si le pagas. Si hay un buen producto que puede ayudar no lo adquieren, si hay una actividad a realizar o un estilo de alimentación, no lo hacen... a no ser que les pagues o recompenses de alguna forma. Demencial. Lo tengo más que comprobado. ¿Nos tienen que pagar para cuidarnos? ¿De quién es la salud?

Forjar las armas cuando se inicia el ataque es como empezar a cavar un pozo cuando se ha declarado el incendio.

Cuando el problema está, cuando el virus X o la enfermedad X llega, la respuesta de nuestro cuerpo–mente va a depender de cómo estemos generalmente, de si tenemos alguna afección previa, de si tomamos alguna medicación convencional, de nuestra edad y estilo de vida, etc. La prevención es una parte esencial. Desde muy joven he sido consciente de ello, he podido para bien y para mal, vislumbrar cambios de salud que iban a venir. Y han llegado, y no me resigno a vivir con esta situación de miedo y angustia que hace que, encima, por ignorancia dejemos de hacer ciertas cosas o de tratar a ciertas personas. 

La ignorancia es atrevida. Pero cuando tienes el conocimiento, cuando sabes que puedes hacer lo posible por prevenir y por tener una mejor respuesta ante la adversidad o ante las inclemencias microbiológicas, si no has prevenido, en fin, no es atrevimiento, es osadía, es una locura. Con la salud no se juega. Y con la conciencia, tampoco. Porque luego vienen las frustraciones y los arrepentimientos.

Dra. Nuria Lorite Ayán
Directora y fundadora de Biloba, escuela y cuidado de salud. www.biloba.es      
Directora, presentadora del podcast y programa radiofónico La Vida Biloba 

www.lavidabiloba.com

nurialoriteayan@gmail.com

Dra. Nuria Lorite Ayán

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